Últimamente se están publicando
numerosos artículos sobre la situación de
la economía balear y del sector turístico
en particular.
Sorprende la cantidad
de omisiones y manifestaciones
injustificadas. Mateu Picornell
parece olvidar que la salida de la crisis
de 1990-93 (esa sí fue real y profunda) se
debió a las 4 devaluaciones de la peseta
(entre 1992 y 1995), provocadas por la mala
gestión económica de los gobiernos del
PSOE, lo que redujo la sobrevaloración de
la peseta en más de un 25%, abaratando
nuestra oferta.
Antonio
Tarabini y Lorenzo Bravo afirman
que existe una crisis coyuntural y
estructural y proponen como solución,
respectivamente, «operaciones quirúrgicas»
y «mesas de diálogo social», que deberían
ser lideradas por el Govern. Bravo propone
«desarrollar un auténtico y eficaz pacto de
desarrollo económico y social», como si
siguiéramos en el franquismo. Es curiosa
tal fijación dirigista después del rotundo
fracaso de las economías planificadas y del
triunfo total de las economías liberales.
Francesc Antich dijo en el
congreso regional del PSIB que Baleares
sufre una crisis turística, exigiendo un
gran pacto por el turismo (¿cómo los que
hizo cuando gobernaba?) que pasa, según él,
por un cambio de modelo territorial
(¿?).
Sa Nostra niega la existencia
de una crisis en su último informe,
mostrando que la economía balear sólo está
«estancada», subiendo entre el 1% y el 2%
que es, paradójicamente, lo que propugnaba
el Govern del Pacte y lo que consiguió, con
sus políticas erróneas, en contraste con
los altos incrementos obtenidos por los
gobiernos del PP, antes en Baleares y
después en toda España.
AENA informa
que aumenta, sobre 2003, el número de
pasajeros que pasan por los aeropuertos de
Baleares. Es redundante insistir en que el
modelo «sol y playa» no sólo no está
obsoleto sino que sigue creciendo en todo
el mundo. El problema es que también lo
hace la oferta en países como Croacia,
Bulgaria, Turquía, Túnez, etc. y que,
debido a la fortaleza del euro, nuestra
relación calidad-precio ha perdido
competitividad, especialmente en la oferta
complementaria, que es la causa de la
demanda del «todo incluido» en los hoteles.
Si se duplica, simultáneamente, el número
de bares y restaurantes en los últimos 5
años, es inevitable que dicho subsector
sufra una crisis.
La demanda
evoluciona pero sigue enamorada de
Baleares. Al conocernos a fondo, algunos
buscan formas de alojamiento más
residencial y/o menos costoso como la
oferta extrahotelera, que no es ilegal. Los
hoteles deberán buscar nuevos clientes en
otros mercados, adaptar su producto y
potenciar su comercialización.