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EL MUNDO OPINA
Una pedagogía del respeto
La idea y la intención son plausibles:
sólo falta que su traducción pedagógica sea
la correcta y se base, no en voluntarismos
y tópicos bienintencionados, sino en
criterios solventes psicopedagógicos. Niños
y niñas, chicos y chicas, mujeres y
hombres, son, por fortuna, iguales, pero,
también afortunadamente, son diferentes.
Conviene recordarlo porque, en estos casos,
se puede pasar fácilmente de una eficaz
pedagogía antisexista a una inútil
pedagogía voluntarista de nulos resultados.
En el fondo, el objetivo que debe presidir
estas iniciativas es, fundamentalemnente,
uno: el respeto por el otro, diferencias
incluidas. El resto vendrá dado por
añadidura. Lo importante no es promover que
las chicas jueguen al fútbol, sino
respetarlas en caso de que les dé la gana
jugarlo... o no jugarlo. Se trata de una
pedagogía del respeto y de la libertad, del
derecho a la propia realización y al propio
proyecto vital. Dicho con otras palabras:
la anécdota -planchar o jugar al fútbol- no
debe ocultar los principios que de verdad
importan.
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