Entre Ses Salines y Santanyí está la
finca más grande de Mallorca. Se llama Sa
Vall y es de una sola familia, los March.
Lagos cristalinos y 35 kilómetros de
terreno en un palacio que es identidad de
una saga familiar siempre sinónimo de
riqueza.
LOLA SAMPEDRO
No es un
complejo hotelero, ni una escuela, ni un
convento. La (súper) mansión de la
fotografía que abre esta página es
propiedad de una sola familia: los March.
Se llama Sa Vall, es la finca más grande de
Mallorca y está entre Ses Salines y
Santanyí. Apunte especial para los futuros
inquilinos de los minipisos de la ministra
Trujillo: el casoplón de hoy abarca
35 kilómetros de terreno.
Si
Mallorca es un paraíso, Sa Vall es la
repera. Un oasis en el Edén, o algo así.
Con lagos (!), con uno de los mejores
jardines botánicos de Europa y con tierra,
mucha tierra que recuerda a diario lo que
puede hacer el dinero.
Un billete se
rompe, pero muchos juntos pueden comprar
una maravilla como esta mansión.
Para eso quería el dinero Juan March
Ordinas, el fundador del imperio de una
saga familiar poseedora de una fortuna de
2.400 millones de dólares. Él ansiaba
dinero porque le otorgaba poder.
Los
March son sinónimo de riqueza y figuran
entre los 216 más ricos del mundo, según la
selecta lista de la revista Forbes. Unos
mallorquines de oro perennes como los
cactus que se cultivan en el jardín de Sa
Vall.
El patriarca fue «el último
pirata del Mediterráneo», un empresario
adelantado a su tiempo que formó un imperio
comercial a partir del
contrabando.
Nació el tres de octubre
de 1880, a las once y media de la noche, en
una humilde casa de Santa Margalida. Era el
hijo menor del matrimonio formado por Juan
March Estelrich y Maciana Ordinas Pastor.
Débil y enfermizo, pero dotado de una
inteligencia extraordinaria, pronto se
convertiría en el favorito de su
abuelo.
La madre del joven March
fallecería a los 32 años, cuando su hijo
pequeño tenía solamente siete. Este suceso
marcaría sobremanera a aquel niño enclenque
que hasta aquel fatídico desenlace estuvo
siempre protegido por su madre.
Juan
March Ordinas no tardó en enamorarse del
poder y en darse cuenta de que el medio
para conseguirlo es el dinero. Entendió que
la forma para convertir el dinero en poder
es la compra de voluntades, es decir, la
corrupción.
Tardó menos, si cabe, en
aprender que el poder y el dinero granjean
la admiración, el respeto y la
subordinación de la mayoría de las
personas. Como resumen, gustaba de decir
esta frase: «Si robas un pan, te llamarán
ladrón. Si robas un millón, te dirán
estafador. Pero si robas cientos de
millones, te llamarán magnate y se
arrodillarán ante ti».
Los
herederos. En
febrero de 1962 su Cadillac patinó y chocó
contra un vehículo que circulaba en
dirección contraria. Fue en el kilómetro 21
de la carretera nacional Madrid-Coruña.
Falleció dos semanas más tarde en la
madrileña Clínica de la
Concepción.
Los herederos que hoy
encabezan el imperio familiar son Juan
March Delgado y Carlos March Delgado,
nietos del fundador. El primero es
ingeniero industrial y posee el 20 por
ciento de la fortuna familiar. Es
presidente de la Fundación March.
La
gente cercana a ellos asegura que los dos
hermanos se llevan muy bien y no existe
rivalidad entre ambos.