M. A. RUIZ
MARIONA
CERDÓ
PALMA.- El jefe de la Oficina
de Caza del Consell, Miquel Oliver, ha
utilizado a los guardias de campo adscritos
a este servicio para hacer trabajos
particulares en dos fincas propiedad de su
familia e incluso en la mansión que el
conseller de Medio Ambiente, Miquel Angel
Borràs, se construyó en la Serra de
Tramuntana.
Oliver tiene a sus
órdenes a nueve guardias forestales, tres
de ellos contratados directamente por el
Consell y los seis restantes por la
Associació de Societats de Caçadors de
Mallorca, que en tres años ha recibido de
la institución insular subvenciones que
suman 640.000 euros.
Aunque
teóricamente la labor de estos
profesionales se desarrolla en los cotos de
caza del Consell y de las distintas
asociaciones federadas, con cierta
frecuencia Miquel Oliver utiliza sus
servicios para ejecutar trabajos
particulares. La ocasión más reciente, este
mismo verano, cuando uno de los guardias
estuvo pintando la mansión del conseller
Borrás en la finca Son Noguera
(Puigpunyent).
Hace algo más de un
año, Oliver también requirió la
colaboración de varios de los guardias para
efectuar una mudanza desde el despacho
particular de aparejador que el conseller
de Medio Ambiente mantenía abierto en el
centro de Palma, frente a los estudios de
radio de Ona Mallorca, hasta su mansión.
Según han relatado a EL MUNDO/El Día
de Baleares antiguos empleados de la
Oficina de Caza, que ya están desvinculados
de este servicio, el propio conseller
Borrás acudió a dicho despacho para darles
instrucciones sobre qué documentos debían
ser tirados a la basura y cuáles tenían que
ser cargados en una furgoneta y un todo
terreno de la Guardería de Caza, con el fin
de trasladarlos a su casa.
Este
trabajo se desarrolló dentro de la jornada
laboral que los guardias del Consell deben
dedicar, teóricamente, a vigilar los cotos
de caza. De hecho, el principal objetivo de
las subvenciones que Borrás otorga a la
Associació de Societats de Caçadors es
pagar las nóminas de estos
profesionales.
En un área
natural
El conseller Miquel Angel
Borràs ya se vio envuelto en la polémica
hace dos años, cuando EL MUNDO/El Día de
Baleares denunció que se estaba
construyendo una mansión en una zona de la
Serra de Tramuntana protegida por la Ley de
Espacios Naturales (LEN), concretamente
sobre un promontorio conocido como Es Puig
de Ses Crides.
La vivienda se alza en
una finca de 29 hectáreas de superficie con
olivos, pinares y tierras de cultivo, que
Borrás adquirió el 7 de abril de 1998 a un
ciudadano de origen libanés por 30 millones
de pesetas. La mitad de la finca fue
registrada a nombre de su esposa.
A
raíz de las informaciones publicadas por
este diario, el GOB denunció ante la
Fiscalía que la obra incumplía los
artículos 7, 11 y 16 de la LEN, provocando
«un impacto paisajístico absolutamente
desmesurado». En octubre de 1999, tan sólo
un año después de que el Ayuntamiento de
Puigpunyent otorgara la licencia de obras
para construir esta mansión, el Parlament
aprobó la Ley de medidas cautelares y de
emergencia relativa a la ordenación del
territorio, que prohibía taxativamente la
edificación de viviendas unifamiliares
aisladas «en la totalidad de las áreas
naturales de especial interés». La misma
Ley impedía construir viviendas
unifamiliares en fincas rústicas segregadas
después del 16 de julio de 1997 , un
supuesto que también habría afectado a la
mansión de Borrás.
El fiscal Adrián
Salazar acabó archivando las diligencias
abiertas, a pesar de tener la convicción de
que se dispuso de información privilegiada
sobre la intención de todos los partidos,
incluyendo UM, de modificar la LEN para
prohibir la construcción en las áreas
naturales de especial interés (Anei). Según
el fiscal, el Ayuntamiento de Puigpunyent
tenía en su mano revocar la licencia, pues
cuando se aprobó la modificación de la LEN
el conseller Borrás aún no había iniciado
las obras.
A pesar de la polémica, la
propia presidenta Maria Antònia Munar
encabezó la delegación de altos cargos del
Consell y de Unió Mallorquina que
asistieron a la fiesta ofrecida por Miquel
Angel Borrás para inaugurar su mansión.
Tampoco se quisieron perder la fiesta los
consellers Miquel Angel Flaquer y Francesc
Buils, así como el entonces presidente del
Parlament, Maximilià Morales.