Vaya por delante decir que pago mis
impuestos en el lugar donde resido. Pago
rigurosamente al mundo con parte de lo que
EL MUNDO me paga a mí. Esa realidad
tributaria -que a la vista parece
intrascendente- no lo es para el
protagonista del título (¿otra vez
Grosske?), un personaje que no me
había hecho pasar tanta vergüenza ajena
(que se dice pronto) como cuando el otro
día se le entrevistaba en la COPE por su
posición contraria a que se le otorgue la
medalla de oro de la Ciudad de Palma al
tenista Carlos Moyà. Ya se sabe que
los males últimos de este país los tiene
esa cadena radiofónica, pero hubiera podido
ser ése el último mal que me aquejaba de no
haber visto publicada la noticia al día
siguiente.
El rotundo argumento para
esa negativa es que Moyà no paga sus
impuestos en esta Comunidad Autónoma, que
habiéndose formado aquí como profesional
tiene una deuda económica con esta
sociedad. Es el juego de una sociedad
capitalista opresora, que pudiera decirse
desde ese ideario, no poder darle un
mordisco a la nómina del campeón sin que
importe dónde se la gane, en Australia o en
la Cuba de los amores del menda. Da igual
la promoción directa y la ganancia
indirecta de la que se beneficia esta
tierra sin darle nada a cambio. Grosske,
paradójicamente, nos acaba de igualar -con
su animadversión- al sueño americano, que
siempre tiene en la boca eso de «yo pago
mis impuestos».
Y esa razón -además
de absurda- venía dicha con un balbuceo
incomprensible y del circunloquio sin
sentido de lo insostenible. Mezclaba el
cuestionado elementos de tipo literario (es
muy rojo eso de dar premios a los
libertarios ortográficos) y no supo
responder muy bien sobre las razones de
porqué otros grandes personajes pudieron
ser propuestos para ello sin que éste
saliera a la palestra a decir
gilipolleces.
De ahí que tributar
aquí me faculte para poder recriminarle que
cuando le fue consultada la propuesta por
Cirer no se manifestó en contra,
para disentir con la editorial de este
diario que le defendía el otro día, y para
hacer público que -para mayor vergüenza-
ninguno de sus compinches compareciera en
el pleno para mantener su postura. Ya sabe
el común de los mortales que el Comunismo
predica una repartición en función de las
necesidades y no en función de las
aptitudes. Y resulta triste que se le
aplique ese postulado al regidor, tal como
exigía hace poco la también comunista
Corriente Roja. De ser por aptitud, no
debiera ser portavoz de Izquierda Unida en
el Ayuntamiento de Palma, pero ya se sabe
como están las necesidades de la coalición
después de su último congreso nacional.
Y viendo donde pagan unos y donde
pagan otros, estaríamos mejor si supiéramos
dónde no pagan unos y donde no pagan otros,
o mucho mejor (estilemos Marxismo) de dónde
quitan unos y de dónde quitan los otros
para darles a los unos y a los otros. El
tongo (la mejor fiscalización de su
coalición) no tributa, y siempre se
cuantifica al alza. Mejor sería saber dónde
tributaron algunas subvenciones dadas a
organizaciones comunistas como Paz y
Solidaridad durante su etapa de
progreso. Dónde fue a parar, por
ejemplo, aquella de cinco millones de pelas
dada por Caro para la creación de un
observatorio para el estudio de los
derechos humanos en Sudamérica, o dónde
tributan por sus empresas algunos cargos
públicos de su coalición.
Moyà
lucirá del cuello la medalla que merece.
Grosske seguirá con su lamparón a
cuestas.