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EL MUNDO OPINA
Políticas inteligentes
Resulta incomprensible la política de
imponer sanciones a diestro y siniestro
para, después, dejar de cobrarlas. Esta
actitud sólo tiene como resultado que
quienes incumplen lo establecido se sientan
libres para seguir haciéndolo. Además,
quien presume de imponer un elevado número
de sanciones para después no cobrarlas
busca, o eso parece, una imagen de eficacia
que nada tiene que ver luego con la
realidad. Mejorar la gestión de los cobros
de estas multas supone, por un lado, dotar
de seriedad absoluta a aquello que se ha de
cumplir, sean leyes, reglamentos,
ordenanzas, decretos... Por otro lado,
beneficia a las arcas de la institución,
que tienen en la política sancionadora una
fuente de ingresos nada despreciable. De
ahí la inteligencia del PP y, en concreto
de la consellera Matutes, a la hora de
buscar fórmulas que permitan que cada vez
sean menos los que intenten evitar el pasar
por caja. De nada sirven 100 millones de
multas si, luego, no se hacen cumplir.
Sobre todo en áreas tan sensibles como el
turismo o el urbanismo.
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