INDALECIO RIBELLES
T.J.
ESCANELLAS
PALMA.- Entre gritos de
sinvergüenza, después de dos cargas
policiales, forcejeos e insultos entre
manifestantes de la plataforma Salvem La
Real contra todo el equipo de gobierno
del Ayuntamiento de Palma, terminó ayer la
romería de Sant Bernat.
La alcaldesa
de Palma, Catalina Cirer, entraba al
monasterio cisterciense de Sant Bernat para
cumplir la tradición, dejar la cañas verde
y besar al santo, protegida por un amplio
cordón de agentes antidisturbios que a base
de golpes tuvo que proteger a los ediles
del PP en el tramo final de la procesión
para que completasen el recorrido
oficial.
Un acto que concentró a
2.500 personas entre romeros y
participantes en la comitiva oficial (1.500
personas) con un millar de vecinos del
Secar de la Real e integrantes de
plataformas contra el segundo cinturón
incluidos, que protagonizaron una
ensordecedora cacerolada contra Cirer y su
equipo de gobierno en el tramo final de la
procesión.
La amenaza de posibles
altercados que temían muchos manifestantes
y algunos concejales era más que real, a
tenor de la tensión que rodeo la procesión.
Una situación que alcanzó su punto
culminante a medida que la comitiva oficial
se aproximaba al Camí dels Reis, a escasos
metros del Monasterio de Sant Bernat donde
se desplegaron los manifestantes de los
colectivos antisegundo cinturón y
Salvem La Real.
Cargas
policiales
Desde las siete de la
tarde esperaban a la alcaldesa de Palma.
Más de dos horas antes de que la comitiva
oficial enfilase a las nueve de la noche el
Camí dels Reis en dirección del Monasterio
de Sant Bernat para hacer entrega de las
varas verdes.
Ataviados con
camisetas con el logo Salvem La
Real, los integrantes de esta
plataforma conjuntamente con sus homónimos
de No al Segundo Cinturón, en su
mayoría vecinos del barrio de Son Sardina,
esperaron pacientemente la llegada de la
comitiva oficial encabezada por el equipo
de gobierno en pleno y con el secretario
general del PP y conseller de Interior,
José Maria Rodríguez, abriendo paso en
primera fila.
Rodríguez fue el
máximo impulsor de esta romería y, ayer, y
pese a lo comprometido del acto, no se
arrugó y se colocó en primera
fila.
Media hora antes de que llegase
la comitiva, a las 21.30 horas los vecinos
procedieron a ocupar la calzada del Camí
dels Reis y la carretera de Valldemossa
teniendo que intervenir la policía
obligandolos a dejar despejado el camino. A
duras penas lo consiguieron a base de
empujones y algún que otro golpe entre
manifestantes y agentes de seguridad.
Se vivieron momentos de gran tensión
que fueron aumentando de tono a medida que
la procesión se acercaba a la boca del
lobo en que se había convertido las
proximidades del monasterio de Sant Bernat,
punto final de la procesión. Hasta seis
furgones de la Policía Nacional se
concentraron en la zona acompañados de
siete coches de la Policia Local.
Ante la avalancha vecinal, los
agentes decidieron proteger con un cerco la
comitiva y a base de golpes consiguieron
hacer un estrecho pasillo entre la multitud
para que los ediles de Cort culminasen el
recorrido. Y entre gritos de sinvergüenzas,
maltratadores y rasputines acabó la
romería.