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IMPRESIONES
Cuando Grosske cae de nuevo en la exageración pierde la razón
Cuando se creía que en el edificio de
Cort ya no quedaba ningún símbolo que
recordara la época franquista, Eberhard
Grosske, líder de los rojiverdes en
el Ayuntamiento de Palma -que acaba de
hacer algo inusual en un político,
autocrítica- ha descubierto que en el salón
de sesiones existe una placa, en recuerdo
del nombramiento del general García-Ruiz
como hijo adoptivo de la ciudad, que por
estar fechada en «mayo de 1939, año de la
victoria», es franquista y en consecuencia
solicita que sea quitada porque esta
redactada con una terminología de una época
dictatorial. Pero eso no es todo. A
Eberhard, tampoco le parece bien que el
salón de plenos esté presidido por un
crucifijo que, según su opinión, simboliza
«una concepción política propia de la época
medieval y de las monarquías absolutas». No
creemos que este modo de hacer política sea
la mejor manera, tal como el mismo ha
reconocido, de remontar la caída de su
opsicón política que este periódico
vaticinaba en la última encuesta publicada.
Sinceramente, consideramos que hay cosas
mucho más importantes de las que ocuparse y
preocuparse en Palma que destinar el tiempo
del próximo pleno en una propuesta para
eliminar una placa y un crucifijo.
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