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  Domingo, 14 de noviembre de 2004 Actualizado a las 01:32
 

«La enfermedad es la consecuencia de actuar, pensar y vivir sin armonía»

La doctora Rocío Fraile critica la visión mecanicista del cuerpo que defiende la medicina tradicional


D. R.

Además de las clases de yoga, cocina natural y sesiones de psicomotricidad, el centro palmesano Soaham ofrece consultas de medicina holística, disciplina que se utiliza como medida de prevención y para conducir la vida de forma sana y ordenada, siguiendo los principios elementales de la naturaleza.

«Este enfoque médico plantea soluciones que van a la raíz del problema y no simplemente a suprimir los síntomas», asegura al respecto Rocío Fraile, que también advierte que la medicina holística considera que paciente y médico deben adquirir un compromiso conjunto para comprender el problema y llegar a sanar cuerpo, mente y emociones.

La medicina holística pretende frenar la enfermedad antes de que ésta se desarrolle, aplicando métodos que favorezcan los mecanismos de defensa naturales del propio cuerpo. Según Rocío Fraile, esta nueva visión de la medicina se basa en tres aspectos, a saber: la autorreflexión, la visión global y la falta de armonía como causa de la enfermedad.

En relación al primero de ellos, la doctora explica que todas las enfermedades y tristezas son consecuencia únicamente de nuestros errores. Sólo después de aceptar esta premisa, señala, «podemos cambiar nuestra salud y obtener la felicidad».

Visión global

El segundo aspecto a tener en cuenta a la hora de tratar la enfermedad, la visión global, se refiere a la relación del hombre con el universo. Ello se traduce, explica Fraile, en proteger la vida preservando al mismo tiempo las condiciones dentro de las cuales ésta se desarrolla.

Por último, la medicina holística otorga gran importancia a la influencia en la salud de «factores no físicos» como son los pensamientos, las emociones, las energías internas y las desviaciones de las energías medioambientales externas. O dicho de otra manera, «la enfermedad sería la consecuencia de actuar, pensar y vivir de formas no armónicas».

Un ejemplo: «La violencia indirecta que se experimenta al mirar el televisor, provoca reacciones en el cerebro y en el sistema indocrino», ilustra la especialista en medicina holística, que asegura que estas reacciones pueden ser detectadas en el plasma sanguíneo.

Para este tipo de medicina la salud depende del equilibrio entre el cuerpo, la mente y el espíritu. «Cuando están equilibradas estas tres cosas, sentimos la alegría de vivir. Ningún médico ni terapeuta nos puede dar esto si no nos decidimos a participar en nuestro proceso de curación. Todos entramos en este mundo dotados de estos tres tesoros. De según como los protejamos, dependerá nuestro estado de salud y por tanto la duración de nuestra vida», asegura Fraile.

La experta critica la visión mecanicista del cuerpo que tiene la medicina tradicional. Según dice, ésta considera al hombre como una máquina, «formada por partes distintas e independientes, conectadas y sin embargo autónomas». En su afán de estandarizar cada una de estas partes, advierte, «olvida que las personas somos únicas y diferentes».

«El todo ya no se concibe como una entidad significativa: la mente está separada del cuerpo; la enfermedad, de la persona que la padece; el agente patológico, del proceso total de la enfermedad; los síntomas, de su propia responsabilidad y posibilidades. Ni siquiera la vida y la muerte forman ya parte de un ciclo continuo», comenta la especialista.

Visión Integral

Por el contrario, la medicina holística aboga por «una visión integral e integradora del ser humano». Frente a la máquina de la medicina tradicional, el nuevo modelo considera al hombre como un jardín. «Lo que funciona en el jardín es inadecuado para una máquina. El abono no nutre la máquina ni la gasolina mejora la tierra. El médico holístico es el jardinero que desmenuza la tierra con sus dedos, que mira, escucha y siente arrodillado entre las plantas. El objetivo de su observación es detectar las necesidades del jardín», explica metafóricamente Fraile.

Esta nueva medicina, obviamente, «no es un buen presagio para los hospitales, empresas farmacéuticas y médicos alopáticos, cuya economía depende de tratar la enfermedad en vez de prevenirla, pero sí una luz al final del túnel de las personas enfermas, cansadas del remedio pasajero de los fármacos, y una buena nueva para los profesionales de la salud que se toman en serio el juramento hipocrático de dedicar su vida a la prevención y alivio del sufrimiento humano», concluye Rocío Fraile.

 
   
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