Hemeroteca Agenda cultural Cartelera Titulares

Tienda Restaurantes De copas Loterías
 BALEARES
 24HORAS
 Opinión
 Illes Balears
 Palma
 Menorca
 Part Forana
 Deporte
 Cultura
 Ibiza y
 Formentera
 SUPLEMENTOS
 MundOcio
 La Economía
 Balear
 Fora Vila Verd
 EDICIÓN
 NACIONAL
 España
 Internacional
 Sociedad
 Economía
 Deportes
 Cultura
 Ciencia
 Tecnología
 60 segundos
 Edición
 impresa
 Catalunya
 Madrid24horas
 OTROS
 Fotos del día
 Álbum
 Vídeos
 
  Sábado, 13 de noviembre de 2004 Actualizado a las 01:13
 

El estudio desvela que muchos jóvenes rechazan alimentos sin saber si les gustan

El 10% de los encuestados muestra síntomas del fenómeno conocido como neofobia y que se relaciona con problemas de tipo psicológico


J. R. R.

PALMA.- El estudio llevado a cabo por el doctor Pich y sus colegas ha descubierto un dato iquietante. Son muchos más de los que se creía los adolescentes que rechazan muchos -la mayoría de los alimentos- porque dicen que no les gustan, pero cuando en realidad no se han tomado la molestia de probarlos.

Esta actitud, la neofobia, es peligrosa para el establecimiento de una dieta equilibrada, vital para el desarrollo de la persona y de su salud. «Se conocen como neofóbicos -explica el estudio de la UIB- aquellos sujetos que, de muy pequeños, rehúsan de manera contundente la introducción de cualquier novedad en su dieta y que consumen, en consecuencia, un número muy reducido de alimentos, aquellos que les resultan familiares.»

Existen, añaden, diversas hipótesis que intentan explicar las bases de la neofobia. Algunos ven en sus raíces el miedo atávico al envenenamiento que compartirían las especies omnívoras. Otros autores relacionan la neofobia con la fase infantil del «no», en un sentido más psicológico de afirmación individual que de supervivencia biológica. Es decir, los niños pequeños son neofóbicos para llamar la atención o demostrar quién manda.

También se ha querido explicar este fenómeno desde la falta de capacidad cognitiva para mantener la identidad de una categoría cuando se produce la menor transformación perceptiva (un brote de perejil en un puré de patata lo convierte en un alimento diferente a los ojos de los más pequeños) que seria una posible nterpretación del fenómeno.

En todo caso, esta conducta es particularmente activa entre los 4 y los 7 años,momento en el que la literatura científica afirma que remite de manera considerable. Es por eso preocupante que haya sujetos mayores que sigan presentándola, dado que de mantenerse se compromete la obtención del equilibrio dietético.

A los investigadores del equipo les interesaba detectar entre la muestra encuestada a los posibles neofóbicos mediante una medida operacional de esta conducta. Partieron de la hipótesis de que ante la lista de 43 alimentos más frecuentes, un neofóbico afirmaría comer muy pocos de esos alimentos (»no lo como nunca», sería la respuesta más frecuente) y, por otra parte, también expresaría en muchas ocasiones su disgusto ante distintos alimentos («no me gusta nada», sería la respuesta a esa cuestión).

No son tan niños

La proporción obtenida de sujetos a los que no les gusta casi nada y que, además, no comen casi nada, es más elevada de la que se esperaba, dadas las interpretaciones «infantiles» del fenómeno. Así, Alrededor de un 10 por ciento de la muestra manifiesta una «alta neofobia». Dicho de otra manera: un adolescente por cada aula escolar encuestada sufre de este problema.

Los investigadores consideran que se debe iniciar una nueva investigación para saber qué hay detrás de estas actitudes e incluso si están relacionadas con determinadas variables de personalidad. Parece clara, por ejemplo, la conexión de la neofobia con la introversión.

La doctora Natalie Rigal, de la Université París X-Nanterre, miembro del equipo que investiga la neofobia en niños más pequeños (5-6 años), está intentando esclarecer si la actitud neofóbica se puede asociar también con una determinada relación de dependencia exagerada del niño con la madre que lo haría más reacio a asumir experiencias novedosas. La doctora Rigal y el doctor Pich investigan también el grado de correlación entre el nivel de neofobia y la manifestación de repugnancias en diversos ámbitos, incluido el alimenticio.

En el ámbito del estudio de la neofobia un trabajo británico cree que los niños no rechazan las verduras por capricho o porque las dulces galletas les gusten más. Sugieren que éste es un rasgo evolutivo desarrollado para protegerse de posibles daños que pudieran originarles determinados platos. El 'no' se da hacia los alimentos que históricamente se han mostrado más peligrosos para la salud como son las verduras, la fruta y la carne. Los autores del estudio, publicado en 'Journal of Appetite',lo realizaron en el Cancer Research. Al parecer, los pequeños no muestran rechazo a unos cuantos alimentos al azar sino a un grupo elegido estratégicamente. De ahí las sospechas en torno a la existencia de un nexo.

 
   
BUSQUEDAS

Otros buscadores
 LA VIDA MÁS FÁCIL
Hemeroteca
Agenda cultural
Cartelera
Restaurantes
De copas
Busca piso
Rutas de viajes
Callejero
Farmacias
Horóscopo
Televisión
Aeropuertos
Estado de la mar
Líneas Marítimas
Teléfonos útiles
Tráfico
Gasolineras
 OTROS MUNDOS
elmundo
elmundodeporte
elmundodinero
elmundomotor
elmundosalud
elmundolibro
elmundoviajes
elmundovino
Emisión Digital
Navegante
Metrópoli
Expansión&Empleo
mundofree
© EL MUNDO / EL DIA DE BALEARES
Política de privacidad