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  Miércoles, 11 de mayo de 2005 Actualizado a las 01:11
 

LA MIRADA
Maremoto sobre Mallorca

EDUARDO BLANES


No se trata de víctimas mortales causadas por los elementos de la naturaleza, sino por el exceso de otros movimientos ocurridos en esta isla por otros distintos aspectos.

Aquí de lo que se trata es del maremagnum de obras, sobre la piel de esta hermosa y antes paradisíaca isla, descrita por Santiago Rossinyol, en su obra La Isla de la Calma.

No quiero citar nombres, por no molestar a su ego, sólo hechos, Universidad Balear, cárcel de Palma, en la misma entrada de la ciudad digna de un Palacio de Congresos, etc., taponamiento del túnel del ferrocarril de mercancías, que unía la Plaza de España y el puerto de Palma, construido alrededor del año 1929, emplazamiento perfecto para unir por medio de una línea de metro, que diluiría la circulación por el centro de la ciudad (está hecho), sólo debería ser reestructurado, con sus salidas donde convinieran, Teatro Principal, Borne, puerto.

Otra circunstancia, ha sido también convertir el suelo de la ciudad en un gran garaje con sus aparcamientos, con las aglomeraciones de coches y consecuentemente, ruidos y problemas circulatorios, que producen intranquilidad en la vida de los ciudadanos. El Parque de las Estaciones, que después de tres años de haberlo terminado, y que constituía el único espacio verde en este sector de la Ciudad, para esparcimiento de los ciudadanos, su destrucción para soterrar las líneas de la red ferroviaria y que producirán el consiguiente colapso, en la Plaza de España, en un futuro.

Por último el macro programa de obras, extendido por toda la Isla, con el correspondiente deterioro de nuestro entorno, cuando hubiese sido mucho más lógico, hacer la inversión en la puesta a punto de la red ferroviaria, con las estructuras ya construidas, y solamente había que ponerlas al día, con servicios rápidos confortables y baratos, es lo único que le quitará el endiosamiento del artefacto llamado «coche» y que es la causa de tantas desdichas mortales, con unos transportes públicos, que acercaran a los núcleos de población donde no llegara la red ferroviaria.

En Mallorca, no hemos tenido buenos gobernantes, sólo los políticos, que producen los partidos, con programas por ellos inventados, y que se desdicen unos de otros, con el único objetivo de permanecer en el poder en la «próxima temporada», sin pensar en absoluto por el futuro bienestar de los habitantes de las Islas. Hay que reconocer que lo único que ha producido riqueza ha sido el espíritu empresarial del sector turístico, con la gran afluencia de capital extranjero y que es una lástima que no se haya ido a la idea de sustituir la cantidad por la calidad y entonces no hubiéramos tenido que realizar todas estas estructuras de obras y las que se avecinan en el futuro, desde residuos, electricidad, agua, etc.

Verdaderamente, como obras importantes para la isla, solamente se pueden citar Jaime III, Paseo Marítimo, el Dique del Oeste (Dios quiera que no lo cierren a los ciudadanos, que vamos a disfrutar de los bellos atardeceres y movimientos de buques y embarcaciones, de recreo, con las bellas siluetas de la Seu y demás campanarios de iglesias, que se pueden otear desde su paseo).

También el Túnel de Soller, que después del transcurso de los años desde su creación, ha beneficiado la circulación hacia la ciudad de los naranjos. Y en la misma proporción la red ferroviaria de los Ferrocarriles de Mallorca que se extendió por toda esta isla.

Estas son la divagaciones de un mallorquín octogenario, «garriguer de S'Hostalet», que le duele que no se hubiesen seguido otros derroteros para esta isla y que en lugar de hermosearla con bellos retoques, se han realizado todas estas cicatrices sobre su cuerpo, y que la han cambiado en toda su belleza y gracia.

Termino con el refrán antiguo mallorquín, que recuerdo repetía l'amo en Miquel de S'Hostalet a mi padre «Senyor Deu ens guard d'un ja està fet».

 
   
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