FERNANDO MERINO
Reside en Praga,
su segunda patria es Mallorca,
preferentemente Palma y Cala Ratjada o
viceversa, y por razones de trabajo divide
la base entre Milán y Hamburgo. Marta
Richterova es modelo, de increíble
capacidad cameleónica cuando se sitúa ante
la cámara, y de unos meses a esta parte su
rostro, su sonrisa, dan soporte visual a la
campaña del Banc de Sang. Vivió en directo
las horas trágicas de Sharm El Sheij. Todo
empezó en Karlovy
Vary.
Pregunta.- ¿Por
qué Karlovy
Vary?
Respuesta.-Además de
modelo soy actriz. El Festival de Karlovy
Vary invitó a la coproducción checo-alemana
que yo había protagonizado. El título en
castellano sería algo así como Sentidos
de la vida, una historia vagamente
inspirada en la modelo norteamericana, Edie
Sedgwick, que nada tiene que ver con
Factory Girl porque no es
biográfica, sino que parte de una situación
similar: top model que vive bajo demasiada
presión, cae en el mundo de la droga y
muere prematuramente. En la película se
habla más de la presión de un entorno en el
que todo parece estar controlado y no
siempre es así.
P.-¿En algún
momento se identificó con la
historia?
R.-Tengo la suerte
de trabajar con un equipo a quienes
considero mis amigos, porque yo no
soportaría estar en tensión las 24 horas.
No es fácil la vida de modelo, la gente se
queda con el glamour y con el show, pero
también hay una parte muy dura porque las
modelos viajamos con bastante frecuencia, y
lo hacemos solas, únicamente nos acompañan
nuestros móviles. Debes estar muy
concentrada si no quieres perder las
referencias, y el tener un físico
espectacular te obliga a demostrar por
partida doble que tienes
talento.
P.- ¿Le gustó la
experiencia de Karlovy
Vary?
R.-Trabajo demasiado
tiempo fuera de la República Checa y
regresar a casa siempre es una satisfacción
por el encuentro con los tuyos. Ahí están
mis raíces. Hacerlo, además, como invitada
especial del Festival para mí era
importante por lo que conlleva de reconocer
mi carrera. Lo malo fue que durante toda mi
estancia en Karlovy Vary a lo único que
debía responder era a un falso romance, un
montaje absolutamente falso en el que me vi
implicada contra mi voluntad. Nunca me
había pasado. La gente debería escribir de
ti por tu trabajo, aunque soy consciente de
que en esta profesión estás expuesta a este
tipo de situaciones desagradables, y mucho
más cuando no tienes nada que ver con lo
que se ha escrito de
ti.
P.-¿Cómo acabó en Sharm El
Sheij?
R.-Después de cumplir
con mis compromisos en la República Checa
debía acudir a Tailandia para una sesión
fotográfica de una marca de prendas de
baño. Se necesitaba un escenario exótico, y
viendo que no llegaría a tiempo me
cambiaron la agenda y por razones de
proximidad decidieron hacer las fotos en
Egipto.
Acabamos las sesiones de
trabajo la misma tarde del 22 de julio y
por la noche debíamos ir a cenar al
restaurante del atentado. Pero yo estaba
muy cansada, y como nos quedábamos hasta el
lunes se decidió dejarlo para el día
siguiente. Las explosiones ocurrieron
cuando ya estaba en mi habitación. De
inmediato el coordinador de mi equipo llamó
y me dijo que no me moviera. Estuve toda la
noche pegada al televisor, mientras oía el
ajetreo de las
sirenas.
P.-Imagino que fueron
unas horas muy duras.
R.-Un
estruendo muy violento pero nunca pensé que
fuera tan grave, que se hubiese producido
un atentado a la vuelta de la equina. El
hotel que se desplomó estaba junto al
nuestro, y nosotros ahí, en el corazón de
la tragedia. No me lo podía creer.
A
la mañana siguiente salimos a la calle y
descubrimos un paisaje desolador. Era una
zona normalmente bulliciosa, y en cambio
casi no se veían turistas, todos querían
salir del país lo antes posible, y a mí
también me dijeron que debía hacer lo
mismo. Pero yo sentía algo que me impedía
marcharme, quería hablar con la gente,
estar con ellos en momentos tan duros. La
mayoría de las víctimas eran egipcias y
muchos comerciantes habían perdido sus
negocios. Me quedé porque lo sentía así.
Había pasado algo terrible y no parecía
justo dejar a la gente del lugar. Me sentía
muy mal por ellos. El lugar es precioso y
estoy segura de que recuperará el
turismo.
P.-¿Quiere decir que
no la traumatizó el atentado?
R.-Cuando estás acostumbrado
a ver los atentados por televisión, te
parece que siempre serán algo extraño a ti.
No te lo puedes creer cuando estás en el
sitio, pero como ya me había retirado no
llegué a vivir la tragedia de una manera
traumática. Cuando días después llegué a
Praga, el Gobierno checo me ofreció ayuda
sicológica. Lo agradecí pero les dije que
no hacía falta, que estaba bien.
Lo
curioso es que me han ofrecido trabajar en
septiembre en El Cairo, y a partir de ahí
estoy viviendo una sensación extraña. Me ha
regresado de golpe el atentado, y de una
manera más violenta que entonces. He tomado
conciencia de la inseguridad, pero creo
igualmente que debo seguir trabajando, que
me debo a mi carrera.
P.-¿Qué
le llevó a permanecer en Sharm El
Sherik?
R.-Siempre me he
sentido inclinada a ayudar. En Praga soy
madrina de una organización que cuida de
niños huérfanos, y procuro estar en la gala
anual benéfica de navidad, presentándola y
desfilando. El día de mi cumpleaños, el 13
de agosto, en el año 2002 mi país sufrió
una de las inundaciones más graves que se
recuerdan. Praga también se vio afectada y
en lugar de celebrar mi cumpleaños, ese día
tuve que salir corriendo colina arriba.
Hubo muchos niños que se quedaron
huérfanos. El mes de septiembre se organizó
una gala que me invitaron a presentar y
desde entonces estoy
vinculada.
P.-No se
corresponde con esa imagen tópica de la
modelo...
R.-Las modelos no
son cretinas simplemente por el hecho de
ser guapas. Llevo en este mundo desde los
18 años, justo después de dejar el equipo
de natación, y he conocido a compañeras con
un gran corazón y con excelente
preparación. Tengo amigas modelos que
también toman parte en actividades
benéficas. Insisto en que ser guapa no te
pone las cosas fáciles, debes demostrar
doblemente que vales.