El caso no demostrado de corrupción en
el Polígono Industrial de Son Oms (en el
análisis de la recalificación el P.S.M.
obsesionado por su rival político, erró el
tiro por elevación), da al tema un aire
impactante lo que permite un cierto juego
en la controversia pública, pero no
resuelve la cuestión de fondo: ¿Tiene
sentido que se pidan 500 euros por un metro
cuadrado de terreno para instalar una
empresa? Sinceramente, no.
Para
contrarrestar la especulación es obligado
ofrecer mecanismos que moviéndose en la
libertad del mercado permitan que el
Pequeño y Mediano Empresario acceda a un
«modus operandi», sin que cada primero de
mes y cuando abona la cuota del crédito que
le ha permitido acceder al uso del inmueble
tenga que preguntarse: ¿Merece la pena que
me haya dejado la piel, para que este pago
represente un porcentaje tan alto de mis
ingresos?. El argumento del ejecutivo
bancario a la hora de comunicar las
ventajas del préstamo, roza lo poético:
«Está haciendo hucha, para tener una
propiedad el día de mañana». Se le olvida
añadir si en esos 10 ó 15 años que le
vienen por delante: ¿va a trabajar para
vivir o vivirá para trabajar?.
Las
buenas fórmulas deben repetirse. Un gran
hombre que tuvo una excelente visión de
futuro fue Ramón Esteban Fabra,
quien junto a su hermano Armando y un grupo
de locos románticos: Paco Gari, Damian
Barceló, los hermanos Buades,
Bartolomé Sastre, Jaime Canudas y un
largo etcétera, crearon ASIMA, Asociación
Sindical de Industriales de Mallorca, para
realizar los Polígonos Industriales de Son
Castelló y C'an Valero sin haber percibido
un solo céntimo por su gestión cuando
legalmente podrían haberlo hecho. Tomando
esta referencia, que Asociaciones
Empresariales de distintos sectores, se
acerquen a la Administración y soliciten la
configuración de zonas para asentamientos
empresariales garantizando que las posibles
ventas a terceros no superaran el índice
anual del euribor, resolvería esta
disfunción.
El tema de las áreas
industriales lamentablemente ha sido
tratado sin contemplar una programación del
conjunto, de forma que los Organismos
oficiales han permitido que en los aledaños
de los pueblos se establezcan áreas para la
ubicación de empresas consiguiendo una
valoración interesante para esos terrenos,
pero en absoluto ha significado una
solución al problema. Los ejemplos más
candentes los tenemos en los Polígonos
industriales de Santa María, Consell, etc.,
que si en su momento los políticos locales
no vacilaron en propugnar que se
autorizaban para conseguir precios baratos
de terreno al objeto de que los
industriales no se tuvieran que
deslocalizar, la realidad es que las cifras
a las que se vendieron los terrenos no
fueron accesibles para los
residentes.
Como no todo ha de ser
negativo, el Ayuntamiento de Binisalem,
ofrece solares para los empresarios de la
zona a 160 euros metro cuadrado
estableciendo una reserva que impide la
especulación. Para compensar este ejemplo
de buen hacer, la planificación realizada
en el Polígono Industrial de Son Morro en
el término de Palma, es de aurora boreal.
El promotor y una gran compañía «que ha
comprado terrenos industriales para
revenderlos», han agrupado las fincas
quedándose con las mejores localizaciones y
señalizando con una mayor edificabilidad
las que son de su propiedad, mientras en el
proyecto a los pequeños propietarios de la
Junta de Compensación representados por
aquellos que tienen huertecitos, les han
dotado de otra calificación con menor
rentabilidad de construcción por metro
cuadrado. Estas águilas reales que dirigen
el cotarro luego irán a misa y hablarán
sobre lo mal que va todo. Seguro.