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EL MUNDO OPINA
Cuanto antes, mejor
Es evidente que la siniestralidad en
nuestras carreteras ha devenido
insoportable, constituyéndose en uno de los
problemas más serios que tenemos. Las
estadísticas son reveladoras, no sólo al
batir, en lo que llevamos de año, todos los
récords, sino en la progresión que vienen
mostrando desde hace ya varios años. El
«qué hacer» para acabar con esta macabra
sangría es, por supuesto, lo primero que se
plantean, tanto la sociedad como las
autoridades responsables. Y, también por
supuesto, no hay una respuesta única al
problema, pero sí dos concausas bastante
claras: la inadecuación del sistema viario
a las intensidades medias que soporta y la
imprudencia de los conductores. Lo primero
es, técnicamente, de una obviedad
abrumadora, con el añadido de que unas
carreteras adecuadas «absorben», si se nos
permite la expresión, buena parte de las
conductas temerarias, rebajando la
siniestralidad. La imprudencia, por su
lado, exige medidas bastante obvias:
incremento de la vigilancia y su
consecuencia, la aplicación de las duras
sanciones que las conductas irresponsables
merecen. En este sentido, la generalización
de radares en nuestros sistema viario que
se anuncia es una buena noticia que
previsiblemente tendrá importantes
consecuencias en una menor siniestralidad,
dado su comprobada función disuasoria. Lo
que hace falta es que se instalen cuanto
antes.
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