Acabo de leer una carta al director de
una ex empleada del famoso centro capilar
Svenson, en la que se alegra de que por fin
haya saltado a la prensa la verdad sobre el
fraude de esta famosa cadena de
supermercados de champús. El otro día leí
un artículo en un periódico en el que el
autor entraba en el tema y calificaba de
«Apaches» a los responsables de Svenson.
Pues no sabe de la misa la mitad. Que me
pregunte a mí, que trabajé en un centro de
Svenson en Valencia hace veinte años, y lo
tuve que dejar porque no podía pegar ojo
por las noches. No podía conciliar el
sueño, atacado de remordimientos, después
de engañar miserablemente a aquellos pobres
chavales que se dejaban inútilmente el
dinero en potingues para conservar el pelo.
Si yo les contara. Les cuento.
Para
empezar me contrataron en La Coruña, y me
enviaron a trabajar a Sevilla. ¿Por qué?
Descubrí que todos mis compañeros estaban
desplazados de su ciudad de origen. Lógico:
¿cómo íbamos a poder mentir descaradamente
a nuestros paisanos, a gente que tal vez
conoceríamos? No me dieron ninguna
formación profesional, científica. Sólo un
manual insultante enfocado a vender
productos capilares Svenson a aquellos
incautos acojonados con su pérdida de pelo.
Nos metían en una salita con bata blanca,
forrada de diplomas, y el cliente nos
tomaba por médicos. Teníamos órdenes de no
desmentirles esa suposición. Controlábamos
cuántas ampollas de nuestro crecepelo
compraba el cliente, y si algún mes la
venta menguaba, le pegábamos la bronca y le
recordábamos que no tenía que proveerse en
farmacias, sino en nuestro centro, porque
en las farmacias diluían el producto con
agua. Con las pelucas los de Svenson
rizaban el rizo. Sólo podían lavarse la
pelucas, según ellos, con champú Svenson,
que era por supuesto carísimo. El día que
vi cómo mi jefe le pegaba una bronca
monumental a un pobre hombre porque se
había estado lavando el pelo con Johnson
and Johnson, no pude más. En un descuido
del cliente, le echó lejía a la peluca y le
mostró el desperfecto, mientras le decía:
¿ve usted lo que pasa si no usa productos
Svenson? Cuando había que reparar una
peluca la tragedia estaba servida. Hemos de
enviarla a Alemania y tardará un mes,
decíamos. El cliente se quedaba blanco.
¿dónde iba a meter su calva mientras tanto?
La solución era venderle otra peluca de
repuesto: en dos semanas podría tenerla. O
esa misma tarde si desembolsaba una
cantidad absurda de dinero. Algunos
picaban. Lo que no me explico es que se
hayan pasado décadas timando al personal
sin ningún problema con la Justicia. Los
clientes, claro, no pueden asumir que les
han robado, o que el tratamiento ha sido
insatisfactorio. ¿Cómo van a hacerlo si ni
siquiera han asumido que son calvos? Por
eso las denuncias han empezado a venir de
los ex empleados.