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  Lunes, 6 de diciembre de 2004 Actualizado a las 01:16
 

CARTAS AL DIRECTOR
Sobre el Liberalismo y las obras públicas


Sr. Director:

El pasado 30 de noviembre en su artículo "¿Govern intervencionista?" el señor Antonio Alemany afirmaba categóricamente que los liberales reservan una serie de funciones muy importantes para el Estado, y hablaba en particular de las infraestructuras.

Dentro del liberalismo hay corrientes nada caricaturescas que no le reservan ni ese papel al estado. Autores como Rothbard, Hoppe o David Friedman han postulado cómo puede existir una sociedad libre y próspera sin estructuras estatales (entendidas como públicas).

Dice el señor Alemany que "Intervenir es pretender modelar la sociedad, decidir lo que puede o no puede hacer, practicar ingenierias societarias y económicas". Las infraestructuras, grandes y pequeñas, cuando son públicas son financiadas a través de impuestos, que son el mayor ejemplo de ingeniería económica: a la hora de crearlos, recaudarlos, distribuirlos y evadirlos. Son una apropiación (normalmente forzada) de parte del fruto del trabajo, el ahorro o la inversión, y como tal son una agresión a la propiedad individual. Así, las infraestructuras públicas comienzan con un robo institucionalizado.

Al crear determinadas infraestructuras el ente público correspondiente hace ingeniería social al determinar dónde construir qué infraestructura, sea ésta una autopista, un puerto, un aeropuerto o un parque telemático. Está tratando de dirigir de forma planificada el crecimiento económico, demográfico y tecnológico. Está claro que la planificación central no desapareció con el régimen soviético.

Las grandes infraestructuras suelen ir acompañadas de otra agresión a la propiedad: las expropiaciones.

Aunque sea un juez quien termine fijando el justiprecio, si una persona no quiere vender unos metros de su propiedad, y ésta le es arrebatada por la fuerza, de nuevo nos encontramos ante un robo legalizado. El argumento del "interés general" no es justificación, porque ¿quién determina qué nivel de "interés general" puede justificar un robo? ¿Una autopista? ¿Una carretera secundaria? ¿Un camino vecinal? ¿O incluso una ruta excursionista? Habrá tantos criterios de "interés general" aceptable como personas a las que se pregunte, pero lo único cierto ha sido el robo de una propiedad.

Es cierto que nuestra izquierda está más cerca del totalitarismo soviético que de otra cosa, pero nuestra derecha también está muy lejos de ser liberal, y los ejemplos son incontables. Carlos Tarrazona. Palma.

 
   
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