M. F. RIERA
CIUTADELLA.- Las fiestas de Sant Joan tocan ya a su fin después de que jinetes y caballos demostraran ayer lo mejor de sus habilidades en los juegos medievales de Es Pla y en el último de los caragols, el que se celebra ante el convento de Santa Clara.
Los ánimos se fueron animando por la tarde después de una mañana en la que los estragos de la noche anterior habían dejado las calles del centro mucho más transitables. La multitud volvió a agolparse en el puerto para no perderse detalle de los juegos.
Las aglomeraciones propiciaron retrasos y también los incidentes más destacados. Uno de los caballos tropezó en Es Pla y podría haberse dañado una pata. Mientras, y según la Cruz Roja, otro cavaller cayó cerca del caixer senyor, Guillermo de Olives, mientras se dirigían hacia la convidada.
Al cierre de esta edición se estaban desarrollando los juegos con las carotes, otro de los momentos de Sant Joan más concurridos. Los problemas suelen surgir cuando el público no se aparta a tiempo para dejar paso a los caballos.
Con unas dos horas de retraso, sobre las nueve, la comitiva presidida por el alcalde y acompañada por la banda de música llegaba desde el Ayuntamiento a la zona de Es Pla para seguir los juegos. Los agentes de policía se esforzaban en abrirles paso entre la gente.
El primero de los juegos fue el de la ensortilla. El jinete se acerca galopando hasta un pequeño aro por el que tiene que introducir una lanza. Después llegó el turno para el córrer abraçats y, al final, para romper las carotes.
El resto de la jornada transcurrió con relativa normalidad, según informó la Policía Local. Los agentes, con los refuerzos llegados del resto de la isla, centraron su trabajo en la retirada de vehículos estacionados en los escenarios de la fiesta, advertir a vendederos ambulantes sin permiso y disolver algún conato de pelea.
La mañana amaneció con una espesa niebla que se fue disipando con las horas. Hizo calor y lució el sol durante todo el día, con temperaturas cercanas a los 30 grados, aunque no se vivió el bochorno del año pasado cuando la por entonces recién estrenada ola de calor empezaba a hacer estragos.
Desde todo el mundo
Un curioso termómetro de la enorme expectación que está despertando esta fiesta es el libro de visitas que el Ayuntamiento de Ciutadella ha incluido en su página de Internet dedicada a Sant Joan. Hay mensajes de todos los rincones del mundo, muchos de ellos llevan la firma de menorquines que residen fuera de la isla o de visitantes que se llevaron en su día un grato recuerdo de Sant Joan.
Una nieta de emigrantes menorquines escribe desde Buenos Aires porque espera todos los años a quelleguen las fiestas para poder ver, a través del canal internacional de TVE, un fragmento del caragol de Es Born. Se emociona, dice, cada vez que revive una tradición que sus antepasados debieron seguir con pasión. Tampoco faltan los mensajes desde Estados Unidos o las antípodas.
Este año, además de estrenarse en sus puestos de privilegio los miembros de la Junta de Caixers, ha debutado Joan Lluís Gelabert como fabioler de la mañana de Sant Joan. La Junta Municipal de Sant Joan le hizo llegar la propuesta, firmada por el alcalde, pocas semanas antes de la fiesta.
Gelabert tuvo que darse prisa para preparar el traje y encontrar el asno sobre el que iba a recorrer las calles de la ciudad. El es propietario de un caballo de raza menorquina, de manera que ya sabía montar. Lo que sí necesitó fue un entreno especial para aguantar tantas horas tocando el tambor y el fabiol. Al final, todo fue bien.
Los caballos, exhaustos
Los caballos inscritos en la fiesta, alrededor de dos centenares, superaron la prueba con buena nota, aunque con signos evidentes de cansancio. Uno de los veterinarios que hizo guardia para atenderlos explicaba que algunos de ellos no pudieron repetir el segundo día porque estaban exhaustos.
Más allá del animal que cayó durante los juegos de Es Pla, la mayoría presentaba síntomas de deshidratación por el calor acumulado durante tantas horas al sol. Otros padecían cólicos como resultado de los nervios que habían pasado al abrirse paso entre la multitud. Por último, uno de los animales sufrió una fractura en la cola como resultado de una caída.
Una vez acabados los juegos en el puerto, la fiesta continuó con las corregudes y con el último caragol de Santa Clara. Conscientes de que llegaba el final, se produjo la despedida a caballo del caixer senyor que, además, ofreció la tradicional beguda a todos los participantes. Después llegó el turno de despedir al caixer capellà y entonar, frente a su casa, el último toc de fabiol.