M. A. RUIZ
PALMA.- El conseller de
Turismo, Joan Flaquer, tenía una nueva cita
con el caso Rasputín en el primer
Pleno del nuevo curso parlamentario. Pero
esta vez ni siquiera necesitó abrir la
carpeta de facturas cargadas a la
Conselleria por su antecesor en el cargo,
el socialista Celestí Alomar.
Por no
faltar, no le faltó ni la felicitación de
su partido: el diputado popular
ibicenco Antoni Marí Tur agradeció a
Flaquer el éxito del viaje oficial del
Govern a Moscú pues, afirmó, el turismo
ruso ha crecido este verano un 50% en
Baleares.
Los diputados Antonio
Diéguez (PSOE) y Pere Sampol (PSM)
volvieron a exigir a Flaquer que dimita por
haber nombrado a Juan Carlos Alía como
director del Ibatur y por negarse a
desvelar los nombres de las seis personas
que acompañaron a éste en su incursión
nocturna al club erótico Rasputín, a
quienes Diéguez tildó de «cobardes» por
seguir ocultándose tras el silencio de
Alía.
Tras pedir nuevamente disculpas
por lo sucedido, el conseller de Turismo
pidió a los grupos de la oposición -y muy
especialmente al secretario de Política
Autonómica del PSOE, Alfonso Perales, «el
único que sigue hablando de este tema en
toda España»- que dejen de remover el
escándalo para no deteriorar más la imagen
turística de Baleares. En su opinión,
después de que Alía dimitiera y devolviera
el importe de las entradas al Rasputín, «lo
demás es una cuestión personal de cada uno,
que para mí ha dejado de tener
interés»
Un diagnóstico que, por
supuesto, no comparte el portavoz
nacionalista Pere Sampol, quien sostiene
que el caso Rasputín «ha sido un
escándalo en la calle y en los medios de
comunicación de toda Europa. El Govern ha
hecho el ridículo, los ciudadanos se
avergüenzan de su actuación y se ha
desprestigiado a la clase
política».
Sampol describió la
«escena de vodevil» en la que Alía y sus
acompañantes pedían champán para invitar a
las chica del Rasputín porque «sabían que
no lo iban a pagar de su bolsillo». El
portavoz del PSM recalcó que el president
Matas, ausente durante el debate de ayer,
«ha dejado solo» a Flaquer, al negarse a
ratificar públicamente que ambos volvieron
juntos al hotel aquella noche. «Sólo
podemos exculparle» afirmó Sampol
dirigiéndose a Flaquer, «si hace públicos
los nombres de las siete personas que
entraron en el Rasputín. En caso contrario,
Flaquer está implicado y, como máximo
responsable político, está obligado a
dimitir».
Ante la insistencia para
que explicara a qué hora regreso al hotel
Kempinski aquella noche, Flaquer indicó que
todos los miembros de la delegación
oficial, tras ser invitados a cenar por el
presidente de la Federación Rusa de Golf
Konstantine Kozhevnikoz, regresaron al
hotel en varios coches dispuestos por este
empresario. A partir de ahí, «desconozco si
algunos fueron luego a otro lugar». Desde
el PP, Marí Tur pidió respeto para las
empleadas del Rasputín. «La mejor forma de
defenderlas», apostilló Diéguez, «es no
acudir a estos lugares».