Sr. Director:
Es cierto que muchos
de los que tienen perro no se cuidan de qué
hace ni cómo lo hace. Cierto es que es un
coñazo el tener que ir recogiendo las
gracias del can. Yo misma he tenido alguna
vez que recurrir a un manojo de malas
hierbas o pedir una servilleta si estoy al
lado de un bar.
Lo cierto es que los
pobres canes lo tienen muy crudo. Se les
acusa de agresivos, se les acusa de
atacantes, de asustar, de ensuciar. Tienen
prohibidos casi todos los lugares,
transportes públicos, sin contar con los
que por desgracia topan con ese amo
generoso que sólo les deja un metro
cuadrado de terraza y apenas un metro de
cadena para moverse. Sí, la verdad es que
algunos llevan una verdadera vida y fama de
perros.
Hasta aquí todo bien, unas
veces es culpa del can y otras del amo del
can, pero es mucho mejor el amo o no amo de
can que orina en la calle, que ensucia los
aseos de bares, cines, aeropuertos, que no
son su baño particular, sino al que todos
en un momento dado tenemos necesidad de
acudir. ¡Las veces que me he asomado y
escapado del lugar...! No eran meadas de
perro, ni caquitas de chihuahua, eran algo
más y no en un rinconcito fácil de coger y
limpiar, no, bien esparcidito para que la
señora de la limpieza tenga trabajo, no se
aburra y que los jefes no la tengan que
despedir por no tener trabajo.
En
plena calle céntrica de León vi asombrada
cómo una señora entre dos coches se las
apañaba para desahogar su repleta vejiga.
En plena calle de mi ciudad, pueblo, he
visto a gente acercarse a las paredes
vecinas por no ir al bar. A otra vi que
hablando con los amigos y a dos metros de
la puerta del bar se despachaba a gusto en
medio de la calzada.
Cansada estoy
de ir por la ciudad vadeando paredes y
tapándome las narices por lo mal olientes
que son y no es de perro, no, que se
distinguen bien, es de persona y de gente
adulta que no sabe esperar. Ya sé, ya sé,
ya sé por que debe ser, no llevan al fiel
amigo que les diga cómo proceder o que les
recuerde que no es lo mismo «Antoni, que
l'amo Antoni!». Un hurra por esos perrillos
que no tienen culpa de nada, pero sí unas
buenas espaldas para aguantar el aluvión de
injusticias que tienen que soportar.
Maribel Solivellas Salas-Fortiana.
Palmanyola.