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  Miércoles, 17 de agosto de 2005 Actualizado a las 22:44
 

CAN FELIÇ
La casa mágica que descansa en las montañas

La finca del arquitecto danés Jorn Utzon en S'Horta gira en torno a una terraza y encontrarla es toda una hazaña


Las casas frente al mar dan pereza en invierno. El arquitecto Jorn Utzon construyó Can Lis en Portopetro y se hartó del Mediterráneo. El rugido marino hizo que construyera Can Feliç, en S'Horta, su casa mágica de las montañas.

LOLA SAMPEDRO

Las casas al borde del mar son joyas a menudo sobrevaloradas. Si se piensan como viviendas para el verano, son ideales. Ahora, si se desea habitarlas durante todo el año, algunas pueden llegar a convertirse en un auténtico horror. Algo así debió pensar el arquitecto danés Jorn Utzon cuando abandonó la bella Can Lis, su casa en Portopetro, para irse a Can Feliç. Si la primera está a la orilla del Mediterráneo, la segunda se ubica en el interior, en S'Horta, resguardada del rugido marino en los meses de invierno.

Veintidós años después de la construcción de Can Lis, Utzon y su esposa decidieron vivir la mayor parte del año en Mallorca. El alto grado de humedad de Portopetro, que la casa se convirtiera en punto de peregrinación para miles de arquitectos seguidores del danés y que se urbanizaran los alrededores fueron las causas principales para que el matrimonio cediera Can Lis a sus hijos y se trasladara a una nueva vivienda.

Si Can Lis es la Casa del Sol, Can Feliz es la de las montañas. Una vivienda de interior rodeada de naturaleza en su máxima expresión. El genial arquitecto optó por alejarse de la brisa húmeda de Portopetro para envolverse de la calma de S'Horta. Sus dos casas mallorquinas tienen grandes ventanales, pero si Can Lis ofrece vistas espectaculares al Mediterráneo, Can Feliç mira de frente a la tierra seca de los pinares.

A pesar de descansar sobre terrenos antagónicos, ambas casas tienen muchos puntos en común. El marés es en las dos el material omnipresente y otorga a la vivienda armonía con el entorno, característica indiscutible en las obras de Utzon. «El siempre ha aprovechado las ventajas que le ofrecen los solares donde decide edificar», asegura la arquitecta mallorquina Joana Roca, gran conocedora de la obra de danés.

Can Feliç gira en torno a una terraza y está construida bajo un único techo con cubiertas de teja árabe. Sus ventanas, igual que las de Can Lis, al estar montadas por el exterior, parecen no existir. El salón principal es un tributo al paisaje mallorquín, enmarca la montaña como si de una obra de arte se tratara.

Esta segunda casa de Utzon en Mallorca acogió al matrimonio hasta que decidieron volver a vivir en Dinamarca. El arquitecto danés ya tiene 86 años y Can Feliç es hoy el hogar de su hija Lin, que gusta de pasar los veranos en Cas Lis.

El casoplón de hoy es una casa mágica y, por mucho que Utzon insistiera en su día en la alegría que le provocaba recibir visitas, lo cierto es que la vivienda es harto difícil de encontrar. Incluso un mito gira en torno a ella: dicen que los que logran encontrarla, al volver sobre su camino, si se les pregunta, son ya incapaces de indicar el recorrido.

 
   
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