De acuerdo. De aquí en adelante queda
terminantemente prohibido reírse de los
partidos que están al borde de la quiebra.
Las crisis, como las desgracias, empiezan
normalmente por quien primero las nombra o
se las inventa, y el voto (descartada toda
posibilidad de estudiar su intención visto
el paradigma del CIS) es la medida de todas
las cosas. Pase que los presidentes y los
vocales de las mesas electorales del otro
día se burlaran del ejercicio democrático y
se fueran a la playa dejando a su suerte a
representantes y a representados. Pero lo
de reírse de las desgracias ajenas, de los
errores y de las malas estrategias
políticas, eso, no tiene perdón alguno y no
puede consentirse, al menos desde esta
corrala.
La radicalidad del discurso
de la Entessa Nacionalista y su
mensaje unívoco y especular a ERC ha
terminado por confundir y trasfugar su voto
hacia el otro republicanismo excluyente,
incentivado por una referencia cercana,
vencedora en Cataluña, y en clave de
búsqueda del voto útil.. Tanta abstención y
tanto abstencionismo, tan poco votante y
tan poco depositante, han terminado -se
veía venir- en la afluencia masiva de
botantes, de expulsados de esas
formaciones ingenuas. Votar, votarse o ser
botado, esa es la cuestión que
pudiera decirse.
Orillear la
realidad no aconseja mofarse del
cumplimiento inexorable de las predicciones
anteriores que hayamos podido hacer. Ser
más o ser menos siempre ha tenido algo de
numérico, que siempre ha sido cuestión de
unos centímetros de más o de menos, y de
ahí la lucha reciente con UM y la
manifestación del otro día frente al
Consolado (reveladora traducción) de la
treintena de antiautovías de siempre, por
poner unos ejemplos rápidos que expliquen
lo que quiere decirse de las minorías.
Treinta votantes y tres botados
(Rosselló, March y Mascaró) serian
entonces el botín, los rehenes, del otro
voto disminuido.
Una vez superado el
primer tramo de lo serio que requiere todo
consuelo, vayamos a la anécdota de lo dicho
-al núcleo del desconsuelo- porque se ha
publicado que unas horas antes de la tensa
ejecutiva pesemera Sampol andaba
dando de comer a las gallinas para rebajar
los nervios. Dar de comer a sus gallináceas
o dar de comer a sus fieras es la misma
forma de dar carnaza, de repartir para
calmar el hambre hacia cualquier tipo de
vertebrado. Y eso parece un tipo de acto
preparatorio, un ejercicio preliminar en el
que soltar la mano a diestra y a siniestra,
una forma de ir adelantándose con el
pitas-pitas a esa mecánica repartidora tan
útil para acallar a los botados y a los
rebotados de su partido.
Al final,
en esa granja, todos son renovadores.
Veremos como termina este picoteo.