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  Martes, 10 de agosto de 2004 Actualizado a las 00:35
 

LA PLUMA
Las vacaciones de ZP

GASPAR SABATER


El presidente Zapatero ha iniciado sus vacaciones. Menorca ha sido el lugar elegido. La historia se repite. Desde que Felipe González pasó varios veranos en el chalet de Pere Nicolau, en Sa Mola de Andratx -donde Guerra metió un invierno la pata hasta el corvejón- y que fueron recompensados con un aeropuerto, los presidentes del gobierno de España, con lo grande que es el país, han elegido Baleares. Curioso, ciertamente. Sin duda cosas del mimetismo.

Zapatero este año residirá en Menorca en una finca, un lloc, llamado Santa Bárbara. Aunque sea hombre de tierra adentro, de secano, navegará. Leerá autores leoneses, como prueba de amplitud de miras literarias, y será debidamente molestado por una rendida militancia. ¿Pero no había cambiado España de presidente? Porque excepto en las querencias literarias, si las vacaciones de ZP no se parecen como dos gotas de agua a las vacaciones de Aznar que venga Dios y lo diga.

Hay cosas en las vacaciones de nuestros presidentes que todavía no se han sacudido los tics franquistas, y no se dice sólo porque a González se le ocurriera salir a navegar con el Azor del dictador -un bien de Estado a bordo de otro bien de Estado- sino porque distan mucho de producirse todavía con una normalidad propia de las democracias consolidadas. Austria, sin ir más lejos.

El canciller Bruno Kreisky, un hombre de inmenso prestigio político, poseía un modesto chalecito en la Costa d'en Blanes y en el pasaba sus vacaciones sin mayor boato. Su sucesor, cuyo nombre ni siquiera recuerdan los mallorquines, viajaba a la isla en chárter y se alojaba en un hotel de tres estrellas, como la mayoría de sus compatriotas. Y paseaba junto al mar con sandalias y mambo floreado.

Nuestros presidentes viajan en avión oficial, les buscan lugares seguros, lo cual parece ahora lo único justificable, ponen a su disposición todo lo que les apetezca, y les dan, en unos desplazamientos que son privados, tratamiento oficial. Toda una confusión entre lo público y lo privado que no parece muy propia de una democracia o sea.

Las vacaciones de los presidentes del gobierno, desde González a Aznar y ahora las de Zapatero, son una actividad privada, y excepto velar por su seguridad, todo lo demás debería correr por su cuenta, porque son, independientemente de su rango, un ciudadano mas. En justa correspondencia, habría que dejarlos también disfrutar sus vacaciones en paz y no importunarlos con tonterías, como MAM, por ejemplo. Hay que ser un poco masocas para querer veranear así.

 
   
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