El ya tristemente famoso informe PISA
2003 de la OCDE parece que no ha
sorprendido a ninguno de los expertos
independientes, que los hay. Y tanto
impacto -no se por qué- ha tenido en la
sociedad balear. Los baleares -que son
padres y madres- viven la grave situación
de la enseñanza como una de sus principales
prioridades, por la sencilla razón de que
sus hijos son el principal motivo de sus
desvelos.
Parece que el gobierno
Zapatero se ha olvidado del bien común y de
soluciones reales, convirtiendo la crisis
del sistema educativo, sobre todo en
Baleares, en una nueva trifulca entre
partidos. Puede ser que ahora se inventen
una serie de sofismas y manipulaciones para
encubrir las verdaderas causas y engañarnos
con más falsas soluciones. Y, efectivamente
, pensar que exista algo contra los
ciudadanos de estas islas.
La
distinción entre instrucción y educación
parece esencial. Una parte de la enseñanza
es instrucción, en el sentido de gradual
transmisión de conocimientos
multidisciplinares que tienen por principal
objetivo dotar al alumno de aquella
formación y capacitación que le permite
incorporarse activamente al mercado de
trabajo de nuestro modelo social. En este
aspecto, es evidente que el sistema escolar
balear necesita mucha más inversión y
medios, pero, sobre todo, una dignificación
social y económica de los maestros. Si
cualquier otro lugar de trabajo recibe
mejor remuneración, es muy difícil
ilusionar a los mejores talentos para que
se dediquen a una tarea tan dura y poco
valorada, incluso económicamente, como la
enseñanza.
Pero la instrucción no lo
es todo, ni tal vez lo más importante. Otra
vertiente, fundamental, de la enseñanza es
la educación, en su sentido más propio. En
última instancia, la educación es la
humanización de una generación mediante la
transmisión de valores verdaderos, gracias
a los cuales pueden comprenderse y vivir
como buenas personas y ciudadanos. Nuestra
sociedad, en todas sus estructuras
educativas -la política, los medios de
comunicación, las empresas, las familias-
parecen sufrir un colosal complejo de los
verdaderos valores. Un vacío repleto de
desesperados y frustrantes sucedáneos. Sin
retomar en serio los valores de la persona
en el sistema educativo, nos guste o no
oírlo, no habrá humanización, sino
degradación de nuestra juventud. Juventud
que en Baleares está más que falta de
instrucción y educación, señor Zapatero. No
convierta, voluntariamente, a las próximas
generaciones baleáricas en el furgón de
cola de una Europa que apenas
comienza.
José Ignacio Pérez
Argüelles es presidente de la
Asociación Familiar de Baleares