HENRY PINTO
POLLENÇA.- Ubicado en
el antiguo convento de los dominicos, las
dependencias del actual museo de Pollença
fueron construidas entre 1588 y 1616,
aunque no fue hasta 1836 cuando lo ocuparon
los frailes de la orden de Sant Domingo.
Desde entonces el convento ha sido
utilizado para diversas actividades, hasta
que en 1975 se convirtió en un centro
cultural. Además de acoger el Museo de
Pollença, en su conocido claustro se
celebra cada verano el más importante de
los festivales de música clásica de la
isla, el ya casi cincuentenario Festival de
Música de Pollença que instituyera el
violinista Philip Newman.
El nombre
de Pollença aparece ligado al mundo del
arte y en concreto de la pintura de un modo
muy especial desde los primeros años del
siglo XX. Por esos años llegaron
procedentes de París artistas consagrados
como Anglada Camarasa, Tito Cittadini entre
otros, que luego animarían a artistas de la
talla de Mir o De Creeft.
La
influencia de estos pintores se materializó
en la década de los años 60 con la creación
del Salón Estival de Pintura, en la
actualidad más conocido como Certamen
Internacional de Artes Plásticas, que con
varias décadas de historia ha ido
engrosando certamen a certamen el fondo del
Museo de Pollença.
Amplia
muestra
El museo cuenta con
diversas salas que engloban cuatro
colecciones: la de escultura y pintura de
la primera mitad del siglo XX, la colección
de Arte Contemporáneo, la sala del gótico,
la sala Atilio Boveri y la prehistórica.
En la primera de ellas también se
puede ver una manifestación artística poco
conocida en el mundo occidental. Se trata
del Mandala de Kalachakra realizado en
arena por los monjes budistas.
La
sección dedicada al arte contemporáneo
cuenta igualmente con un espacio dedicado a
los diferentes galardonados en el marco del
Certamen Internacional de Artes Plásticas.
La muestra se incrementa anualmente, tras
la puesta en marcha del evento, conocido
como «Salón Estival» y que dio sus primeros
pasos en 1962.
El protagonismo
mallorquín predomina entre las piezas
góticas reunidas en el convento, integradas
éstas en su mayoría por retablos y
esculturas. Durante esta época el soporte
de la pintura se cambia, pasando del mural
al retablo bien fuera en madera o piedra y
que combina al mismo tiempo pintura y
tallas. Progresivamente las tablas se
multiplican, lo que permite crear retablos
de grandes dimensiones con diversas
escenas.
La función del retablo
colocado en los altares mayores era la de
educar y decorar. El cambio de soporte
significó el cambio de técnica,
convirtiéndose el pintor en un verdadero
artesano al contar con ayudantes y
aprendices a quienes explicar las nuevas
técnicas. La obra de arte pasaba de este
modo a ser algo más que un mero fruto de la
inspiración y se veía envuelta en diversos
aspectos contractuales y compromisos. Desde
lo que debía aparecer en la imagen, hasta
el color a utilizar en ocasiones,
condicionaban en buena medida parte la
creación artística.
Esta mayor
seguridad económica por el contrario se
veía privada de un margen de libertad que
ahora se plegaba a las preferencia e
intereses de la parte contratante.
La colección Atilio Boveri es otro
de los espacios más singulares del Museo de
Pollença. Se compone de distintas pinturas,
esculturas, grabados, dibujos, cerámicas,
vidrio y mobiliario.
Para cerrar
nuestra visita podemos regresar a los
tiempos de nuestros ancestros. Echando un
rápido vistazo a la sala de Prehistoria
podremos disfrutar de la exposición de
restos funerarios pertenecientes a los
primeros habitantes de la isla.
La
muestra se completa con la exposición de
cerámica que se localiza en la planta baja.
Allí se pueden encontrar todo tipo de
enseres, menajes y todo tipo de recipientes
de uso doméstico, algunos de los cuales se
remontan al siglo XVII.