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  Martes, 25 de mayo de 2004 Actualizado a las 01:31
 

ELECCIONES 25M / HOY HACE UN AÑO
25M: hoy hace un año que el ‘hijo pródigo’ volvió al Govern balear

Matas comenzó hace 365 días a conquistar inversiones millonarias para Baleares y a recuperar el pulso de la economía

  A D E M A S
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M.A. RUIZ

PALMA.- La noche que Eivissa dio la mayoría absoluta a Jaume Matas, el Pacte de Progrés se vino abajo como un castillo de naipes y Francesc Antich hizo amago de dimitir, por primera vez, como secretario general del PSIB.

Hoy se cumple un año de las elecciones autonómicas y municipales del 25M, en las que Baleares decidió pasar página. La estrategia diseñada por Aznar había funcionado al milímetro: Matas desembarcaba en Baleares tras concluir su singladura como ministro de Medio Ambiente para reconquistar el Govern, poniendo fin a la era del Pacte.

Se iniciaba así una nueva etapa en la Comunidad autónoma, en la que el Ejecutivo de Matas ha intentado reactivar el pulso de la actividad económica, ha apostado por el bilingüismo, ha emprendido una carrera contra reloj para captar inversiones millonarias del Estado y ha recuperado proyectos que nunca llegaron a despegar con el Pacte, como el de la televisión autonómica.

Durante la noche del 25M, el principal interrogante no fue qué partido ganaría las elecciones, sino si el PP conseguiría la mayoría absoluta para gobernar en solitario o si, a falta del escaño decisivo, la Unió Mallorquina (UM) de Maria Antònia Munar volvería a tener la llave del Ejecutivo balear.

El PSOE no despega

Al final, las Pitiüses inclinaron la balanza. El PP mantuvo su representación en Mallorca y Menorca (la única isla en la que conseguirían formar gobierno los socialistas, gracias a un pacto con el PSM), pero los dos diputados adicionales obtenidos en Eivissa y Formentera permitieron a los populares rebasar el listón de la mayoría absoluta, situado en 30 escaños.

Ya convertido en virtual presidente, Jaume Matas se mostraba «abrumado por la histórica confianza» que los ciudadanos de Baleares habían depositado en su partido y se comprometía a gobernar «no en contra de nadie, sino a favor de todos». El PSOE lograba un tímido crecimiento de 13 a 15 diputados. Pero la torpe gestión del Pacte, el escoramiento de Francesc Antich hacia posturas nacionalistas y las concesiones a los partidos minoritarios habían conducido al PSOE a un callejón sin salida.

En lugar de plantar batalla al PP entre el electorado de centro, los socialistas tenían que conformarse con arrebatar un escaño al PSM en Mallorca y otro a Esquerra Unida (EU) en Menorca. Se fraguaba una crisis que, a fuerza de negarse a abordarla, ha estallado ahora cuestionando el titubeante liderazgo de Antich.

UM no se lo piensa

Esquerra Unida-Els Verds se quedó sin representación en las Islas menores, mientras que el PSM cosechó su peor resultado desde 1995. En las elecciones municipales, el resultado no fue menos contundente: el PP logró doblar al PSOE, tanto en votos como en número de concejales electoral. En el conjunto de las Islas, el PP obtuvo 179.458 votos y 366 ediles, frente a los 95.754 sufragios y 170 concejales socialistas. Joan Fageda entregaba el testigo a Catalina Cirer, convertida en la primera alcaldesa en la historia de Palma.

Aunque el apoyo de Unió Mallorquina ya no era imprescindible para formar Govern, Matas prefirió tener a este partido por aliado. El PP entregó a Munar el gobierno del Consell de Mallorca, a cambio de destronar a la incombustible Margarita Nájera de la alcaldía de Calvià. El acuerdo entre ambos partidos, sellado el 17 de junio y especialmente mimado por Matas para evitar la imagen de permanente desencuentro que ofreció el Pacte, ha dado otros importantes frutos como el nuevo plan de carreteras, que ha permitido recuperar las inversiones que permanecieron congeladas durante la pasada legislatura. El proyecto más polémico ha sido, sin duda, la autovía Inca-Manacor.

En su primera entrevista tras la victoria electoral, el president Matas anunció a EL MUNDO/El Día de Baleares el 27 de mayo su intención de iniciar cuanto antes la tramitación parlamentaria para derogar la ecotasa. El Parlament sepultó definitivamente el impuesto turístico cinco meses después, el 21 de octubre. El conseller Joan Flaquer recuperaba el diálogo con el sector y con los mercados europeos, convirtiendo al actor Michael Douglas en la nueva imagen exterior de Baleares y poniendo las bases para desarrollar una gran operación de esponjamiento en el Arenal de Llucmajor.

El 1 de julio, mismo día que el nuevo gabinete de Matas juraba el cargo, el conseller del Interior José María Rodríguez anunció su compromiso de que ningún funcionario sea discriminado por no saber catalán. Toda una declaración de intenciones a favor del bilingüismo que ha tenido su máxima expresión en el paquete de medidas anunciado por el conseller de Educación, Jaume Font, para que los padres puedan elegir la lengua en la que sus hijos se van a iniciar en la enseñanza.

Los sectores más nacionalistas declaraban la guerra al PP y los profesores de la Junta Evaluadora de Catalán (JAC) ponían en jaque a la Conselleria negándose a corregir los exámenes realizados por cientos de personas para obtener el certificado oficial. La política urbanística se ha convertido en el tercer gran frente de batalla del Govern.

El Parlament aprobó el 18 de noviembre, con los votos del PP y Unió Mallorquina, una modificación de las Directrices de Ordenación Territorial (DOT) que levanta la moratoria de campos de golf en Eivissa, permite construir viviendas unifamiliares en las áreas naturales de esta Isla, así como urbanizar las franjas costeras colindantes con otras zonas edificadas.

Sin campo de polo

El PP tuvo que renunciar a autorizar el campo de polo de Es Trenc, tras conocer que el Pacte de Progrés había indemnizado a la empresa promotora con 1 millón de euros sin exigir a cambio que renunciara al proyecto. A través del Plan Territorial de Mallorca, Govern y Consell decidieron dar luz verde a tres proyectos alternativos para Campos: la clínica termal de Sa Font Santa, el campo de golf de Son Baco y el desarrollo de 400 plazas hoteleras en Sa Ràpita.

En una incansable negociación con el Gobierno de Aznar, Matas lograría arrancar compromisos multimillonarios del Estado: desde el tendido del cable eléctrico con la Península -el Pacte sólo quería el gasoducto- hasta el convenio para invertir 94 millones de euros en las costas o el plan de residencias sociales, que supondrá otros 50 millones.

 
   
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