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  Martes, 10 de agosto de 2004 Actualizado a las 00:58
 

PALMA / BALLET
'La bella durmiente' en su versión más auténtica

El Ballet Nacional de la Opera de Kiev presenta el jueves la obra de Tchaikovsky y Petipa en una versión única en la Isla / Esta noche estrenan 'El lago de los cisnes' en el Auditórium, mañana en Sa Màniga y el viernes en Alcúdia


Dicen los críticos que la versión de 'La bella durmiente' de Tchaikovsky y Petipa que es la mejor versión que existe. El Ballet Nacional de la Opera de Kiev está en Palma para demostrarlo junto con 'El lago de los cisnes'.

FERNANDO MERINO

Anna Dorosh y Maxim Chepyk son primeros bailarines del Ballet Nacional de la Opera de Kiev, que después del Bolshoi y el Kirov es la compañía de referencia en la Federación Rusa. Se vienen a Mallorca para representar en Palma, Alcúdia y Cala Millor dos coreografías ineludibles de la escuela rusa de danza: El lago de los cisnes y La bella durmiente.

Están de gira por 29 ciudades de la geografía española y regresan a la Isla después de su visita de hace tres años en la que igualmente representaron estas obras del tándem Tchaikovsky-Petipa.

Esta noche y el día 12 estarán en el Auditórium de Palma para poner en escena ambas obras, y mañana acudirán a Sa Màniga con El lago de los cisnes, mientras el 13 será el turno para el Auditori de Alcúdia donde también representarán esta obra. De manera que solamente el público que acuda a Palma podrá apreciar La bella durmiente una de las maravillas de esta compañía en la que Tchaikovsky fue a estrenar alguno de sus ballets más celebrados.

Después de una sequía interminable, de un tiempo a esta parte es costumbre que a la sombra de la Temporada de Ballet se acerquen compañías, no necesariamente cualificadas, procedentes de Rusia para recordarnos que ahí están los clásicos del XIX. No es el caso del Ballet de Kiev, que llega con plenas garantías de calidad.

Atención a la puesta en escena de La bella durmiente, valorada por la crítica especializada como una de las mejores que ahora se pasean por los escenarios del mundo.

La pareja de bailarines, que también es pareja sentimental, justifican la reputación que avala la Bella del Kiev recordando que «tiene todos los pasos del ballet clásico ruso», y que además es la única versión «que desarrolla el papel del Príncipe Desire», el papel que baila Maxim Chepyk.

«En el siglo transcurrido desde su estreno el papel del Príncipe no ha variado apenas, y en cambio en la versión de Kiev recibe un tratamiento más desarrollado que en otras compañías. Tiene una riqueza de pasos inusual y variaciones que no se aprecian en otras puestas en escena. Es un ballet que se caracteriza por reunir todos los pasos de la escuela rusa, y en este sentido hay un dicho según el cual una bailarina que comienza debe bailar el rol de Aurora, y si lo supera es un indicio de que puede llegar a ser una estrella».

Es Anna Dorosh quien habla, mientras su marido Maxim Chepyk, matiza de vez en cuando. Julia, la hija de ambos, está al fondo de la sala embarcada en sus dibujos. Cuenta el manager en ruta que a diario, antes de comenzar la función, Julia se viste, y se maquilla, igualito que su madre.

Quiere ser bailarina, aunque sus padres no van a animarla, porque son conscientes de la dureza de un oficio que exige ocho años de preparación y tan sólo 25 temporadas en activo. Son unánimes a la hora de defender las compañías rusas de ballet como las únicas capaces de mantener inalterable toda la pureza de unas coreografías que para ellos es el equivalente al flamenco. Preguntó sobre El lago de los cisnes y sus maleficios de Roland Petit.

No se atreven a descalificar el trabajo de uno de los monstruos contemporáneos de la danza aunque sutilmente ella se descuelga con un comentario que admite segunda lectura: «Lo conozco, es un nuevo clásico del siglo XX (el original se estrenó a finales del XIX), es muy interesante». La diferencia clave entre Roland Petit y Marius Petipa es que el final feliz original acaba en tragedia (suicidio) en la versión del coreógrafo francés.

En las tripas del Ballet de la Ópera Nacional de Kiev evolucionan 1.500 artistas entre bailarines, cantantes y músicos que alimentan una programación de la que forman parte 27 coreografías y una treintena de óperas, entre ellas Eugene Onieguin representada en Palma por primera vez el año pasado precisamente en el ciclo que organiza la propiedad del Auditórium.

El hecho de estar cantada en ruso dificulta su representación en teatros ajenos al circuito de la Federación. Vuelvo a preguntar, y en esta ocasión sobre cómo han superado el ballet y su entorno el cambio de sistema en Rusia.

«Nunca hubo peligro, especialmente para las grandes compañías, como el Ballet de Kiev, porque son proyectos que tienen desde siempre el respaldo del Estado. Lo que sí ha variado es que desde hace unos años se nos permite compaginar nuestro trabajo en la plantilla, con invitaciones a bailar en otros teatros».

 
   
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