Nacho Vidal es al porno lo que Julio
Iglesias a la canción: un españolito que ha
triunfado por todo lo alto allende
nuestras fronteras y, para más señas, en
esa meca para todo que es Estados Unidos.
El mérito de este barcelonés de Mataró no
reside ni en el tamaño de su bondad, ni en
el de su intelecto, sino en el de su pene.
Veinticinco centímetros, 250 milímetros,
0,25 metros que le han permitido jubilar a
su madre, construirse un casoplón a lo
Borràs y comprarse unos cochazos de aquí te
espero mientras repite cual lorito su
pueril frase preferida: «No soy un pene con
patas».
Nacho Vidal no es un hombre
pobre pero cada vez hay más elementos para
sospechar que sí es un pobre hombre. Las
televisiones basura patrias, que es tanto
como decir todas o casi todas, se lo rifan
tentándole con enormes fajos de bin
ladens -éste es el mote que les han
endosado a los billetes de 500 euros
porque, aunque todo el mundo habla de
ellos, nadie los ha visto-. Nuestro tan
tatuado como piercingneado embajador
porno ha terminado convertido en un
freakie de baja estofa del que se
ríe todo hijo de vecino, eso sí, previo
paso por caja. Debe ser cierto aquello de
que las penas con pan son menos penas. Con
todo, lo peor no es eso. Allá él si le pone
quedar reducido a la condición de bufón de
la corte. El dramón es que con fulanos como
éste una cuestión tan importante, tan seria
y a la vez tan bonita como es el sexo se
frivoliza hasta la náusea. Y, luego, pasa
lo que pasa.
Tres cuartos de lo mismo
ha ocurrido con ese monumento al esperpento
que es la Guía Sexual elaborada por el
Ayuntamiento de Palma que dirige la muy
católica, bastante apostólica y nada romana
Catalina Cirer. Tres mil libretos «para
personas de 15 a 35 años» que lejos de
fomentar la por otra parte imprescindible
educación sexual inducen a una
incontenible, interminable y berlanguiana
-de Berlanga- carcajada.
Ciertamente
es misión imposible hacer tanto el ridículo
en menos tiempo y en menos páginas. El
incunable que el inefable concejal
Rafael Durán presentó hace 13 días como si
fuera el no va más en progresismo sería
motivo más que suficiente para que rodase
su cabeza y/o la de la alcaldesa... si esto
no fuera Mallorca. Lo digo porque si la
barcelonesa que preside el Consell sigue
campando a sus anchas con todas las que ha
hecho ¿cómo van a caer Rafaelito Durán o
Catalina Cirer por un quítame allá esas
pajas? O, quizá, es que la teoría de las
responsabilidades políticas que tan
cachondo ponía al PP en la España felipista
de la corrupción y el crimen de Estado ha
pasado a mejor vida.
¿Cómo se puede
hablar de sexo responsable a un adolescente
cuando, entre otras lindezas, le propones
raparse al cero el vello de sus partes
íntimas para aparentar una verga más
grande? ¿Qué es eso de menospreciar a los
obesos invitándoles a adelgazar «para que
no tengan la sensación de que su
entrepierna es pequeña»? ¿No les parece un
insulto a la inteligencia aconsejar a
chavales mirarse el colgajo de abajo arriba
porque hacerlo en sentido contrario tiene
«efectos visuales engañosos»? ¿Pero de qué
van estos tíos? ¿Es que se han vuelto locos
o qué?
Claro que la toma de hoy, que
tienen a su disposición tres páginas más
allá, tampoco es moco de pavo. La bautizada
como Guía Durán insta a los jóvenes
con medidas modelo Nacho Vidal «a sentirse
orgullosos» de su colgajo en las duchas de
gimnasios y demás vestuarios públicos. Del
esperpento pasamos al surrealismo al
contemplar cómo desgrana con minuciosa
precisión los métodos que emplean los
«pornostars [sic]» para «tener penes más
largos y más grandes»: desde «el anillo en
la base del miembro» hasta una «bomba de
vacío» que duele sólo de pensar en ella
pasando por el recurrente «afeitado de
vello púbico». Subrayo lo de recurrente
porque a los que han concebido este dislate
lo del rasurado les debe gustar más que a
un tonto un lápiz porque no paran de hablar
de ello. El surrealismo se transforma sin
solución de continuidad en dadaísmo con una
clasificación de los jóvenes según su
vitalidad sexual que es digna de una
película del torrentiano Santiago Segura.
