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  Miércoles, 17 de agosto de 2005 Actualizado a las 22:44
 

ENTREVISTA
Marta Richterova: «Las modelos no son cretinas simplemente por el hecho de ser guapas»


FERNANDO MERINO

Reside en Praga, su segunda patria es Mallorca, preferentemente Palma y Cala Ratjada o viceversa, y por razones de trabajo divide la base entre Milán y Hamburgo. Marta Richterova es modelo, de increíble capacidad cameleónica cuando se sitúa ante la cámara, y de unos meses a esta parte su rostro, su sonrisa, dan soporte visual a la campaña del Banc de Sang. Vivió en directo las horas trágicas de Sharm El Sheij. Todo empezó en Karlovy Vary.

Pregunta.- ¿Por qué Karlovy Vary?

Respuesta.-Además de modelo soy actriz. El Festival de Karlovy Vary invitó a la coproducción checo-alemana que yo había protagonizado. El título en castellano sería algo así como Sentidos de la vida, una historia vagamente inspirada en la modelo norteamericana, Edie Sedgwick, que nada tiene que ver con Factory Girl porque no es biográfica, sino que parte de una situación similar: top model que vive bajo demasiada presión, cae en el mundo de la droga y muere prematuramente. En la película se habla más de la presión de un entorno en el que todo parece estar controlado y no siempre es así.

P.-¿En algún momento se identificó con la historia?

R.-Tengo la suerte de trabajar con un equipo a quienes considero mis amigos, porque yo no soportaría estar en tensión las 24 horas. No es fácil la vida de modelo, la gente se queda con el glamour y con el show, pero también hay una parte muy dura porque las modelos viajamos con bastante frecuencia, y lo hacemos solas, únicamente nos acompañan nuestros móviles. Debes estar muy concentrada si no quieres perder las referencias, y el tener un físico espectacular te obliga a demostrar por partida doble que tienes talento.

P.- ¿Le gustó la experiencia de Karlovy Vary?

R.-Trabajo demasiado tiempo fuera de la República Checa y regresar a casa siempre es una satisfacción por el encuentro con los tuyos. Ahí están mis raíces. Hacerlo, además, como invitada especial del Festival para mí era importante por lo que conlleva de reconocer mi carrera. Lo malo fue que durante toda mi estancia en Karlovy Vary a lo único que debía responder era a un falso romance, un montaje absolutamente falso en el que me vi implicada contra mi voluntad. Nunca me había pasado. La gente debería escribir de ti por tu trabajo, aunque soy consciente de que en esta profesión estás expuesta a este tipo de situaciones desagradables, y mucho más cuando no tienes nada que ver con lo que se ha escrito de ti.

P.-¿Cómo acabó en Sharm El Sheij?

R.-Después de cumplir con mis compromisos en la República Checa debía acudir a Tailandia para una sesión fotográfica de una marca de prendas de baño. Se necesitaba un escenario exótico, y viendo que no llegaría a tiempo me cambiaron la agenda y por razones de proximidad decidieron hacer las fotos en Egipto.

Acabamos las sesiones de trabajo la misma tarde del 22 de julio y por la noche debíamos ir a cenar al restaurante del atentado. Pero yo estaba muy cansada, y como nos quedábamos hasta el lunes se decidió dejarlo para el día siguiente. Las explosiones ocurrieron cuando ya estaba en mi habitación. De inmediato el coordinador de mi equipo llamó y me dijo que no me moviera. Estuve toda la noche pegada al televisor, mientras oía el ajetreo de las sirenas.

P.-Imagino que fueron unas horas muy duras.

R.-Un estruendo muy violento pero nunca pensé que fuera tan grave, que se hubiese producido un atentado a la vuelta de la equina. El hotel que se desplomó estaba junto al nuestro, y nosotros ahí, en el corazón de la tragedia. No me lo podía creer.

A la mañana siguiente salimos a la calle y descubrimos un paisaje desolador. Era una zona normalmente bulliciosa, y en cambio casi no se veían turistas, todos querían salir del país lo antes posible, y a mí también me dijeron que debía hacer lo mismo. Pero yo sentía algo que me impedía marcharme, quería hablar con la gente, estar con ellos en momentos tan duros. La mayoría de las víctimas eran egipcias y muchos comerciantes habían perdido sus negocios. Me quedé porque lo sentía así. Había pasado algo terrible y no parecía justo dejar a la gente del lugar. Me sentía muy mal por ellos. El lugar es precioso y estoy segura de que recuperará el turismo.

P.-¿Quiere decir que no la traumatizó el atentado?

R.-Cuando estás acostumbrado a ver los atentados por televisión, te parece que siempre serán algo extraño a ti. No te lo puedes creer cuando estás en el sitio, pero como ya me había retirado no llegué a vivir la tragedia de una manera traumática. Cuando días después llegué a Praga, el Gobierno checo me ofreció ayuda sicológica. Lo agradecí pero les dije que no hacía falta, que estaba bien.

Lo curioso es que me han ofrecido trabajar en septiembre en El Cairo, y a partir de ahí estoy viviendo una sensación extraña. Me ha regresado de golpe el atentado, y de una manera más violenta que entonces. He tomado conciencia de la inseguridad, pero creo igualmente que debo seguir trabajando, que me debo a mi carrera.

P.-¿Qué le llevó a permanecer en Sharm El Sherik?

R.-Siempre me he sentido inclinada a ayudar. En Praga soy madrina de una organización que cuida de niños huérfanos, y procuro estar en la gala anual benéfica de navidad, presentándola y desfilando. El día de mi cumpleaños, el 13 de agosto, en el año 2002 mi país sufrió una de las inundaciones más graves que se recuerdan. Praga también se vio afectada y en lugar de celebrar mi cumpleaños, ese día tuve que salir corriendo colina arriba. Hubo muchos niños que se quedaron huérfanos. El mes de septiembre se organizó una gala que me invitaron a presentar y desde entonces estoy vinculada.

P.-No se corresponde con esa imagen tópica de la modelo...

R.-Las modelos no son cretinas simplemente por el hecho de ser guapas. Llevo en este mundo desde los 18 años, justo después de dejar el equipo de natación, y he conocido a compañeras con un gran corazón y con excelente preparación. Tengo amigas modelos que también toman parte en actividades benéficas. Insisto en que ser guapa no te pone las cosas fáciles, debes demostrar doblemente que vales.

 
   
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