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  Domingo, 27 de noviembre de 2005 Actualizado a las 01:06
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS IES
El manual de Nacho Vidal

EDUARDO INDA


Nacho Vidal es al porno lo que Julio Iglesias a la canción: un españolito que ha triunfado por todo lo alto allende nuestras fronteras y, para más señas, en esa meca para todo que es Estados Unidos. El mérito de este barcelonés de Mataró no reside ni en el tamaño de su bondad, ni en el de su intelecto, sino en el de su pene. Veinticinco centímetros, 250 milímetros, 0,25 metros que le han permitido jubilar a su madre, construirse un casoplón a lo Borràs y comprarse unos cochazos de aquí te espero mientras repite cual lorito su pueril frase preferida: «No soy un pene con patas».

Nacho Vidal no es un hombre pobre pero cada vez hay más elementos para sospechar que sí es un pobre hombre. Las televisiones basura patrias, que es tanto como decir todas o casi todas, se lo rifan tentándole con enormes fajos de bin ladens -éste es el mote que les han endosado a los billetes de 500 euros porque, aunque todo el mundo habla de ellos, nadie los ha visto-. Nuestro tan tatuado como piercingneado embajador porno ha terminado convertido en un freakie de baja estofa del que se ríe todo hijo de vecino, eso sí, previo paso por caja. Debe ser cierto aquello de que las penas con pan son menos penas. Con todo, lo peor no es eso. Allá él si le pone quedar reducido a la condición de bufón de la corte. El dramón es que con fulanos como éste una cuestión tan importante, tan seria y a la vez tan bonita como es el sexo se frivoliza hasta la náusea. Y, luego, pasa lo que pasa.

Tres cuartos de lo mismo ha ocurrido con ese monumento al esperpento que es la Guía Sexual elaborada por el Ayuntamiento de Palma que dirige la muy católica, bastante apostólica y nada romana Catalina Cirer. Tres mil libretos «para personas de 15 a 35 años» que lejos de fomentar la por otra parte imprescindible educación sexual inducen a una incontenible, interminable y berlanguiana -de Berlanga- carcajada.

Ciertamente es misión imposible hacer tanto el ridículo en menos tiempo y en menos páginas. El incunable que el inefable concejal Rafael Durán presentó hace 13 días como si fuera el no va más en progresismo sería motivo más que suficiente para que rodase su cabeza y/o la de la alcaldesa... si esto no fuera Mallorca. Lo digo porque si la barcelonesa que preside el Consell sigue campando a sus anchas con todas las que ha hecho ¿cómo van a caer Rafaelito Durán o Catalina Cirer por un quítame allá esas pajas? O, quizá, es que la teoría de las responsabilidades políticas que tan cachondo ponía al PP en la España felipista de la corrupción y el crimen de Estado ha pasado a mejor vida.

¿Cómo se puede hablar de sexo responsable a un adolescente cuando, entre otras lindezas, le propones raparse al cero el vello de sus partes íntimas para aparentar una verga más grande? ¿Qué es eso de menospreciar a los obesos invitándoles a adelgazar «para que no tengan la sensación de que su entrepierna es pequeña»? ¿No les parece un insulto a la inteligencia aconsejar a chavales mirarse el colgajo de abajo arriba porque hacerlo en sentido contrario tiene «efectos visuales engañosos»? ¿Pero de qué van estos tíos? ¿Es que se han vuelto locos o qué?

Claro que la toma de hoy, que tienen a su disposición tres páginas más allá, tampoco es moco de pavo. La bautizada como Guía Durán insta a los jóvenes con medidas modelo Nacho Vidal «a sentirse orgullosos» de su colgajo en las duchas de gimnasios y demás vestuarios públicos. Del esperpento pasamos al surrealismo al contemplar cómo desgrana con minuciosa precisión los métodos que emplean los «pornostars [sic]» para «tener penes más largos y más grandes»: desde «el anillo en la base del miembro» hasta una «bomba de vacío» que duele sólo de pensar en ella pasando por el recurrente «afeitado de vello púbico». Subrayo lo de recurrente porque a los que han concebido este dislate lo del rasurado les debe gustar más que a un tonto un lápiz porque no paran de hablar de ello. El surrealismo se transforma sin solución de continuidad en dadaísmo con una clasificación de los jóvenes según su vitalidad sexual que es digna de una película del torrentiano Santiago Segura. El colmo del mal gusto se lo contaremos en la edición de mañana. No les daré ninguna pista, sólo un consejo: no lean el periódico a la hora del desayuno, de la comida o de la cena no vaya ser que les dé arcadas.

