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  Lunes, 28 de noviembre de 2005 Actualizado a las 00:35
 

LA TELARAÑA
La épica

JUAN PLANAS BENNASSAR


Me entretienen estos tiempos de valores confusos y mixtificaciones fáciles en que vivimos. No resulta serio, pero sí divertido, emparentar la épica con la reciente salvación de Real Mallorca -producto, en realidad, del formidable empeño del Levante que no de los vacilantes méritos mallorquinistas- o las hazañas del apolíneo Rafael Nadal sobre las tierras batidas de Roland Garros.

La historia no es nueva; al contrario. Siempre hemos necesitado héroes con los que identificarnos. Antes lo fueron los guerreros, que llegaron a tener categoría de semidioses, y ahora lo son los deportistas, las estrellas de cine, algunos autores de best-sellers o los cantantes de éxito. Recuerdo que hasta los banqueros con gomina tuvieron su minuto de gloria. No es lo mismo, pero igual se le parece.

M

Estaba este domingo visionando un viejo concierto de Leonard Cohen. El público enarbolaba una pancarta con un lema estremecedor: Beautiful Losers (Bellos perdedores). Aquella alegría pertenecía a los años sesenta y a la sana costumbre de reivindicar las cosas pequeñas, íntimas, frente a la retórica de las grandes palabras. La victoria anónima del agobiante día a día.

Pero civilización e inocuidad parecen haberse aliado. Y no es mala cosa dejarse seducir por la curiosa épica de devolverse, con la peor mala leche posible, una pelotita por encima de una red. En los anfiteatros los vencedores agitaron sus banderas y los derrotados las dejaron a media asta. Luego, al finalizar el ritual, una especie de justa sobre las movedizas arenas del honor y la fuerza, unos y otros regresaron a sus casas, cenaron, hablaron con la familia, quizá leyeron algún libro y se acostaron tranquilamente en sus camas. La vida prosigue.

 
   
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