MIQUEL A. FONT
El grupo
parlamentario socialista en el Congreso de
los Diputados no ha respetado la condición
de Francesc Antich como ex presidente de
comunidad autónoma y le ha relegado a la
última fila del hemiciclo.
Un síntoma
que muchos en el PSIB interpretan como un
castigo de la dirección federal por el
engaño al que ha sometido, durante un mes y
medio, tanto a Zapatero como a sus
compañeros del partido en
Baleares.
El viernes 2 de abril todos
los diputados electos tomaron posesión de
sus cargos en el Congreso. En aquella
sesión constituyente aún no existía el
nuevo Gobierno y el banco azul lo seguían
ocupando el presidente en funciones José
María Aznar y sus ministros, también en
funciones. Los diputados que repetían cargo
ocuparon sus escaños y a los novatos se les
fueron asignado al azar los escaños vacíos.
A Francesc Antich le tocó en suerte
sentarse en la segunda fila y, más
concretamente, en el escaño que ocupó el ex
presidente del Gobierno Felipe González en
la pasada legislatura. Tras el nombramiento
del nuevo Gobierno, el martes se procedió a
la redistribución de los escaños. La
dirección de cada grupo parlamentario ha
organizado la asignación definitiva de los
escaños, de tal suerte que el PSOE ha
colocado en el asiento que ocupó González a
un alto cargo del nuevo Gobierno, enviando
a Francesc Antich al gallinero, en
la última fila y junto a una
pared.
Con este cambio, la dirección
del PSOE no ha respetado la practica
habitual de conceder un lugar de
preferencia en el hemiciclo a los diputados
que han sido presidentes de comunidad
autónoma. Nunca la última fila,
tradicionalmente reservada a los novatos y
los diputados rasos.
Además, es
práctica habitual del PSOE que, tras los
miembros del Consejo de Gobierno, ocupen la
segunda fila la dirección del grupo
parlamentario y se coloquen en la tercera
los miembros de la Ejecutiva federal, de la
que Antich es miembro.