El colmo del mal gusto se lo contaremos en
la edición de mañana. No les daré ninguna
pista, sólo un consejo: no lean el
periódico a la hora del desayuno, de la
comida o de la cena no vaya ser que les dé
arcadas.
Toda esta historia parece
una broma barata de bareto barato o una
inocentada pero no lo es. El Ayuntamiento
ha distribuido por toda Palma y encima con
cargo a nuestros impuestos 3.000 ejemplares
del que algún malévolo ya ha bautizado como
el Kamasutra de Cort. Un breviario
que va a conseguir el efecto diametralmente
opuesto al que decía perseguir: que los
jóvenes se tomen a coña el tema o que se
acomplejen por el tamaño de su pene.
Pues eso, que esta esperpéntica parte de la
Guía Durán, sustancial pero parte al
fin y al cabo, ha convertido el todo en el
cachondeo padre. Incluidas las
recomendaciones serias que, haberlas, lo
que se dice haberlas, haylas. Como aquéllas
en las que se instruye sobre los métodos
más seguros para regatear al
desgraciadamente imparable virus del sida
-¡¡¡5 millones!!! de infectados más en el
último año-, para sortear otras
enfermedades de transmisión sexual o para
evitar embarazos indeseados. Vamos, que los
árboles del disparate no nos van a dejar
ver el bosque de la
normalidad.
Estábamos en ésas cuando
a eso de las seis y media de la tarde de
ayer Catalina Cirer se mojó. La
alcaldesa relativizó la descomunal metedura
de pata con argumentos peregrinos y medias
verdades cuando no con mentiras puras y
duras. Argumentó, para empezar, que las
guías no están dirigidas a jóvenes cuando
tanto Rafael Durán como la ideóloga del
invento, Llucia Caldés, manifestaron en
rueda de prensa que «están pensadas para
personas de 15 a 35 años». Así lo
reflejaron todos los periódicos, todas las
radios y todos los teletipos. La primera
edil puntualizó que no se ha repartido a
jóvenes. Otra falsedad más falsa que Judas
porque tanto Durán como Caldés destacaron
el día D que los manuales se
repartirían en los casals joves y en la
Xarxa Infojove. A más a más, Cirer añadió
que lo único que se ha hecho es reflejar
las preguntas más comunes que hacen los
usuarios del programa Sexoconsulta.
¿Editarán una enciclopedia similar
si alguien se interesa por la zoofilia, el
sadomasoquismo o, yéndonos al ejemplo más
extremo, por la pederastia?, apunto,
inocente de mí. La alcaldesa quería
desfacer el entuerto y lo lió aún
más al avanzar que este libro de texto
«es una herramienta para los
educadores». ¡Cómo! ¿Significa eso que los
educadores van a enseñar estas patochadas a
sus alumnos?
Nuestra alcaldesa ha
matado literalmente dos pájaros de un tiro.
Lo digo porque el libro gordo de
Rafaelete no ha dejado indiferente ni
al que asó la manteca. Las reacciones iban
ayer por barrios: o el pitorreo padre o la
indignación más desaforada. La derecha
religiosa del PP, también el sector
centrista del partido y muy especialmente
los padres de centroderecha -varios de
ellos nos pusieron sobre la pista- están
que trinan. Un eximio a la par que veterano
representante de la derecha más derechona,
más puritana y más estrecha de Baleares lo
pudo decir más alto pero no más claro ayer:
«¡Joder, esto te lo podías esperar del PSOE
pero no de los nuestros! ¡Cort es un
desastre!». Más de uno está pensando ya en
hacer pellas el próximo domingo electoral
largándose a la playa.
Los que, como
un servidor, nos educamos en la Institución
Libre de Enseñanza hemos visto desde niños
con naturalidad un hasta hace no tanto tabú
llamado sexo. Entre otras cosas, porque en
clase nos hablaban del tema como si fuera
lo que es o debe ser: la cosa más normal
del mundo. Pero jamás de los jamases nos
contaron lo de los anillos
alargapenes, ni nos recomendaron
rasurarnos los pelillos de nuestras partes
más íntimas, ni que presumiéramos de
miembro viril por ahí.
En fin, que
Cort intentó hacer una guía de educación
sexual y le salió una especie de manual
para actores porno. Una pifia de campeonato
que confirma los peores temores de un Juan
Palmesano que vuelve a pensar que el
Ayuntamiento es la casa de tócame roque y
que a Catalina Cirer el traje de alcaldesa
le queda veintisiete tallas grande. Con
este chiste Cort vuelve a parecer un
chiste.
e.inda@elmundo.es