El Consejo de Administración actúa desde
la sensatez cuando echa el ancla a la caja
de caudales y defiende una política de
austeridad que garantice al Mallorca la
viabilidad económica en la categoría. Sólo
desde una actitud espartana se evitará la
ruina en la que ya se encuentran la mayoría
de clubes de Primera División, muchos de
ellos en estado de quiebra
técnica.
Desde ese punto de vista la
decisión de mantenerse firme en la oferta
que se le ha planteado a Luis Aragonés es
correcta. Sin embargo, más allá del
pragmatismo del presidente y de los
directivos subyace una segunda lectura. No
estamos hablando de un entrenador
cualquiera. El nombre que está sobre la
mesa es el de Luis Aragonés, al que los
números acreditan como el técnico más
importante en la historia del fútbol
español. ¿Merece Luis un esfuerzo
extraordinario? ¿Merece Luis la excepción
que confirma la regla? Seguramente
sí.
Las posturas de ambas partes son
estrictamente lícitas. El entrenador
defiende el sueldo que cree que se merece y
que le dan multiplicado incluso por dos en
otras partes. Y el club se agarra a su
realidad económica para justificar su
última oferta, que está todavía muy lejos
de lo que pretende el «Sabio». A estas
alturas de la película, resulta imposible
aventurar un veredicto. Alemany y Navarro
seguirán hoy las negociaciones sin que
aparentemente ninguno de los dos muestre
indicios de querer soltar lastre. Y si eso
sucede está claro que Luis no seguirá en el
Mallorca.
Poner punto y final a su
segunda etapa en la isla significa cerrar
para siempre la puerta de un tercer
regreso. Si Luis se siente poco valorado
nunca volverá a escuchar una oferta
mallorquina. Porque así es Luis. En este
caso ha antepuesto el dinero a la
satisfacción personal y profesional de
continuar un año más en la isla, pero ha
puesto un tope y no va a ser fácil que lo
rebaje todavía más. Hoy no tiene sentido
mencionarlo porque podría dar la impresión
de ser una maniobra de coacción al Consejo
de Administración, pero sobre la mesa del
representante del entrenador está una
oferta de un equipo que le garantiza dos
años de contrato a dos millones y medio de
euros libres de impuestos por temporada.
Luis lo sabe y de momento le ha dicho a
Navarro que lo pare. Porque quiere seguir
en el Mallorca.
Por supuesto que
entiendo la postura del Consejo de
Administración. Por eso he empezado así
este artículo. Pero desde la modestia de
esta tribuna invitaría a los directivos a
reflexionar sobre el verdadero valor de
Luis Aragonés y de lo que puede ofrecerle
al Mallorca. Con Luis está garantizada la
Primera División. A poco que le den (y este
año, más allá de Eto'o, la verdad es que no
ha tenido mucho) saca petróleo. El final de
temporada del equipo ha sido el mejor de
toda la categoría, y si la Liga dura dos
semanas más incluso le mete en la Copa de
la UEFA.
¿Ha reflexionado el Consejo
sobre lo que costaron en el pasado las
apuestas de Bernd Krauss o de Jaime
Pacheco? ¿Cuánto deberá pagar el Mallorca
si se marcha Luis y el sustituto no está a
la altura de lo que se espera? El tópico de
que lo barato es muchas veces caro es aquí
de obligado cumplimiento. Quizás la apuesta
de un entrenador económico y desconocido
(¿Manolo Preciado?) salga bien, pero sin
duda todos admitirán que es un salto al
vacío sin red, mientras Aragonés asegura
estabilidad y en cierta medida incluso
buenos resultados.
En su tesis los
poderes fácticos del club defienden que la
inmensa mayoría de entrenadores de Primera
División, salvo los de los equipos grandes,
cobran entre 400 y 700.000 euros. Aquí
estamos hablado de 1.100.000 euros, que es
el tope hasta el que rebajaría Luis
Aragonés. El Mallorca llega casi hasta el
millón de euros. La diferencia parece poca,
y acabar así una relación en la que ambas
partes están de acuerdo es casi como
desafiar al destino. Que las dos partes lo
consulten con la almohada, pero que, por el
bien del club, haya fumata blanca.