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  Viernes, 24 de junio de 2005 Actualizado a las 01:42
 

SANT JOAN / FIESTA EN LA PLAYA
Un marco de agua y fuego envuelve la noche mágica

5.000 palmesanos, la mitad que en 2004, se dieron cita en Ciudad Jardín Sólo hubo retenciones de tráfico puntuales<


LOLA SAMPEDRO

PALMA.- ¿Por qué será que todo el mundo quiere un poco de magia en su vida? Las fantasías, los anhelos del hombre volvieron ayer noche a hacerse un hueco en el calendario. La víspera de San Joan, como cada año, fue la excusa perfecta para juguetear con el fuego y los sueños que a menudo se olvidan. Lejos queda ahora un invierno demasiado frío. El solsticio de verano llegó, y eso mereció una fiesta.

Para la bienvenida, fuego, música y playa. Hubo donde elegir. Parc de la Mar, Ciudad Jardín o Fundación Joan Miró. Sin los dimonis de Iguana Teatre, la fiesta empezó con un largo y lento recorrido. A pesar de que desde el Ayuntamiento se hizo un llamamiento a los ciudadanos para que utilizasen el servicio público (se reforzó la línea 15) y que se habilitara el aparcamiento del Carrefour del Coll d'en Rabassa, la gente insistió en utilizar el coche. Costó llegar, pero llegaron.

El grupo de música Free Style Funk Foundation empezó a tocar sobre las ocho y media de la tarde en Ciudad Jardín. Era el inicio de una fiesta que se prolongaría hasta altas horas de la madrugada. Siguieron Polvorosa y 08001 como prólogo al encendido de la primera hoguera. Fusión, funk y flamenco en la velada del Ayuntamiento de Palma, menos concurrida que el año pasado pero igualmente animada. La Policía local calcula que unos 5.000 palmesanos acudieron a la fiesta, la mitad que en 2004.

Con el primer fuego en llamas, lo demás se sirvió solo. Monstruos, sapos y culebras llegaron con el Correfoc a las once menos cuarto de una noche bruja donde no hay miedo que valga ni cuerpo que se resista a los envites de la noche más larga del año.

Sortilegios

Abuelos , padres, novias y niños. Daba igual la edad y la condición. La velada fue larga y lo importante era recargar las pilas para la media noche, el momento mágico en que hasta los más escépticos creen en los sortilegios.

A solas o en grupo, todos pudieron pedir un deseo. El encantamiento colectivo de Ciudad Jardín con el actor Manel Barceló como maestro de ceremonias fue la prueba irrefutable que en San Joan y en el Mediterráneo, se puede desear cualquier cosa. Si se cumple o no, ya se sabrá el año que viene.

Más allá de Ciudad Jardín, el Parc de la Mar sobrevivió al recorte presupuestario del Ayuntamiento. La Federación de Asociaciones de Vecinos volvió a brindar una fiesta sin playa, pero con los de siempre. A parte de la ausencia de los dimonis de Iguana Teatre, Al Mayurca y la Gran Orquesta Republicana pusieron la banda sonora a los pies de la catedral.

Pero no todo quedó en Ciudad Jardín y en el Parc de la Mar. La Fundación Pilar i Joan Miró ya llevaba dos días de festividad y ayer noche volvió a ofrecer diversión a raudales. Actuaciones musicales, talleres, exposiciones y la emisión en directo desde su sede del programa La ciudad invisible de Radio 3. Sus jardines se abrieron al público.

La principal novedad fue el programa de radio presentado por Marta Echevarría, que se emitió desde las siete hasta las ocho y media de la noche. Por si alguien se quedó con las ganas, hoy volverán a repetir la experiencia radiofónica.

Sterlin, The Magnetic Band, Neo Tokyo, The Redsuns y Kromo pusieron la música en la Fundación Pilar i Joan Miró. Sobre el escenario, además de canciones, hubo proyecciones de audiovisuales y juegos de luz.

Y es que el fuego y la música son cada año los protagonistas de la noche de Sant Joan. Las hogueras y los deseos van acompañados de canciones.

A esas horas de la noche ya nadie recordaba el tiempo perdido en el atasco, que fue menor que el año pasado. A nadie le importaba ya haber tropezado con la misma piedra que los años anteriores. Piedra con la que, seguramente, la mayoría volverá a tropezar el año que viene. Con los coches ya aparcados, el fuego encendido y los deseos pedidos, los inconvenientes desaparecen.

Todo el mundo quiso mojarse los pies en el mar y jugar con las llamas. Si se preguntaba, nadie quiso revelar su deseo. Trae mala suerte y, aunque sólo sea una vez al año, más vale cultivar la fortuna.

 
   
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