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  Domingo, 21 de agosto de 2005 Actualizado a las 02:21
 

RADIOGRAFIA DE LA COSTA BALEAR / LA SITUACION REAL
Costas cifra en 10.000 las instalaciones privadas baleares en dominio público

Entre ellas hay cientos de piscinas / Sólo 500 construcciones, entre ellas la piscina de Pedro J. Ramírez, están legalizadas / Medio Ambiente anunció el jueves que «ya está adjudicado el proyecto para recuperar un litoral, el balear, lleno de irregularidades»


ESTEBAN URREIZTIETA

LORENZO MARINA

PALMA.- Fuentes de la Demarcación de Costas estiman que en Baleares hay 10.000 instalaciones privadas situadas en dominio público marítimo-terrestre, entre ellas, cientos de piscinas. Unicamente 500 de estas construcciones en las Islas están legalizadas mediante una concesión en vigor.

El Ministerio de Medio Ambiente anunció el jueves que «ya está adjudicado el proyecto de recuperación de uso público en el litoral de Mallorca, en el que se han acumulado numerosas irregularidades que impiden o dificultan el cumplimiento de la Ley de Costas». Y advirtió de que la aplicación de este plan es sólo cuestión de tiempo.

De llevarse a la práctica la iniciativa del Ministerio, y según estima la Demarcación de Costas, podrían verse afectados por esta medida miles de chalés, embarcaderos, piscinas, hoteles y bloques de apartamentos. De todos ellos, según los datos que maneja este mismo organismo, apenas el 5% tiene papeles. Es decir, la inmensa mayoría carece de la concesión reglamentaria. Y entre este medio millar que tiene su situación administrativa al día se encuentra la piscina de la residencia de Pedro J. Ramírez.

El objetivo de este reportaje no es ni mucho menos el de instigar al Ejecutivo a que derribe las construcciones ya existentes, sino, por el contrario, mostrar la realidad de la costa balear y demostrar que la campaña contra el periodista no responde al interés de preservar el medio ambiente.

Radiografía de la costa

Prueba de ello es que los instigadores de la misma, liderados ahora por el diputado de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), Joan Puig, sólo reparan en el domicilio de Ramírez. Una casa y una piscina que fueron construidas hace casi cuarenta años. El director de EL MUNDO adquirió la vivienda en 1998. No obstante, y respondiendo a esta campaña, el Ejecutivo ha decidido hacer cumplir la Ley de Costas que entró en vigor el 28 de julio de 1988 a todas las edificaciones. Sin excepción. Empezando por la costa mallorquina de Poniente; por la de Levante; y continuando por Menorca, Ibiza y Formentera.

Si los deseos del Ministerio de Medio Ambiente se transforman en realidad, desaparecerán hoteles de todo tipo. Desde residencias de magnates árabes, banqueros y florecientes empresarios hasta miles de viviendas de familias de clase media que, cuando las construyeron, lo hicieron buscando la proximidad del mar.En términos generales, la Ley de Costas establece que el dominio público marítimo-terrestre es el espacio de costa que ha cubierto el mar durante el mayor temporal conocido. Y ni ahí ni en un espacio que en algunos casos puede llegar hasta los 100 metros «desde el límite de la ribera del mar» se puede construir ninguna vivienda. Ni siquiera se permite ubicar allí vallas publicitarias o tendidos eléctricos. A partir de ese límite comienza, según la normativa, una franja de seis metros que recibe el nombre de «servidumbre de tránsito» y que se reserva para el paso del público peatonal. Pero es que, además, esta zona está incluida, según la ley, por una servidumbre de protección, que oscilaría dependiendo de si el terreno es rústico o urbano entre los 20 y los 100 metros. Ante estos preceptos, lo que pretende Medio Ambiente es algo que la Ley de Costas no recoge en ninguno de sus más de doscientos artículos: que tenga un efecto retroactivo sobre las construcciones ya existentes. Y, por si fuera poco, el Ministerio hace suyo el otro pretexto que utiliza la campaña contra Pedro J. Ramírez: el derecho de paso. Es decir, que nada obstaculice el paso peatonal por la costa. Pero obvia que la ley establece que la servidumbre de paso, en el caso de que ya existan edificaciones debe ser paralela y nunca debe atravesar una vivienda o una piscina.Esta exigencia multiplicaría aún más el número de instalaciones y de familias afectadas. Y extendería el problema a todo el litoral español, teniendo en cuenta que la misma ley que menta ahora Medio Ambiente establece que el 40% de la costa de nuestro país se encuentra ya edificado. Ante este panorama, que alcanzó su expresión delictiva con el asalto por la fuerza hace ahora una semana del domicilio del director de EL MUNDO, a los ciudadanos de baleares sólo les queda un motivo de esperanza: la Demarcación de Costas sólo cuenta en las Islas con un técnico para revisar cada palmo del litoral.(Viene de la pág. anterior)El solitario técnico de la Demarcación de Costas se tendrá que enfrentar a las casas que caen en cascada en el puerto de Andratx; a los chalés que salpican la costa entre San Telmo e Illetas; a los que se encuentran a punto de precipitarse al vacío frente a las reservas marinas de las Islas Malgratas y El Toro; pero también a las lujosas residencias que baña el mar en Bendinat, Portals Nous y Costa d’en Blanes.Si continúa su recorrido en dirección a la costa de Levante se topará al llegar a la Colonia de Sant Jordi con varios hoteles en primera línea cuya construcción hoy sería completamente inviable. Observará cómo una urbanización al completo se refresca en una piscina literalmente alicatada en la roca de Cala D’or. Recorrerá las edificaciones de Sa Coma, Portocolom y Son Servera. Y llegará hasta Pollença, donde una de las mayores piscinas de Mallorca se encuentra excavada en la arena de la playa y ganando varios metros al mar. Una instalación que no es que esté en dominio público marítimo-terrestre, sino que cualquier temporal la haría desaparecer por completo.En la zona de Alcùdia la situación legal de decenas de casas de pescadores tendría que ser revisada. Y en el cabo de Formentor se verían afectadas por la inspección un buen número de mansiones en lugares prácticamente inaccesibles. Y así, suma y sigue por la Costa Norte hasta dar la vuelta por completo a la Isla. Eso, sin contar con la situación de Menorca, Eivissa y Formentera.La campaña iniciada por el dueño del diario Ultima Hora puede tener unos daños colaterales incalculables. Una vez revisada la situación administrativa de la piscina del director de EL MUNDO en la Costa de los Pinos, ahora le toca a miles de ciudadanos ajenos a las pretensiones que mueven a Pedro Serra. Sin tener parte en la campaña de intimidación contra Pedro J. Ramírez, se convertirán en los damnificados de una estrategia que, como fin último pasa porque los escándalos de Pedro Serra dejen de aparecer en las páginas de este periódico. Intentó que cesaran las críticas contra él por el papel que desempeña en el museo público Es Baluard y no lo consiguió. Es más, fue este periódico el que reveló el mayor pelotazo inmobiliario de los últimos tiempos en Baleares: el protagonizado por su yerno en la finca rústica y protegida de Son Massot de Calvià, donde pretendía construir 520 viviendas.

 
   
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