PEDRO AGUILÓ MORA
PALMA.- «Se veía
venir». Este fue el comentario generalizado
de las personas que vieron o padecieron los
porrazos y empujones con los que los
agentes de la Policía Nacional sofocaron el
ambiente de caos y el desorden que reinó
durante las primeras horas de la jornada de
ayer en los aledaños de la Jefatura
Superior de Policía.
Pero para
entender los sucedido ayer en la comisaría
de Ruiz de Alda hay que remontarse unas
semanas atrás. Desde que el pasado 26 de
mayo la Jefatura Superior de Policía inició
los trámites para la renovación de las
tarjetas unificadas para extranjeros (TUE),
las colas de inmigrantes esperando
regularizar sus permisos de residencia
inundan, día y noche, las inmediaciones del
Paseo Mallorca.
Sin embargo, las
colas de ayer colmaron el vaso de una de
una situación que en poco más de una semana
ha cobrado unos tintes surrealistas y la
desorganización, brillando con luz propia,
ha desbordado a los funcionarios encargados
de gestionar los trámites burocráticos de
los varios centenares de inmigrantes que a
diario se dan cita en la Jefatura Superior
de Policía.
Como ya se ha apuntado
anteriormente, son muchos las personas que
permanecen durante casi veinticuatro horas
'acampados' en el césped del Paseo Mallorca
para, al día siguiente, conseguir uno de
los 50 permisos de residencia que se
tramitan diariamente para los dos
centenares de inmigrantes concentrados día
tras día en la calle. Y, de forma obvia,
las personas que pernoctan a la intemperie
lo hacen para ser los primeros de la cola.
No obstante, ayer este orden no se respetó.
Y es que los senegales que llegaron
alrededor de las siete de la mañana a la
comisaría de Ruiz de Alda, no tuvieron en
cuenta de que había otra gente que hacía
muchas horas que ya estaba esperando que
las puertas de la Jefatura se abrieran. Y
es que según fuentes policiales, los
ciudadanos subsaharianos conforman un grupo
organizado que comercia y se lucara
vendiendo los primeros puestos de la
cola.
Golpes
Teniendo
despachados días anteslos lugares
preferentes, los inmigrantes senegaleses se
encararon con las personas que habían
permanecido 'acampadas' en el Paseo
Mallorca sin que la policía mediara en la
disputa entre la banda recién llegada y la
gente que se encontraban en el lugar desde
la noche anterior. De esta manera, a los
pocos minutos, el desorden era absoluto.
Gritos, insultos y los coches esquivando y
pitando a los inmigrantes que salidos de la
cola habían invadido la calzada.
Pero
lo peor estaba por llegar. Alrededor de las
08.00 horas, coincidiendo con el momento en
que los ánimos estaban más crispados, se
abrieron las puertas de la oficina de
extranjería. La vorágine de los inmigrantes
y la laxitud policial, propiciaron que a
modo de avalancha un gran número de
inmigrantes corrieran hacia las
dependencias de la Jefatura derribando y
golpeando a las personas que encontraban a
su paso.
En ese momento, los agentes
de la Policía Nacional se encontraron
desbordados y con el control de la
situación completamente perdido. Para
recuperarlo, solamente cabía una solución:
el uso de la fuerza. Algunos agentes
empezaron a repartir porrazos para
reconducir la situación hasta la calma
perdida. Sin embargo, uno de los
senegaleses agredió a un policía
provocándole una fisura en el tabique
nasal.
Tras ser arrestado, la gente
del lugar repetía sin cesar que «lo que ha
ocurrido se vía venir».