Toda esta historia parece una broma barata de bareto barato o una inocentada pero no lo es. El Ayuntamiento ha distribuido por toda Palma y encima con cargo a nuestros impuestos 3.000 ejemplares del que algún malévolo ya ha bautizado como el Kamasutra de Cort. Un breviario que va a conseguir el efecto diametralmente opuesto al que decía perseguir: que los jóvenes se tomen a coña el tema o que se acomplejen por el tamaño de su pene.

Pues eso, que esta esperpéntica parte de la Guía Durán, sustancial pero parte al fin y al cabo, ha convertido el todo en el cachondeo padre. Incluidas las recomendaciones serias que, haberlas, lo que se dice haberlas, haylas. Como aquéllas en las que se instruye sobre los métodos más seguros para regatear al desgraciadamente imparable virus del sida -¡¡¡5 millones!!! de infectados más en el último año-, para sortear otras enfermedades de transmisión sexual o para evitar embarazos indeseados. Vamos, que los árboles del disparate no nos van a dejar ver el bosque de la normalidad.

Estábamos en ésas cuando a eso de las seis y media de la tarde de ayer Catalina Cirer se mojó. La alcaldesa relativizó la descomunal metedura de pata con argumentos peregrinos y medias verdades cuando no con mentiras puras y duras. Argumentó, para empezar, que las guías no están dirigidas a jóvenes cuando tanto Rafael Durán como la ideóloga del invento, Llucia Caldés, manifestaron en rueda de prensa que «están pensadas para personas de 15 a 35 años». Así lo reflejaron todos los periódicos, todas las radios y todos los teletipos. La primera edil puntualizó que no se ha repartido a jóvenes. Otra falsedad más falsa que Judas porque tanto Durán como Caldés destacaron el día D que los manuales se repartirían en los casals joves y en la Xarxa Infojove. A más a más, Cirer añadió que lo único que se ha hecho es reflejar las preguntas más comunes que hacen los usuarios del programa Sexoconsulta. ¿Editarán una enciclopedia similar si alguien se interesa por la zoofilia, el sadomasoquismo o, yéndonos al ejemplo más extremo, por la pederastia?, apunto, inocente de mí. La alcaldesa quería desfacer el entuerto y lo lió aún más al avanzar que este libro de texto «es una herramienta para los educadores». ¡Cómo! ¿Significa eso que los educadores van a enseñar estas patochadas a sus alumnos?

Nuestra alcaldesa ha matado literalmente dos pájaros de un tiro. Lo digo porque el libro gordo de Rafaelete no ha dejado indiferente ni al que asó la manteca. Las reacciones iban ayer por barrios: o el pitorreo padre o la indignación más desaforada. La derecha religiosa del PP, también el sector centrista del partido y muy especialmente los padres de centroderecha -varios de ellos nos pusieron sobre la pista- están que trinan. Un eximio a la par que veterano representante de la derecha más derechona, más puritana y más estrecha de Baleares lo pudo decir más alto pero no más claro ayer: «¡Joder, esto te lo podías esperar del PSOE pero no de los nuestros! ¡Cort es un desastre!». Más de uno está pensando ya en hacer pellas el próximo domingo electoral largándose a la playa.

Los que, como un servidor, nos educamos en la Institución Libre de Enseñanza hemos visto desde niños con naturalidad un hasta hace no tanto tabú llamado sexo. Entre otras cosas, porque en clase nos hablaban del tema como si fuera lo que es o debe ser: la cosa más normal del mundo. Pero jamás de los jamases nos contaron lo de los anillos alargapenes, ni nos recomendaron rasurarnos los pelillos de nuestras partes más íntimas, ni que presumiéramos de miembro viril por ahí.

En fin, que Cort intentó hacer una guía de educación sexual y le salió una especie de manual para actores porno. Una pifia de campeonato que confirma los peores temores de un Juan Palmesano que vuelve a pensar que el Ayuntamiento es la casa de tócame roque y que a Catalina Cirer el traje de alcaldesa le queda veintisiete tallas grande. Con este chiste Cort vuelve a parecer un chiste.

e.inda@elmundo.es

 
   
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