Es muy interesante lo que está
ocurriendo en el socialismo balear. Habrá
que seguir con atención su evolución y
desenlace que, a mi juicio, debería pivotar
en torno a dos ejes. Por un lado, recuperar
las auténticas señas de identidad de un
socialismo secuestrado por el sector
«pesemero» del partido, cuyas políticas,
sobre todo en materias lingüísticas, han
perjudicado con especial ferocidad a los
votantes naturales del PSOE. El rifirrafe
que está viviendo el PSIB tiene todas las
características de un «¡basta ya!» irritado
y «covado» durante varios años.
Por
otro lado, hay un punto que, por la cuenta
que nos trae a todos, debería solventarse
con esta crisis. La experiencia del Pacte
fue catastrófica para la izquierda que
perdió una oportunidad histórica de
configurarse como una alternativa solvente.
En lugar de «tomar la Bastilla» y pelearse
con todo el mundo, lo inteligente -para
ellos- hubiera sido protagonizar un «cambio
tranquilo» que no asustara, ni entonces ni
de cara al futuro. Es cierto que la corte
de jenízaros mediáticos azuzaron y
palmearon los radicalismos y las rupturas,
pero la responsabilidad última
correspondió, esencialmente, a los
protagonistas políticos y, entre estos, al
ala nacionalista representada por
Antich y compañía.
No son
líderes tipo Antich, sino tipo
Mesquida, los que deben surgir de
esta crisis. Menos rencorosos, más
educados, más inteligentes y más atentos y
comprensivos con la realidad
socio-económica balear. Necesitamos una
«alternativa tranquila» al PP. Y no la
tenemos.