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  Miércoles, 17 de agosto de 2005 Actualizado a las 00:29
 

LA MIRADA
Regulemos la prostitución

CARLOS DE ZAYAS


Según un estudio del Gobierno central, las Islas Baleares son la comunidad donde sus habitantes tratan más frecuentemente con prostitutas. Tanto el Institut de la Dona como la UIB confirman un grado de arraigo de esta costumbre que sorprende por su intensidad. El que nos sintamos particularmente atraídos por el más antiguo de los oficios, no obsta para que sigamos asumiendo la actitud hipócrita propia de nuestra sociedad, que por un lado ignora y por otra reprime, o bien tolera y al mismo tiempo proscribe, una práctica que parece consustancial con la especie humana: el varón en busca de su reproducción tiene tendencia a depositar su semen en varios vasos, mientras que la hembra procura conservar al varón fecundador y protector de su prole.

Ello constituiría una de las explicaciones de que la prostitución femenina esté mucho más extendida que la masculina y que la fidelidad en las parejas de lesbianas sea mayor que entre los gays. No obstante, colectivos aparentemente antitéticos como son las feministas radicales y los católicos tradicionales mantienen en este tema una posición casi idéntica: propugnan la ilegalización de la prostitución afirmando que degrada a quien le practica activa o pasivamente.

Como no se puede seguir mirando para otro lado ante una realidad social abrumadora se impone coger el toro por los cuernos y tomar las medidas administrativas y legislativas que conduzcan a regular esta actividad en todas sus facetas con el fin de proscribir la prostitución de menores y la explotación de inmigrantes. Ya se ha empezado a hacer por la Generalitat de Cataluña y los ayuntamientos de Madrid y Bilbao, reglamentando las condiciones de apertura de los clubes de alterne, iniciativa apoyada entusiastamente por las asociaciones empresariales que gestionan establecimientos hoteleros dedicados a la prostitución, reconocidas como tales por la Sala III del Tribunal Supremo en 2004.

Ya el 20 de noviembre de 2001 una sentencia del Tribunal Europea de Justicia avaló la prostitución como una actividad económica si es ejercida de modo independiente. Pero es imperioso ir mucho más lejos y pasar a considerar la prostitución como una actividad legal, tal y como han hecho ya hace varios años Alemania y Holanda, donde los clubes de alterne tienen su epígrafe tributario para cumplir así sus obligaciones fiscales como cualquier otro negocio. A las chicas/chicos se les ofrece la posibilidad de ser empleadas/empleados del local o autónomos que alquilan allí sus habitaciones. A estas alturas parece que esta es la solución preferida en una actividad en que la discreción es fundamental. Sólo una vez regulada en su integridad y en sus diversas facetas la prostitución ejercida en locales, estaríamos en disposición de eliminar o por lo menos limitar su práctica en la vía pública, que tanto molesta a muchos vecindarios y que tiene lugar en condiciones sanitarias lamentables fuera de todo control, la mayoría de las veces por inmigrantes ilegales explotadas.

En otras esferas de actuación, la prostitución que tiene los diversos medios e Internet como soportes de contacto, parece casi imposible de regular y continuará como una actividad fuera de control sanitario y fiscal. Las grandes civilizaciones de la antigüedad, tanto occidentales como orientales, la asumieron como una costumbre habitual aunque sujeta como es lógico a las variadas estructuras sociales predominantes en las mismas. En todo caso la prostitución estará sometida a los albures, caprichos y sobre todo medios económicos de unos ciudadanos, cuya libertad personal constituye el principal bien a tener en cuenta, protegiendo en lo posible su salud así como el buen orden y la tranquilidad públicos.

 
   
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