M. A. RUIZ
PALMA.- El proyecto de
Estatuto de Autonomía de Cataluña liderado
por Pasqual Maragall, que ha de ser
sancionado ahora por las Cortes, deja la
puerta abierta a una futura incorporación
de Baleares a la «nación» catalana.
El documento no concreta los límites
territoriales de Cataluña, en vez de asumir
los establecidos por la Constitución de
1978, y apela constantemente a la necesidad
de estrechar vínculos con el resto de
Comunidades de habla catalana y con las
que, como Baleares, se han incorporado a la
Eurorregión impulsada por Maragall
basándose en los territorios de la antigua
Corona de Aragón, que los nacionalistas
bautizan como «los Países
Catalanes».
El Estatut que se
encuentra hoy en vigor, aprobado en 1979,
definía claramente que Cataluña está
integrada por «las comarcas de Barcelona,
Tarragona, Lleida i Girona». En cambio,
jugando con la ambigüedad, el nuevo texto
alumbrado por PSC, ERC e Iniciativa per
Catalunya-Verds (ICV) elimina en su
artículo 9 esta referencia y se limita a
indicar que «el territorio de Cataluña es
el que corresponda a los límites
geográficos y administrativos de la
Generalitat en el momento de la entrada en
vigor de este Estatut».
Algo que
daría pie a que los nacionalistas catalanes
vean colmadas sus aspiraciones
expansionistas con la incorporación de
nuestros territorios de habla catalana. El
borrador del Estatut incluye sucesivas
alusiones a los «derechos históricos del
pueblo catalán» y «la tradición jurídica de
sus instituciones» anteriores al siglo
XVIII, que en el texto pasan a sustituir,
como fuente de legitimidad democrática, a
la Constitución española de 1978.
Otras dos constantes recorren el
borrador de Estatut: la presencia de
Cataluña con identidad propia en el seno de
la Unión Europea («Cataluña tiene en la UE
su espacio político y geográfico de
referencia», dice el artículo 3) y la
necesidad de estrechar vínculos con el
resto de regiones de habla
catalana.
«La Generalitat», afirma el
artículo 12, «ha de promover la
comunicación, el intercambio cultural y la
cooperación con las comunidades y
territorios, pertenecientes o no al Estado
español, que tienen vínculos históricos,
lingüísticos y culturales con Cataluña. A
estos efectos», añade, «la Generalitat y el
Estado pueden suscribir convenios, tratados
y otros instrumentos de colaboración en
todos los ámbitos, que pueden incluir la
creación de organismos comunes».
Camps dijo 'no'
La
misma idea se reitera en los artículos 4,
174 y 178. Al respecto, el Preámbulo del
Estatut (que no tiene efectos jurídicos)
brinda «la amistad y colaboración [de
Cataluña] a las Comunidades y regiones
vecinas para formar, desde el Mediterráneo,
una Eurorregión útil para el progreso de
los intereses comunes en el marco de sus
competencias».
El Ejecutivo de Jaume
Matas accedió a entrar en esta Eurorregión,
dejando claro que no permitiría que se
convierta en Plataforma política para
constituir unos hipotéticos «Países
Catalanes», pero en cambio el presidente
valenciano Francisco Camps ha preferido no
embarcarse en la aventura de Maragall. El
proyecto de Estatut impulsado por el
Tripartito establece que el catalán será
«la lengua propia y común de toda la
ciudadanía, con independencia de su lengua
de origen y uso habitual». Asimismo,
establece que el Derecho catalán «será
aplicable de manera preferente», por encima
de la legislación española.