EL MUNDO
"Los artistas no
cumplen años», respondió Eugene Prokop
cuando un escritor le sugirió poner su edad
en un libro donde se iba a hablar de él. El
hombre que hizo grande el Festival de
Pollença murió en la madrugada de ayer en
Bruselas por culpa de un virus
hospitalario, después de ser intervenido de
una rotura de cadera. Sus últimas tres
semanas de vida las pasó, según recordaba
su viuda Antoinette, luchando por seguir
cumpliendo años, más de 83, ante
incredulidad de los médicos que le
atendían, sosprendidos por la enorme
resistencia de este checo nacionalizado
belga que echó raíces en
Mallorca.
Prokop era conocido por su
labor de 30 años al frente de la dirección
artística del Festival de Pollença, pero
ante todo era un músico, un artista.
Virtuoso del violín -llegó a ofrecer clases
magistrales en Australia y Viena, además de
ser el maestro particular de la reina
Elisabeth de Bélgica-, heredó la batuta del
festival pollensí en 1965, tras la muerte
de su fundador, el maestro Philip Newman.
Prokop no dudó nunca en declararse
discípulo y continuador de la obra del
violinista británico, con el que compartió
una relación de fluida amistad.
La
noticia del fallecimiento de Eugene Prokop
cogió por sorpresa al consistorio de
Pollença, pero lo cierto es que hacía ya
bastantes años que su salud era delicada y
había pensado, incluso, en retirarse.
Aquejado de parkinson, su última
intervención como músico en su amado
festival se produjo en 1997, cuando dirigió
la Pollença Festival String. Desde entonces
trabajó en la sombra para que el cartel de
uno de los eventos musicales más
importantes de cuantos tienen lugar en
Mallorca estuviera siempre a la altura. Y
así ha sido hasta el día de hoy, en que, en
pleno luto por la muerte del mecenas, actúa
en el claustro de Sant Domingo el Brubeck
Brothers Quartet, un conjunto de cámara, la
música que el maestro comparaba con la
poesía.
Eugene Prokop no podrá ser
enterrado en Pollença como hubiera deseado,
ya que, al parecer, no hay un solo sitio en
el cementerio de la localidad. Su funeral
sí que tendrá lugar, sin embargo, en el
pueblo cuyo nombre llevó por todo el mundo
en búsqueda constante de la mejor música.