ANTONI MARTÍ
BINISSALEM.- El
pasado martes 31 de junio los depojos de un
muchacho de unos 20 años de edad exhumados
recientemente de la antigua iglesia de
Rubines viajaron a Barcelona para someterse
a la prueba del carbono 14 que determinará
si efectivamente el cadáver tiene siete
siglos de antigüedad como apuntan los
primeros indicios.
El descubrimiento
de esta tumba junto al presbiterio del
templo más antiguo de Binissalem salía a la
luz hace apenas dos semanas durante los
trabajos arqueológicos que coordinan Rut y
Juan José Cairados. Una hebilla fue el
único objeto personal que se encontró junto
a un cuerpo que en contra de lo habitual
presentaba las manos sobre la pelvis y no
sobre el pecho.
Este hallazgo abre
ahora otro interrogante mayor en torno a la
identidad el joven enterrado, ya que según
las órdenes de Alfonso X, El Sabio
(1252-1284) dictaminó que en las iglesias
sólo se pudieran enterrar personas reales,
prelados, ricos-hombres o personas
ilustres.
La dificultad a la hora de
precisar quién puede ser estriba en que por
ahora no se han hallado otros cadáveres aún
sabiendo que Rubines contaba en 1233 ya con
iglesia y en 1270 se constituía en
parroquia. Según apunta una primera
hipótesis podría ser hijo de Bernardo de
Avinent, vecino de Rubines que en 1270 con
escritura de 5 de diciembre autorizado por
el notario Pascasio Porri, «fundaba un
beneficio curado a la parroquia un esclavo,
un buey, una casa y bastantes tierras
labrantías». Por ello bien pudiera ser un
personaje poderoso que hubiera solicitado
enterrar a su hijo en la Iglesia.
Las
viejas lápidas del cementerio
binissalemer documentado más
antiguo, están pendientes de una reforma
para transformar este recinto en el museo
ancestral de la piedra del municipio.