LOLA SAMPEDRO
PALMA.- ¿Por qué
será que todo el mundo quiere un poco de
magia en su vida? Las fantasías, los
anhelos del hombre volvieron ayer noche a
hacerse un hueco en el calendario. La
víspera de San Joan, como cada año, fue la
excusa perfecta para juguetear con el fuego
y los sueños que a menudo se olvidan. Lejos
queda ahora un invierno demasiado frío. El
solsticio de verano llegó, y eso mereció
una fiesta.
Para la bienvenida,
fuego, música y playa. Hubo donde elegir.
Parc de la Mar, Ciudad Jardín o Fundación
Joan Miró. Sin los dimonis de Iguana
Teatre, la fiesta empezó con un largo y
lento recorrido. A pesar de que desde el
Ayuntamiento se hizo un llamamiento a los
ciudadanos para que utilizasen el servicio
público (se reforzó la línea 15) y que se
habilitara el aparcamiento del Carrefour
del Coll d'en Rabassa, la gente
insistió en utilizar el coche. Costó
llegar, pero llegaron.
El grupo de
música Free Style Funk Foundation empezó a
tocar sobre las ocho y media de la tarde en
Ciudad Jardín. Era el inicio de una fiesta
que se prolongaría hasta altas horas de la
madrugada. Siguieron Polvorosa y 08001 como
prólogo al encendido de la primera hoguera.
Fusión, funk y flamenco en la velada del
Ayuntamiento de Palma, menos concurrida que
el año pasado pero igualmente animada. La
Policía local calcula que unos 5.000
palmesanos acudieron a la fiesta, la mitad
que en 2004.
Con el primer fuego en
llamas, lo demás se sirvió solo. Monstruos,
sapos y culebras llegaron con el Correfoc a
las once menos cuarto de una noche bruja
donde no hay miedo que valga ni cuerpo que
se resista a los envites de la noche más
larga del
año.
Sortilegios
Abuelos
, padres, novias y niños. Daba igual la
edad y la condición. La velada fue larga y
lo importante era recargar las pilas para
la media noche, el momento mágico en que
hasta los más escépticos creen en los
sortilegios.
A solas o en grupo,
todos pudieron pedir un deseo. El
encantamiento colectivo de Ciudad Jardín
con el actor Manel Barceló como maestro de
ceremonias fue la prueba irrefutable que en
San Joan y en el Mediterráneo, se puede
desear cualquier cosa. Si se cumple o no,
ya se sabrá el año que viene.
Más
allá de Ciudad Jardín, el Parc de la Mar
sobrevivió al recorte presupuestario del
Ayuntamiento. La Federación de Asociaciones
de Vecinos volvió a brindar una fiesta sin
playa, pero con los de siempre. A parte de
la ausencia de los dimonis de Iguana
Teatre, Al Mayurca y la Gran Orquesta
Republicana pusieron la banda sonora a los
pies de la catedral.
Pero no todo
quedó en Ciudad Jardín y en el Parc de la
Mar. La Fundación Pilar i Joan Miró ya
llevaba dos días de festividad y ayer noche
volvió a ofrecer diversión a raudales.
Actuaciones musicales, talleres,
exposiciones y la emisión en directo desde
su sede del programa La ciudad
invisible de Radio 3. Sus jardines se
abrieron al público.
La principal
novedad fue el programa de radio presentado
por Marta Echevarría, que se emitió desde
las siete hasta las ocho y media de la
noche. Por si alguien se quedó con las
ganas, hoy volverán a repetir la
experiencia radiofónica.
Sterlin, The
Magnetic Band, Neo Tokyo, The Redsuns y
Kromo pusieron la música en la Fundación
Pilar i Joan Miró. Sobre el escenario,
además de canciones, hubo proyecciones de
audiovisuales y juegos de luz.
Y es
que el fuego y la música son cada año los
protagonistas de la noche de Sant Joan. Las
hogueras y los deseos van acompañados de
canciones.
A esas horas de la noche
ya nadie recordaba el tiempo perdido en el
atasco, que fue menor que el año pasado. A
nadie le importaba ya haber tropezado con
la misma piedra que los años anteriores.
Piedra con la que, seguramente, la mayoría
volverá a tropezar el año que viene. Con
los coches ya aparcados, el fuego encendido
y los deseos pedidos, los inconvenientes
desaparecen.
Todo el mundo quiso
mojarse los pies en el mar y jugar con las
llamas. Si se preguntaba, nadie quiso
revelar su deseo. Trae mala suerte y,
aunque sólo sea una vez al año, más vale
cultivar la fortuna.