PALMA.- El presidente de la Generalitat,
Pasqual Maragall, pidió ayer al abad de
Poblet que convoque a los presidentes de la
antigua Corona de Aragón -integrada por las
Baleares, la Comunidad Valenciana, Cataluña
y Aragón- para reunirse en el monasterio
tarraconense.
El presidente catalán,
que introdujo la conferencia sobre El
lento camino de la institucionalización
europea impartida ayer en Poblet por el
ex presidente de la Comisión Europea Romano
Prodi, dijo que los presidentes de estas
comunidades «representamos, en definitiva,
lo que Poblet es, que es la Corona de
Aragón».
«Espero que pronto tengamos
la ocasión de volver», añadió Maragall,
pese a las críticas que esta propuesta ha
suscitado en ocasiones anteriores.
La Corona de Aragón fue el marco
institucional que agrupó entre los siglos
XII y XVIII a los territorios de Cataluña,
Aragón, la Comunidad Valenciana y Baleares.
La insinuación de Maragall respecto a que
todas estas regiones forman parte de una
misma nación no es nueva. El proyecto de
Estatuto de Autonomía de Cataluña, que ha
de ser sancionado ahora por las Cortes,
deja la puerta abierta a una futura
incorporación de Baleares a la «nación»
catalana.
El documento no concreta
los límites territoriales de Cataluña, en
vez de asumir los establecidos por la
Constitución de 1978, y apela
constantemente a la necesidad de estrechar
vínculos con el resto de Comunidades de
habla catalana y con las que, como
Baleares, se han incorporado a la
Eurorregión impulsada por Maragall
basándose en los territorios de la antigua
Corona de Aragón, que los nacionalistas
bautizan como «los Países Catalanes».El
Estatut que se encuentra hoy en vigor,
aprobado en 1979, definía claramente que
Cataluña está integrada por «las comarcas
de Barcelona, Tarragona, Lleida i Girona».
En cambio, jugando con la ambigüedad, el
nuevo texto alumbrado por PSC, ERC e
Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV)
elimina en su artículo 9 esta referencia y
se limita a indicar que «el territorio de
Cataluña es el que corresponda a los
límites geográficos y administrativos de la
Generalitat en el momento de la entrada en
vigor de este Estatut».
Algo que
daría pie a que los nacionalistas catalanes
vean colmadas sus aspiraciones
expansionistas con la incorporación de
nuestros territorios de habla catalana. El
borrador del Estatut incluye sucesivas
alusiones a los «derechos históricos del
pueblo catalán» y «la tradición jurídica de
sus instituciones» anteriores al siglo
XVIII, que en el texto pasan a sustituir,
como fuente de legitimidad democrática, a
la Constitución española de 1978.