«Se comerán las unas a las otras y la
última la fagocitará el Estado».
Marx intuyó el proceso de
absorciones que están desarrollando las
grandes compañías (con una ambigüedad
manifiesta las llaman fusiones), pero se
equivocó con la percepción de que el ente
superior acabaría controlándolo todo, por
lo menos en esta fase. Hoy el juego
consiste en repartirse el pastel de una
forma civilizada.
Los magnates que
creen en la libre empresa acaban
pactando los precios en sectores tan
variados como la electricidad, viajes,
alimentación, gasolina, licitaciones de
construcción, materias primas, etc..., y si
los jueces al objeto de hacer respetar los
principios de la competencia se las ven y
se las desean para conseguir pruebas de
este contubernio, hay que admitir que lo
tienen francamente difícil. No existen
papeles, ni siquiera conversaciones
telefónicas, la dinámica es más simple: un
diálogo en profundidad con motivo del
encuentro en un cocktail, tomar nota en la
agenda de los dígitos por donde debe
moverse la oferta, darse un apretón de
manos y ya está.
Desplazándonos al
terreno doméstico y a raíz de visitar
supermercados tan conocidos en Palma como
Alcampo, Carrefour, Mercadona y Syp Eroski,
observaremos que los precios de productos
con igual marca y medida -se exponen por el
mismo orden-, como: «leche desnatada
Pascual»: 0,77 euros, 0,77 , 0,77 , 0,79;
«sardinas Miau»: 0,70 euros, 0,71 euros,
0,75 euros, 0,89 y «huevos avícola
Ballester XL»: 1,75 euros (Dagu), 1,79 ,
(Guillen) 1,30 , 1,98 , mantienen esas
diferencias que justifican el recelo.
Independientemente de asumir que una vez
analizada la rotación de ciertos artículos
y pulsando las teclas del ordenador se
pueden bajar sus importes y realizando
idéntico movimiento permite subir a otros y
nivelar así los ingresos, en casi todas las
propuestas se adivina la mano del experto
en marketing que apela a los números
impares para configurar las ofertas, por
aquello de que en el inconsciente dan la
impresión de baratos (Un envasado de salmón
de 7 euros es más económico que otro de 8,
pero conceptualmente superior a 1
euro).
Hoy en Mallorca
afortunadamente existe una acusada
rivalidad en sectores tan significativos
como los Seguros (no ocurre lo mismo en
Banca), ya que las diferencias de los
importes de las primas de unas compañías a
otras pueden ser reveladoras. Herreros,
carpinteros y marmolistas a la hora de
efectuar el mismo trabajo y utilizando
análogos materiales registran en sus
presupuestos diferencias entre un 15 a un
30%. Que estas desigualdades se deban al
cuidado en cómo se realiza el trabajo o que
algunos pretendan obtener más beneficio, es
algo que sólo los que están en el ramo son
capaces de detectar. La realidad es que el
sector de la construcción tiende a la
estabilización, por lo que consecuentemente
sus industriales parece que deban mantener
políticas de fidelización de
clientela.
¿Existe competencia entre
las naciones? Londres, capital-eco de lo
que determina Washington, es la ciudad en
donde se fijan los precios internacionales
de los cereales. Previendo acontecimientos,
los especialistas a través de satélites
consiguen saber con meses de anticipación
qué nivel de cosecha va a tener Rusia este
año y así confirmar si pueden o no apretar
los tornillos al señor Putin para
obtener su adhesión en la declaración de
que Siria e Irán están apoyando a los
insurgentes de Irak (eso sí, manteniéndole
un aceptable precio de compra o venta para
el grano), cuestión vital para la política
exterior de EEUU. ¿Competencia: dónde y por
cuánto? solicitó el estudioso una vez que
realizó el trabajo de investigación.