J. R. R.
PALMA.- El estudio
llevado a cabo por el doctor Pich y sus
colegas ha descubierto un dato iquietante.
Son muchos más de los que se creía los
adolescentes que rechazan muchos -la
mayoría de los alimentos- porque dicen que
no les gustan, pero cuando en realidad no
se han tomado la molestia de
probarlos.
Esta actitud, la neofobia,
es peligrosa para el establecimiento de una
dieta equilibrada, vital para el desarrollo
de la persona y de su salud. «Se conocen
como neofóbicos -explica el estudio de la
UIB- aquellos sujetos que, de muy pequeños,
rehúsan de manera contundente la
introducción de cualquier novedad en su
dieta y que consumen, en consecuencia, un
número muy reducido de alimentos, aquellos
que les resultan
familiares.»
Existen, añaden,
diversas hipótesis que intentan explicar
las bases de la neofobia. Algunos ven en
sus raíces el miedo atávico al
envenenamiento que compartirían las
especies omnívoras. Otros autores
relacionan la neofobia con la fase infantil
del «no», en un sentido más psicológico de
afirmación individual que de supervivencia
biológica. Es decir, los niños pequeños son
neofóbicos para llamar la atención o
demostrar quién manda.
También se ha
querido explicar este fenómeno desde la
falta de capacidad cognitiva para mantener
la identidad de una categoría cuando se
produce la menor transformación perceptiva
(un brote de perejil en un puré de patata
lo convierte en un alimento diferente a los
ojos de los más pequeños) que seria una
posible nterpretación del
fenómeno.
En todo caso, esta conducta
es particularmente activa entre los 4 y los
7 años,momento en el que la literatura
científica afirma que remite de manera
considerable. Es por eso preocupante que
haya sujetos mayores que sigan
presentándola, dado que de mantenerse se
compromete la obtención del equilibrio
dietético.
A los investigadores del
equipo les interesaba detectar entre la
muestra encuestada a los posibles
neofóbicos mediante una medida operacional
de esta conducta. Partieron de la hipótesis
de que ante la lista de 43 alimentos más
frecuentes, un neofóbico afirmaría comer
muy pocos de esos alimentos (»no lo como
nunca», sería la respuesta más frecuente)
y, por otra parte, también expresaría en
muchas ocasiones su disgusto ante distintos
alimentos («no me gusta nada», sería la
respuesta a esa cuestión).
No son
tan niños
La proporción obtenida
de sujetos a los que no les gusta casi nada
y que, además, no comen casi nada, es más
elevada de la que se esperaba, dadas las
interpretaciones «infantiles» del fenómeno.
Así, Alrededor de un 10 por ciento de la
muestra manifiesta una «alta neofobia».
Dicho de otra manera: un adolescente por
cada aula escolar encuestada sufre de este
problema.
Los investigadores
consideran que se debe iniciar una nueva
investigación para saber qué hay detrás de
estas actitudes e incluso si están
relacionadas con determinadas variables de
personalidad. Parece clara, por ejemplo, la
conexión de la neofobia con la
introversión.
La doctora Natalie
Rigal, de la Université París X-Nanterre,
miembro del equipo que investiga la
neofobia en niños más pequeños (5-6 años),
está intentando esclarecer si la actitud
neofóbica se puede asociar también con una
determinada relación de dependencia
exagerada del niño con la madre que lo
haría más reacio a asumir experiencias
novedosas. La doctora Rigal y el doctor
Pich investigan también el grado de
correlación entre el nivel de neofobia y la
manifestación de repugnancias en diversos
ámbitos, incluido el alimenticio.
En
el ámbito del estudio de la neofobia un
trabajo británico cree que los niños no
rechazan las verduras por capricho o porque
las dulces galletas les gusten más.
Sugieren que éste es un rasgo evolutivo
desarrollado para protegerse de posibles
daños que pudieran originarles determinados
platos. El 'no' se da hacia los alimentos
que históricamente se han mostrado más
peligrosos para la salud como son las
verduras, la fruta y la carne. Los autores
del estudio, publicado en 'Journal of
Appetite',lo realizaron en el Cancer
Research. Al parecer, los pequeños no
muestran rechazo a unos cuantos alimentos
al azar sino a un grupo elegido
estratégicamente. De ahí las sospechas en
torno a la existencia de un nexo.