MURO EFE.- La euforia se desató hoy en el bar del polideportivo municipal de Muro que esta mañana repartió unos 10 millones de euros en décimos premiados con el Gordo de la Lotería de Navidad, la mayoría adquiridos por jóvenes del municipio que cada día acuden al local a tomar el café o pasar el rato.
El responsable de que la alegría reinara en este establecimiento del nororeste de Mallorca es Rafael Gelabert, concejal de UM en Muro y uno de los hijos de la regente del local, que como ya viene haciendo desde hace tres años encargó a la oficina "La bruixa d'Or", en Sort, los boletos de Navidad y El Niño, a través de internet.
Según comentó a los periodistas en los pocos ratos en que no atendía al teléfono, que según sus palabras sacaba "humo" por las continuas llamadas de felicitación que recibía, a la hora de hacer la reserva de los 50 décimos que le encargaron sus clientes no acababa de decidirse por las terminaciones, así que optó por dejarlo al azar.
"Cuando me llegó el sobre con el número -el 54.600-, la verdad es que no me gustó nada, me pareció feo. Pero ahora, cada vez que lo veo, más me gusta", bromeó.
De la misma opinión fueron muchos de los clientes habituales del local que se apuntaron a la lista de interesados en adquirir los décimos, entre ellas una chica que compró, según Gelabert, 17 números para sus familiares, propietarios de una conocida constructora de la localidad.
La nota triste fue que tuvieron que celebrar el Gordo en el hospital de Muro, en cuya UCI convalece el propietario de la empresa, José María Mendoza.
A quien sí le encantó fue a María Boyeras, regente del bar, que no dudó en hacerse con tres décimos, que le reportarán 600.000 euros, cuyo destino no pudo precisar, preocupada como estaba de atender a todos los clientes que se dieron cita en el local, algunos de los cuales aprovecharon el despiste para comer y beber lo que se les antojara, gratis.
Y es que, desde que los niños de San Ildefonso cantaran el Gordo, a las 9.16 horas, el establecimiento se llenó de cava, risas, lágrimas y pasodobles, y de numerosos jóvenes que mostraban, orgullosos, fotocopias del número que hará más fáciles sus vidas.
"Tapar muchos agujeros y, si queda algo, salir de marcha", comentó una eufórica Catalina Pastor, esposa de un trabajador del polideportivo, sobre sus intenciones con el premio, mientras era abrazada por otro de los hijos de los regentes del bar, Jaime, que no paraba de recordar que hasta ahora nunca había tocado el Gordo en el bar.
Los más ruidosos fueron los jóvenes, entre ellos Joana María Sales, de 21 años, que aseguró que invertirá su nueva fortuna en comprarse un coche y en construirse una casa en un solar que tiene en propiedad, o Agueda Capó, de 27, que, aunque aún no se creía lo que le pasaba, aseguró que ahorrará todo el dinero.
Otros, como Tomeu Sales, ya casi en los 50, aseguró que dedicará el premio a "seguir viviendo bien" y permitirse algún capricho.
Más misteriosos fueron en sus intenciones otros premiados, como Pedro Sastre, jubilado de 70 años y sin hijos, que se negó en redondo a anticipar en qué se gastará el pellizco.
Cerca de todos ellos se encontraba un matrimonio, clientes habituales del bar, que dejaron escapar la suerte al no comprar ningún décimo. Aun así, no quisieron perderse la celebración y brindar por que, al menos, les toque EL Niño, para el que sí han comprado boletos en el establecimiento.