MARTA CUNILL
CALA EN
PORTER.- Derek y Nicola son una pareja
inglesa con tres hijos. El 12 de febrero de
1997 compraron un chalet en Cala en Porter
y alquilaron un bar de copas, que
regentaron hasta que Nicola empezó a sufrir
vómitos y ansiedad. El médico le ha
diagnosticado un «trastorno adaptativo»
causado por los malos olores que se
desprenden de la depuradora enclavada a
apenas tres metros de su casa.
La
estación de aguas residuales construida en
1.991 está gestionada por el Instituto
Balear de Saneamiento (IBASAN), por
concesión del Ayuntamiento de Alaior. Hace
unos años, los vecinos colindantes de la
zona empezaron a denunciar el mal olor que
se desprendía tanto de la EDAR, como de la
red de alcantarillado cuando se hallaba
averiada. Dependiendo de cómo sopla el
viento y de la estación del año, el
visitante se puede topar con un aire
impregnado de una mezcla escatológica y
química que ha condicionado durante cuatro
años la vida de los habitantes colindantes
a la depuradora. El peor de los casos es el
de Nicola y Derek.
El mal estado de
salud de Nicola empeoró con el tiempo hasta
que derivó en una depresión. Lo dejó todo.
Como consecuencia, la pareja presentó una
reclamación patrimonial ante el
Ayuntamiento de Alaior. Según su abogada,
antes intentaron dialogar tanto con el
anterior alcalde de Alaior, Antonio Gómez
Arbona, como con el actual, Pau Morlà. Pero
como las conversaciones no llegaron a
ningún fin, Nicola y Derek optaron por la
vía judicial.
El pasado mayo, los
afectados interpusieron un pleito contra el
Ayuntamiento de Alaior, la empresa Sorea y
el IBASAN. Los tres organismos figuran en
la demanda porque, según la abogada, «es un
problema» saber quien es el responsable.
«El Consistorio lanza pelotas fuera y unos
culpan a los otros», asegura. El
Ayuntamiento es quien suministra el
servicio; Sorea es la empresa contratada
por la administración local para que
gestione el alcantarillado y el IBASAN
gestiona la depuradora.
En la
demanda, se pide una nueva ubicación para
la depuradora y, como medida cautelar, que
se realoje al matrimonio y a sus hijos en
otra vivienda. También piden una permuta de
la vivienda y una compensación económica
por los daños causados. Y es que la mujer
de Derek, según un informe médico, padece
«trastorno adaptativo con síntomas
predominantemente depresivos», además de
«vómitos, náuseas e insomnio». Nicola tiene
que viajar varias veces al año a Inglaterra
para recuperarse, sobretodo en verano
cuando, según aseguran los vecinos, el olor
procedente de la depuradora es más fuerte.
La afectada empezó con este
diagnóstico a raíz de dos averías en la red
de alcantarillado de Cala en Porter en
verano del 2001. Los problemas se
produjeron como consecuencia del aumento
del caudal del agua que, en verano, la
depuradora tiene que limpiar. Durante la
temporada estival se limpian entre 700 y
800 metros cúbicos de agua, mientras que en
invierno, sólo 150.
Los gases
malolientes procedentes de la depuradora no
son imaginaciones de la pareja inglesa. Así
lo confirma un dictamen técnico, al que ha
tenido acceso el Mundo /El Dia de Baleares,
elaborado por José Antonio Fallas y Rafael
Mujeriego, dos ingenieros de caminos,
canales y puertos. Los técnicos aseguran
que el hecho de que las estaciones de
impulsión de la red de alcantarillado sean
escalonadas puede «facilitar la generación
de gases malolientes», principalmente de
ácido sulfhídrico, conocido como olor a
huevos podridos. El hedor, aseguran los
técnicos, es «consecuencia del tiempo que
el agua permanece sin aireación» durante su
recorrido desde las estaciones de impulsión
de la red de alcantarillado hasta la
depuradora. La altas temperaturas del
verano «potencian» este tipo de olores,
señala el informe.
Debido a su
delicado estado de salud, Nicola viajó a
principios de verano a Inglaterra. Su
marido y sus hijos se han quedado a Cala en
Porter. El pleito se encuentra ahora en
fase probatoria.