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ELMUNDO OPINA
Por un mayor decoro
El taxi, conviene recordarlo, es un
servicio público o, lo que es más grave, un
servicio público en régimen de monopolio de
sus concesionarios. Quiere ello decir, que
la titularidad del taxi no es de sus
propietarios, sino del Ayuntamiento. Ya es
discutible que un servicio público esté
autorizado a servir de soporte
publicitario, pero, admitiendo que así sea,
las exigencias de decoro no sólo son
convenientes, sino obligadas. Y no se trata
de pudibundeces e hipócritas juicios
escandalizados, sino de elementales normas
que cabe exigir a un servicio público que,
obviamente, no está para anunciar
puticlubs, publicitar el comercio
del sexo y demás industrias de la
calentura. Sorprende, en este sentido, que
se haya tenido que llegar a un
ukasse municipal para erradicar la
querencia al porno-taxi: el propio
sector, haciendo elemental ejercicio de
buen gusto y sentido común, debería
autorregularse en estas materias y hacer
innecesaria la intervención municipal. Un
poco de sensatez y prudencia son de
cajón.
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