MARCOS TORÍO
PALMA.- «Demasiado
carnal y pesada» era la figura del Cristo
en cerámica que Barceló ha estado creando
para la Seu en Vietri sul Mare (Nápoles).
Fue la impresión de los tres miembros del
Obispado que contemplaron el trabajo del
artista mallorquín el pasado verano cuando
estaba a punto de entrar en la fase de
cocción. Allí vieron en el redentor de
arcilla rasgos demasiado cercanos con un
hombre terrenal.
El delegado
diocesano de Patrimonio Cultural, Pere Joan
Llabrés; el arquitecto diocesano, Sebastià
Gamundí y el presidente del Cabildo
Catedralicio, Joan Bestard, centraron
entonces sus esfuerzos en intentar que el
artista suavizara la imagen del Cristo
hasta llegar a una figura «más esbelta,
estilizada, ágil, aérea y etérea», llena de
la luz de un Resucitado. Además, le
pidieron que incorporara una cruz, presente
en el proyecto y que el artista había
obviado.
Barceló hizo modificaciones
para incluir la cruz, pero, según han
confirmado a este periódico fuentes
solventes y cercanas al artista, «no ha
realizado ningún cambio» en la figura del
Resucitado que se está terminando de
instalar en la Catedral. Por tanto, sigue
siendo igual de «carnal y pesada» que como
la concibió originalmente el
mallorquín.
Llabrés, presidente de la
Fundación Art a la Seu -órgano gestor de la
actuación de Barceló en la Seu- no
profundizaba en esta circunstancia: «Si hay
que hacer cambios se harán sobre la figura
de Cristo ya colocada», sobre todo,
teniendo en cuenta que «el conjunto de los
miembros del Patronato no ha visto la
obra». Lo que tampoco ha especificado es de
qué modo podría 'retocarse' una obra que,
debido a su compleja instalación, lleva
seis meses de retraso con respecto a la
fecha inicialmente fijada para su
presentación.
Sin
dinero
En cualquier caso, Llabrés
recordó que la obra no terminará hasta que
esté «instalada y aceptada por el
arquitecto diocesano». Será entonces cuando
el artista reciba los 3,5 millones de euros
en los que se ha valorado su
trabajo.
Actualmente ya se han
colocado «tres cuartas partes» -faltan las
piezas de los puntos más altos- de los 300
metros cuadrados de cerámica con los que se
está recubriendo la capilla de Sant Pere
tomando como inspiración el sacramento de
la Eucaristía.
Por otra parte, la
Fundación Art a la Seu continúa buscando
financiación para la segunda fase de la
intervención: la creación de cinco grandes
vitrales para los que ya se han realizado
las primeras pruebas. Lo anunció el propio
Llabrés, al término de una reunión
ordinaria de la Fundación en la que el
Obispo de Mallorca, Jesús Murgui, fue
elegido presidente del patronato del que
forman parte el Obispado, la UIB, Fundatur,
el Consell y el Govern.
El coste de
las vidrieras asciende a un millón de euros
que la Fundación espera conseguir gracias
al patrocinio de grandes empresas o a la
aportación del Ayuntamiento de Palma,
cuestión sobre la que hay «apoximaciones»,
explicó. Sin embargo, el concejal de
Cultura, Rogelio Araújo, negó rotundamente
a este periódico la participación de Cort
en la Seu.
Barceló construirá los
cinco vitrales, de 12 metros cada uno, en
Tolosa. «No serán figurativos, sino luz
pintada. Una combinación de colores de
acuerdo con la cerámica» y adaptados a la
«luz de los países del Mediterráneo» hasta
crear un «aspecto propio para la liturgia»
explicó Llabrés.
En el contrato no se
especifica el plazo de finalización de esta
fase tras la que quedaría la creación del
mobiliario litúrgico que incluye altar,
candelabros, sitial presidencial, ambón,
sillas y bancos para los canónigos. En este
caso, el dinero no será un problema ya que
Barceló aceptó realizar el trabajo sin
remuneración alguna.