M.A. RUIZ
Todos daban por seguro
que Jaume Matas sería llamado a formar
parte de un hipotético Consejo de Ministros
presidido por Mariano Rajoy. Pero la
inesperada victoria electoral de José Luis
Rodríguez Zapatero, provocada en buena
medida por la conmoción de los atentados
del 11M, le obligó a cambiar el
guión.
Mientras en Baleares el PSOE
de Antich lograba empatar a cuatro
diputados con el PP, Matas se veía
atrincherado en el Govern, condenado a
entenderse con el Gobierno de Zapatero para
conservar hasta el último euro de inversión
prometido por Aznar. Demostrando una vez
más su habilidad para mantener la
iniciativa, Matas ha logrado dar la vuelta
a la situación planteando una estrategia
reivindicativa sin tregua, destinada a
sacar el máximo beneficio para Baleares
pero también a poner en evidencia las
contradicciones internas de los
socialistas.
El primer acto se
desarrolló el 25 de marzo en el Consolat de
Mar. Matas recibió al secretario general
del PSIB, Francesc Antich, y le sorprendió
con una inesperada propuesta para
consensuar el plan de carreteras: el Govern
renuncia a construir durante esta
legislatura la polémica autovía
Inca-Manacor, a cambio de que Zapatero
respete el resto de proyectos previstos e
invierta 180 millones de euros más en la
red viaria de Baleares.
La primera
consecuencia de esta oferta fue poner de
manifiesto la nula capacidad de
interlocución de Antich ante el Gobierno
central, en el que sólo el ex conseller de
Hacienda Joan Mesquida ha logrado ocupar un
puesto ejecutivo destacado, el de director
de Infraestructuras de la Defensa a las
órdenes del ministro José Bono.
A
partir de ese mismo momento, la estrategia
del PP ha sido poner al PSOE contra las
cuerdas instándole a cumplir hasta el
último de sus compromisos electorales. La
consellera de Obras Públicas, Mabel Cabrer,
espera que el Gobierno de ZP no pierda ni
un minuto en aumentar hasta el 50% el
descuento de residente y ampliar la
declaración de servicio público a los
vuelos de la Península, fijando una tarifa
máxima de 58 euros en los enlaces
interinsulares.
En una partida
múltiple de ajedrez, la vicepresidenta Rosa
Estaràs ha reclamado al ministro de
Administraciones Públicas, Jordi Sevilla,
que convoque las comisiones mixtas para
desarrollar íntegramente el Régimen
Especial de Baleares (REB). El otro gran
frente de batalla, la financiación
autonómica. Paralelamente, Matas da la
batalla para exigir que la nueva
Constitución europea reconozca la necesidad
de establecer compensaciones a la
insularidad.
Durante el debate sobre
el Estado de la Comunidad, el president
Jaume Matas ya anunció que anunciaría al
nuevo Gobierno resultante de las elecciones
del 14M que incremente el presupuesto
destinado a la enseñanza y la sanidad
pública de Baleares, atendiendo al
vertiginoso crecimiento de la población
registrado durante los últimos años.
Durante el Consejo de Política Económica y
Fiscal celebrado el pasado jueves, el
ministro Pedro Solbes echó balones fuera y
no quiso contraer ningún compromiso al
respecto.
En su intervención ante el
Club Siglo XXI de Madrid, Matas planteó
otra declaración de principios: si Cataluña
«abre el melón» de la financiación
autonómica y la reforma de su Estatuto,
Baleares no se quedará atrás. El president
cree que ha llegado el momento de cumplir
esta advertencia.
Las tensas
relaciones con la Geleralitat catalana
vivieron su apoteosis el 7 de mayo. Tras
almorzar con Pasqual Maragall, Matas le
arrancó un tibio apoyo al cable submarino
con la Península y anunció la ruptura del
Instituto Ramon Llull, ante la falta de
acuerdo sobre su nuevo director.