JUAN RIERA ROCA
PALMA.- «Lo último
que pierde el hombre es su capacidad de
asombro. Lo primero que pierde es la
memoria». Esta cita de un pensador anónimo,
puede ajustarse o no la realidad, pero es
aplicable al cien por cien a la percepción
que tiene el hombre del tiempo atmosférico
y de sus evoluciones y
cambios.
Baleares está atravesando un
periodo marcado por la convulsión
atmosférica. Las tormentas e inundaciones
de finales de los 80 generaron la creencia
de que cada año, allá por septiembre,
habría gotas frías igual de fuertes. Desde
entonces, cada vez que llueve un poco es
noticia en todos los
periódicos.
«¿Qué llueve mucho?
Siempre llueve mucho. O no llueve». Esta
otra frase, aparente enigma o
contrasentido, arrancada hace poco a un
payés ibicenco (famosos por no
mojarse nunca con sus declaraciones,
muestra lo que de verdad sucede con el
tiempo: que está loco y hace lo que quiere,
pero desde siempre.
Todo esto viene a
cuento de la psicosis de «ola de calor» que
se ha instalado en las Islas (y en muchos
otros puntos de España) tras la que se
sufrió el verano pasado en toda Europa. Ya
son muchos los que advierten: «Ya está aquí
de nuevo la ola de calor». Pero eso es
cierto e incierto, a partes
iguales.
Enigmas a parte, tal vez la
opinión de uno de nuestros sabios en pueda
ser ilustrativa de lo que
probablemente pasará. Agustí Jansà,
director del Centro Meteorológico de
Baleares, con la prudencia que caracteriza
a su colectivo, asegura que no que cree que
el verano de 2003 se vaya a repetir en
2004. «La probabilidad de que una ola de
calor como la del año pasado se repita
éste, es de una contra mil», decía Jansà
esta semana, en declaraciones a este
diario. Aunque eso no significa,
naturalmente, que no vaya a hacer calor. De
hecho, esta afirmación no excluye que vayan
a producirse olas sueltas de
calor.
Jansà explica que «cada verano
se producen días de ola de calor. Esto
sucede cuando en Baleares, en zonas de
costa, se superan los 35 grados en las
zonas de costa, cuando lo más corriente es
que en esas zonas las temperaturas máximas
sean de 29, 30 o 31 grados. Esos días más
calurosos llegan por rachas».
Eso es
normal y previsible. Lo que no fue normal y
era improbable -aunque no imposible- era
que una ola de calor se instalara en
Baleares (en España y en toda Europa) en
mayo y no se fuera hasta pasado octubre. Lo
raro del verano pasado no fue que hiciera
mucho calor, sino que lo hizo todos los
días.
Es ese estacionamiento
inamovible de una ola de calor lo que Jansà
considera altamente improbable. De lo que
no nos escapamos, eso está claro, es de
días en los que uno desee irse a vivir al
Polo. Habrá jornadas -asegura el
meteorólogo- de 40 grados, pero habrá días
mejores, más frescos y pasables.
De
hecho, un dato que ya está constatado, es
que este mes de junio que ya casi se marcha
está siendo más benigno que el mes de junio
de 2003: de dos a tres grados más fresco,
de media que el mismo mes del año pasado. Y
esa diferencia, cuando es un promedio, es
una diferencia muy importante.
Lo que
a nivel científico ya no se discute es que
estamos inmersos en medio de un proceso de
cambio climático, en cuyo contexto son
posibles fenómenos como los del verano
pasado: «Antes del cambio climático,
situaciones como la del verano pasado eran
impensables. Ahora solo son
improbables».
Fenómenos
alternos
Muy poca gente se
acuerda de que el verano de 2002 fue fresco
y lluvioso, por lo que lo de 2003 no
tendrían que suponer un cambio brusco
definitivo -que se pudiera reflejar en
2004- sino una anécdota llamativa. Y si el
de 2002 fue un verano fresco, el de 2001 no
lo fue mucho ya que el ciclón de noviembre
(vientos de 140 km/h, miles de árboles
abatidos, olas de 12 metros en la costa,
400 mm de precipitación en 24 horas,
inundaciones, destrozos en puertos…) fue
consecuencia de un recalentamiento del
mar.
Sergio Alonso, meteorólogo y
catedrático de la UIB, comentó por aquel
entonces que en los modelos matemáticos de
previsión de cambio climático que se
estaban diseñando para la zona mediterránea
occidental se preveían preciosamente
ciclones de aquel tipo para el clima del
futuro.
En 2003 el mar también se
recalentó. Para que el lector se haga una
idea, estos calurosos días de finales de
junio, la temperatura del agua en la alta
mar balear, alcanzan ya los 23 o 24 grados.
En septiembre de 2003 habían alcanzado los
31 grados, 5 o 6 más que la media. Estos
recalentamientos del mar ocasionan -explica
Jansà- fenómenos como aquel ciclón de 2001,
a los que habrá que ir acostumbrándose como
una cosa 'normal'. Aunque en lo que a la
meteorología y al clima se refiere, lo
'normal', la 'costumbre', son siempre cosas
de décadas, de ventenios o de periodos de
muchos años.