El ritmo lo imponía un jazz a 3.000 watios cuando los simpatizantes se amontonaban frente a la tarima. Varias cámaras se alzaban sobre las cabezas y dos o tres banderas del PSOE ondeaban por detrás. «El compromiso» era el titular que colgaba sobre varias de las paredes de un recinto que acabó por llenarse sólo en dos terceras partes, 400 personas aproximadamente. «Lo de Vogue es sólo una anécdota simpática. Ser mujer para Vogue no significa que no se pueda ser mujer para la política, y lo que importa es que lo hagan bien», explica Núria Solé, quien reconoce ser 100% feminista. La opinión de los menorquines sobre las ocho ministras posando para la revista de moda, parece distar mucho de lo que los medios consideran como noticia. Abundan los «A mi no me parece mal. Es sólo una anécdota».
Algunos rostros bronceados entre las cara pálidas de los menorquines, demuestran que al mitin también han llegado los veraneantes. «Todo a un euro. Es lo que vale la comida, no hay beneficios», consigue decir una camarera mientras canjea precipitadamente un ticket por una coca típica menorquina, y señala a otros dos o tres clientes que atiendan un minuto. Mientras tanto, Marc Pons, secretario General del PSOE en Menorca, parece no tener tampoco suficientes caras para atender a todo el mundo. «Ha sido mucho trabajo pero hemos conseguido convertir esto en una fiesta y la afluencia de la gente es lo que esperábamos», consigue añadir entre tanto saludo y compromiso.
El ambiente está caldeado. Algunos sólo esperan la presencia de Zapatero y nada más; es el caso de Toni Florit Pons, quien exhibe una bandera republicana como si llevara la toalla de playa. «Ha estado demasiados años sin poder salir a la calle. Ya era hora de que saliera de las sombras», dice. Otros, en cambio, optan porque el Presidente del gobierno se moje. «Soy asturiana y militante desde hace muchos años. Vivo aquí desde hace 7 y creo que se necesita mucha ayuda. Zapatero ha de darle gancho a la gente para que se ilusione. Los menorquines son demasiado pacíficos y hay demasiado agnósticos políticos», explica Magali, quien curiosamente fue secretaria de Nicolás Redondo durante 9 años. La conversación se interrumpe con el himno del partido. Llega José Luís Rodríguez Zapatero.
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«Guapo, guapo, guapo» son las palabras que se consiguen oír entre el tumulto de aplausos. Gracias, gracias, responde él luciendo una camisa de rayas y una tez bronceada. Habla de «su talante», de las bombas de ETA, de Atenas, de los soldados y llega a la violencia de género, cuando un hombre mayor en silla de ruedas tiene que ser atendido por una unidad de la Cruz Roja. Le toman la presión arterial allí mismo. «Nada, nada. Que se había emocionado», explica un enfermero después.
Llega el comprometido tema de los vuelos interinsulares y a esta parte del discurso no le siguen demasiados aplausos. Un 38%. «Bueno es una cifra un poco baja, pero no está mal para empezar», explica un señor a su esposa. No obstante, las reacciones no abundan. Los menorquines parecen no tener respuestas. El punto de humor llega con el PP: «Parece que la oposición está en proceso de renovación, pero me han dicho que Fraga se va a presentar otra vez».
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La broma calma el ambiente y, Zapatero prosigue el mitin con la importancia de preservar el medio ambiente. Tras que éste finaliza, los niños son los primeros en recibir su abrazo. Y casi serán los únicos, porque luego se despierta una avalancha que lucha por darle la mano al Presidente. Hasta se le ofrece un ejemplar del diario del obispo para que firme. Finalmente, entre tanto tumulto, el color de la cara de Zapatero varía al rojo intenso, la sonrisa petrificada de la presidenta del Consell, Joana Barceló, se cambia por una mueca de preocupación, mientras Pons, atendiendo a su versatilidad, empuja a Zapatero hacia la salida.
El grupo menorquín «Ensamble» no consigue hacer vibrar las tablas tras la salida de Zapatero. Más bien hay un enorme agujero frente al escenario y nadie se mueve con el «Allà dalt de la montanya, fum fum, fum».
La gente opina que el discurso ha sido fantástico. Pero quién sabe si esta noche, entre tanto fum fum, tanto «talante presidencial», y tanto «Compromiso» los menorquines sueñen, en realidad, con el 38%.