JUAN RIERA ROCA
PALMA.- ZP no se
fía de las juventudes de su socio Carod. A
las seis de la tarde de ayer, hora de la
convocatoria de la manifestación
independentista que organiza Esquerra
Republicana de Catalunya y otros
grupúsculos radicales, había en la Plaza de
las Tortugas casi más policías (motos,
furgonetas e infantería) que
manifestantes.
Poco a poco se fueron
reuniendo los 600 manifestantes, según la
Policía, 4.000 según el portavoz de Joves
per la Llengua y Alternativa per Mallorca,
el veterano Tomeu Martí. La marcha partió
del Borne, recorrió las calles Unión,
Ramblas y Barón de Pinopar hasta llegar a
la Plaza de los Patines.
Allí, una
joven de origen británico y vecina de
Campanet llamada Lucy Collyer leyó un
manifiesto en el que se aludió a todas las
luchas desarrolladas por las minorías de
izquierdas durante este año: desde el
rechazo a la construcción del Nuevo Son
Dureta en el Secar de la Real («los que
quieren urbanizar donde acamparon las
tropas del Rey Jaume I no tienen derecho a
portar el Estendard») al «regalo» del
Consell de Mallorca en el 785 aniversario
de la catalanización de Mallorca: «Un Plan
Territorial que 57 urbanizaciones y 11
campos de golf». Pasando por críticas a la
política lingüística del Govern y por la
peculiar denuncia de que «no se puede
hablar en catalán con jueces o
policías».
La manifestación oficial
acabó a las 19.50 con gritos de «Visca,
visca, visca, visca terra lliure»,
momento en que uno de los organizadores
recordó que a las 20.30 comenzaría el
previsto concierto. Esta media hora fue
aprovechada, como cada año, por medio
centenar de radicales que con sus
senyeres estel·lades
(independentistas) se trasladaron a la
Plaza de España, donde tenía lugar la
Ofrenda de Flores de las asociaciones
ciudadanas y representantes municipales al
rey Jaume I.
Allí se concentraron
junto al pasillo que se deja para que las
autoridades salgan de la plaza tras la
ofrenda. Allí, como cada año, mostraron su
odio a unas cuantas personas -muchas menos
y de edad más avanzada- que se habían
concentrado con banderas mallorquinas. Allí
pudieron oírse gritos tipo «Visca terra
lliure», «Canya contra Espanya»,
«Fora, fora, la bandera espanyola» o
«Pim, pam, pum, que no quedi ni
un».
Hubo dos momentos
especialmente tensos: Uno, cuando un señor
con bandera mallorquina que se había
equivocado de lado de la Plaza (dividida en
dos por un cordón policial) se sintió
acosado por jóvenes radicales. No llegó a
pasar nada porque los policías saltaron
unas vallas de protección y lo evitaron. Sí
que se oyeron rabiosos gritos,
especialmente: «Nazis fora». Otro
momento tenso fue cuando salió de la plaza
la alcaldesa Cirer y su séquito: los gritos
arreciaron especialmente.
Por segundo
año consecutivo los radicales acabaron el
acto rindiendo su particular homenaje a la
libertad de expresión, llamando «fascista»
al redactor de EL MUNDO que cubría esta
información. Es sólo una anécdota, pero
sirve como broche.