Dicen los críticos que la versión de 'La
bella durmiente' de Tchaikovsky y Petipa
que es la mejor versión que existe. El
Ballet Nacional de la Opera de Kiev está en
Palma para demostrarlo junto con 'El lago
de los cisnes'.
FERNANDO
MERINO
Anna Dorosh y Maxim Chepyk son
primeros bailarines del Ballet Nacional de
la Opera de Kiev, que después del Bolshoi y
el Kirov es la compañía de referencia en la
Federación Rusa. Se vienen a Mallorca para
representar en Palma, Alcúdia y Cala Millor
dos coreografías ineludibles de la escuela
rusa de danza: El lago de los cisnes
y La bella durmiente.
Están
de gira por 29 ciudades de la geografía
española y regresan a la Isla después de su
visita de hace tres años en la que
igualmente representaron estas obras del
tándem Tchaikovsky-Petipa.
Esta noche
y el día 12 estarán en el Auditórium de
Palma para poner en escena ambas obras, y
mañana acudirán a Sa Màniga con El lago
de los cisnes, mientras el 13 será el
turno para el Auditori de Alcúdia donde
también representarán esta obra. De manera
que solamente el público que acuda a Palma
podrá apreciar La bella durmiente
una de las maravillas de esta compañía
en la que Tchaikovsky fue a estrenar alguno
de sus ballets más celebrados.
Después de una sequía interminable,
de un tiempo a esta parte es costumbre que
a la sombra de la Temporada de Ballet se
acerquen compañías, no necesariamente
cualificadas, procedentes de Rusia para
recordarnos que ahí están los clásicos del
XIX. No es el caso del Ballet de Kiev, que
llega con plenas garantías de
calidad.
Atención a la puesta en
escena de La bella durmiente,
valorada por la crítica especializada como
una de las mejores que ahora se pasean por
los escenarios del mundo.
La pareja
de bailarines, que también es pareja
sentimental, justifican la reputación que
avala la Bella del Kiev recordando
que «tiene todos los pasos del ballet
clásico ruso», y que además es la única
versión «que desarrolla el papel del
Príncipe Desire», el papel que baila Maxim
Chepyk.
«En el siglo transcurrido
desde su estreno el papel del Príncipe no
ha variado apenas, y en cambio en la
versión de Kiev recibe un tratamiento más
desarrollado que en otras compañías. Tiene
una riqueza de pasos inusual y variaciones
que no se aprecian en otras puestas en
escena. Es un ballet que se caracteriza por
reunir todos los pasos de la escuela rusa,
y en este sentido hay un dicho según el
cual una bailarina que comienza debe bailar
el rol de Aurora, y si lo supera es un
indicio de que puede llegar a ser una
estrella».
Es Anna Dorosh quien
habla, mientras su marido Maxim Chepyk,
matiza de vez en cuando. Julia, la hija de
ambos, está al fondo de la sala embarcada
en sus dibujos. Cuenta el manager en ruta
que a diario, antes de comenzar la función,
Julia se viste, y se maquilla, igualito que
su madre.
Quiere ser bailarina,
aunque sus padres no van a animarla, porque
son conscientes de la dureza de un oficio
que exige ocho años de preparación y tan
sólo 25 temporadas en activo. Son unánimes
a la hora de defender las compañías rusas
de ballet como las únicas capaces de
mantener inalterable toda la pureza de unas
coreografías que para ellos es el
equivalente al flamenco. Preguntó sobre
El lago de los cisnes y sus
maleficios de Roland Petit.
No se
atreven a descalificar el trabajo de uno de
los monstruos contemporáneos de la danza
aunque sutilmente ella se descuelga con un
comentario que admite segunda lectura: «Lo
conozco, es un nuevo clásico del siglo XX
(el original se estrenó a finales del XIX),
es muy interesante». La diferencia clave
entre Roland Petit y Marius Petipa es que
el final feliz original acaba en tragedia
(suicidio) en la versión del coreógrafo
francés.
En las tripas del Ballet de
la Ópera Nacional de Kiev evolucionan 1.500
artistas entre bailarines, cantantes y
músicos que alimentan una programación de
la que forman parte 27 coreografías y una
treintena de óperas, entre ellas Eugene
Onieguin representada en Palma por primera
vez el año pasado precisamente en el ciclo
que organiza la propiedad del Auditórium.
El hecho de estar cantada en ruso
dificulta su representación en teatros
ajenos al circuito de la Federación. Vuelvo
a preguntar, y en esta ocasión sobre cómo
han superado el ballet y su entorno el
cambio de sistema en Rusia.
«Nunca
hubo peligro, especialmente para las
grandes compañías, como el Ballet de Kiev,
porque son proyectos que tienen desde
siempre el respaldo del Estado. Lo que sí
ha variado es que desde hace unos años se
nos permite compaginar nuestro trabajo en
la plantilla, con invitaciones a bailar en
otros teatros».