No se trata de víctimas mortales
causadas por los elementos de la
naturaleza, sino por el exceso de otros
movimientos ocurridos en esta isla por
otros distintos aspectos.
Aquí de lo
que se trata es del maremagnum de
obras, sobre la piel de esta hermosa y
antes paradisíaca isla, descrita por
Santiago Rossinyol, en su obra La
Isla de la Calma.
No quiero citar
nombres, por no molestar a su ego, sólo
hechos, Universidad Balear, cárcel de
Palma, en la misma entrada de la ciudad
digna de un Palacio de Congresos, etc.,
taponamiento del túnel del ferrocarril de
mercancías, que unía la Plaza de España y
el puerto de Palma, construido alrededor
del año 1929, emplazamiento perfecto para
unir por medio de una línea de metro, que
diluiría la circulación por el centro de la
ciudad (está hecho), sólo debería ser
reestructurado, con sus salidas donde
convinieran, Teatro Principal, Borne,
puerto.
Otra circunstancia, ha sido
también convertir el suelo de la ciudad en
un gran garaje con sus aparcamientos, con
las aglomeraciones de coches y
consecuentemente, ruidos y problemas
circulatorios, que producen intranquilidad
en la vida de los ciudadanos. El Parque de
las Estaciones, que después de tres años de
haberlo terminado, y que constituía el
único espacio verde en este sector de la
Ciudad, para esparcimiento de los
ciudadanos, su destrucción para soterrar
las líneas de la red ferroviaria y que
producirán el consiguiente colapso, en la
Plaza de España, en un futuro.
Por
último el macro programa de obras,
extendido por toda la Isla, con el
correspondiente deterioro de nuestro
entorno, cuando hubiese sido mucho más
lógico, hacer la inversión en la puesta a
punto de la red ferroviaria, con las
estructuras ya construidas, y solamente
había que ponerlas al día, con servicios
rápidos confortables y baratos, es lo único
que le quitará el endiosamiento del
artefacto llamado «coche» y que es la causa
de tantas desdichas mortales, con unos
transportes públicos, que acercaran a los
núcleos de población donde no llegara la
red ferroviaria.
En Mallorca, no
hemos tenido buenos gobernantes, sólo los
políticos, que producen los partidos, con
programas por ellos inventados, y que se
desdicen unos de otros, con el único
objetivo de permanecer en el poder en la
«próxima temporada», sin pensar en absoluto
por el futuro bienestar de los habitantes
de las Islas. Hay que reconocer que lo
único que ha producido riqueza ha sido el
espíritu empresarial del sector turístico,
con la gran afluencia de capital extranjero
y que es una lástima que no se haya ido a
la idea de sustituir la cantidad por la
calidad y entonces no hubiéramos tenido que
realizar todas estas estructuras de obras y
las que se avecinan en el futuro, desde
residuos, electricidad, agua,
etc.
Verdaderamente, como obras
importantes para la isla, solamente se
pueden citar Jaime III, Paseo Marítimo, el
Dique del Oeste (Dios quiera que no lo
cierren a los ciudadanos, que vamos a
disfrutar de los bellos atardeceres y
movimientos de buques y embarcaciones, de
recreo, con las bellas siluetas de la Seu y
demás campanarios de iglesias, que se
pueden otear desde su paseo).
También
el Túnel de Soller, que después del
transcurso de los años desde su creación,
ha beneficiado la circulación hacia la
ciudad de los naranjos. Y en la misma
proporción la red ferroviaria de los
Ferrocarriles de Mallorca que se extendió
por toda esta isla.
Estas son la
divagaciones de un mallorquín octogenario,
«garriguer de S'Hostalet», que
le duele que no se hubiesen seguido otros
derroteros para esta isla y que en lugar de
hermosearla con bellos retoques, se han
realizado todas estas cicatrices sobre su
cuerpo, y que la han cambiado en toda su
belleza y gracia.
Termino con el
refrán antiguo mallorquín, que recuerdo
repetía l'amo en Miquel de
S'Hostalet a mi padre «Senyor Deu
ens guard d'un ja està fet».