MARIONA CERDÓ
PALMA.- Sandra y
Damià acogieron hace dos meses a un niño y
una niña de dos y cuatro años que corrían
peligro de ser maltratados por sus padres.
La experiencia ha sido muy enriquecedora.
Tanto, que ahora, cuando se acerca la hora
de retornarlos, ella se resiste: «No sé que
voy a hacer cuando se vayan, yo no los
devuelvo».
Por supuesto, no habla en
serio. El Institut de Serveis Socials
(S'Institut) se encarga de dejar bien claro
a las familias que la adopción de niños
tutelados es temporal. A pesar de ello,
desarrollar vínculos afectivos es
inevitable y se hace realmente difícil
retornar a los pequeños cuando ha
finalizado la adopción temporal.
«Es
duro, pero también es gratificante saber
que el niño que has cuidado durante meses
va a volver con sus padres y va estar
bien». Aina trata de convencer con estas
palabras a Sandra, pero no hace falta. «Yo
sé que la niña echa de menos a su mamá, y
estaré contenta cuando pueda volver con su
familia», responde ella.
Aina y
Sandra son dos de las personas que se han
acogido al programa de familias canguro de
S'Institut. Se trata de una iniciativa que
impide que los niños que han sido separados
de sus padres a causa de maltratos, abusos
o negligencias tengan que vivir durante
meses o años en un centro de
menores.
A cambio, se instalan en el
hogar de una familia que se ha presentado
voluntaria para acogerlos. Todos los
especialistas coinciden en asegurar que
para los niños es muy positivo pasar el
tiempo que permanecen alejados de sus
padres en un entorno
familiar.
«Cariño
multiplicado»
«Son niños que te
devuelven el cariño multiplicado», asegura
Aina. Ella es la voluntaria más veterana
del programa de familias canguro. En diez
años, ha acogido ya a 40 niños y asegura
que continuará haciéndolo. «Es una
experiencia que me llena, lo que me dan
estos niños no se puede pagar de ninguna
manera», asegura.
Aunque el programa
de familias canguro sólo tiene tres años de
vida, anteriormente ya existían iniciativas
que permitían a algunas personas hacerse
cargo de niños tutelados de forma temporal.
Aina procede de aquella época.
Ella y
su marido tienen cinco hijos propios y por
su casa han pasado multitud de niños de los
servicios sociales de Mallorca. En los
momentos en que se produjo el encuentro con
EL MUNDO/El día de Baleares, Aina y su
familia tenían en casa a cinco niños, con
edades comprendidas entre los 15 días y los
2 años.
Separación
El
equipo de educadores, psicólogos y
trabajadores sociales de S'Institut ponen
especial empeño en preparar a las familias
canguro para el momento de la separación.
No en vano, procuran que los niños no
llamen mamá ni papá a los
padres adoptivos. En su lugar,
padrino y madrina son
designativos más apropiados.
Un mes
antes del momento de la devolución del
niño, los psicólogos y trabajadores
sociales comienzan la labor de
concienciación de los padres canguros. Con
Sandra ya han empezado, lo que significa
que el momento se acerca. «Creo que voy a
pedir otro niño», dice ella.
No es un
caso aislado. Según explica Joan, el
psicólogo del programa de S'Institut,
muchas familias canguro solicitan acoger a
un nuevo niño en seguida que han devuelto
al suyo. De esta manera, procuran llenar el
vacío que ha dejado la ausencia del
pequeño.
A pesar de todo, los padres
del programa de S'Institut insisten en que
la experiencia vale mucho la pena. Los
hijos de Aina le han dicho en varias
ocasiones que, cuando sean mayores, quieren
hacer lo mismo que ella.
Desde luego,
para Aina, la experiencia le resulta
siempre gratificante: «Son niños que en
muchas ocasiones no han podido disfrutar de
una caricia ni de un mimo. Por eso, cuando
les das cariño te lo devuelven
multiplicado. Es muy enriquecedor».