Según un estudio del Gobierno central,
las Islas Baleares son la comunidad donde
sus habitantes tratan más frecuentemente
con prostitutas. Tanto el Institut de la
Dona como la UIB confirman un grado de
arraigo de esta costumbre que sorprende por
su intensidad. El que nos sintamos
particularmente atraídos por el más antiguo
de los oficios, no obsta para que sigamos
asumiendo la actitud hipócrita propia de
nuestra sociedad, que por un lado ignora y
por otra reprime, o bien tolera y al mismo
tiempo proscribe, una práctica que parece
consustancial con la especie humana: el
varón en busca de su reproducción tiene
tendencia a depositar su semen en varios
vasos, mientras que la hembra procura
conservar al varón fecundador y protector
de su prole.
Ello constituiría una de
las explicaciones de que la prostitución
femenina esté mucho más extendida que la
masculina y que la fidelidad en las parejas
de lesbianas sea mayor que entre los gays.
No obstante, colectivos aparentemente
antitéticos como son las feministas
radicales y los católicos tradicionales
mantienen en este tema una posición casi
idéntica: propugnan la ilegalización de la
prostitución afirmando que degrada a quien
le practica activa o pasivamente.
Como no se puede seguir mirando para
otro lado ante una realidad social
abrumadora se impone coger el toro por los
cuernos y tomar las medidas administrativas
y legislativas que conduzcan a regular esta
actividad en todas sus facetas con el fin
de proscribir la prostitución de menores y
la explotación de inmigrantes. Ya se ha
empezado a hacer por la Generalitat de
Cataluña y los ayuntamientos de Madrid y
Bilbao, reglamentando las condiciones de
apertura de los clubes de alterne,
iniciativa apoyada entusiastamente por las
asociaciones empresariales que gestionan
establecimientos hoteleros dedicados a la
prostitución, reconocidas como tales por la
Sala III del Tribunal Supremo en
2004.
Ya el 20 de noviembre de 2001
una sentencia del Tribunal Europea de
Justicia avaló la prostitución como una
actividad económica si es ejercida de modo
independiente. Pero es imperioso ir mucho
más lejos y pasar a considerar la
prostitución como una actividad legal, tal
y como han hecho ya hace varios años
Alemania y Holanda, donde los clubes de
alterne tienen su epígrafe tributario para
cumplir así sus obligaciones fiscales como
cualquier otro negocio. A las chicas/chicos
se les ofrece la posibilidad de ser
empleadas/empleados del local o autónomos
que alquilan allí sus habitaciones. A estas
alturas parece que esta es la solución
preferida en una actividad en que la
discreción es fundamental. Sólo una vez
regulada en su integridad y en sus diversas
facetas la prostitución ejercida en
locales, estaríamos en disposición de
eliminar o por lo menos limitar su práctica
en la vía pública, que tanto molesta a
muchos vecindarios y que tiene lugar en
condiciones sanitarias lamentables fuera de
todo control, la mayoría de las veces por
inmigrantes ilegales explotadas.
En
otras esferas de actuación, la prostitución
que tiene los diversos medios e Internet
como soportes de contacto, parece casi
imposible de regular y continuará como una
actividad fuera de control sanitario y
fiscal. Las grandes civilizaciones de la
antigüedad, tanto occidentales como
orientales, la asumieron como una costumbre
habitual aunque sujeta como es lógico a las
variadas estructuras sociales predominantes
en las mismas. En todo caso la prostitución
estará sometida a los albures, caprichos y
sobre todo medios económicos de unos
ciudadanos, cuya libertad personal
constituye el principal bien a tener en
cuenta, protegiendo en lo posible su salud
así como el buen orden y la tranquilidad
públicos.