El cisma en el sector de las grúas de
Baleares quedó ayer en evidencia. Una parte
mantenía que era la ocasión para
movilizarse. Otros, en cambio, no ocultaron
el temor a perder a algunas de sus
aseguradoras como clientes.
También
salió a relucir otro de los principales
problemas. Los que trabajan por libre no se
veían sujetos a las mismas limitaciones que
los que están sujetos a las compañías
aseguradoras.
Poco a poco la división
interna fue cobrando fuerza. Hasta tal
punto que la anunciada votación sobre si ir
o no a la huelga ni siquiera se llegó a
celebrar. Los ánimos se fueron encrespando
y no se alcanzó acuerdo alguno. Una buena
parte no tenían ninguna duda de que los
esquiroles se iban a hacer de oro durante
la jornada de huelga. «¡Se les quema la
grúa!», propuso un exaltado in
extremis.